La habitación pequeña

21 mayo 2019

Ismael vivía en una habitación pequeña, llena de cómics, películas y libros. con todos sus tesoros construía castillos en los que esconderse.

En su mundo siempre sonaba algo de música, se podía tumbar mirando el cielo del techo, rodeado por sus amigos imaginarios.

Mas allá de la puerta, el resto de piso, era un lugar frio en el que convivir. Zonas comunes en las que tenías que desordenarlo todo de un forma exacta, para que nadie tropezase con nada.

El día en que cumplió cuarenta años, como si la vida se transformase, llegaron un montón de desconocidos a despedirse, cada uno con un regalo absurdo, algo que ya no cabía en su madriguera.

Tendría que desprenderse de algunos de sus tesoros para hacerle un sitio a un pisapapeles horrible, tarjetas y camisetas en las que se leía “demasiado viejo para la vida.”

Buscó algún rincón en desuso, quiso colonizar espacios comunes y al final tomo la decisión más acertada. Se deshizo de todo lo que le habían regalado, agradeciendo que fueran cosas tan inútiles que no le supusiera ningún problema el no quererlas.

-Ojala siempre me regaléis estas mierdas- les dijo antes de que la última persona, que llevaba veinte años sin ver, saliera para siempre de su vida.

LaRataGris

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Recuerdos salvajes

7 mayo 2018

Frágil, como una muñeca de porcelana demasiadas veces reconstruida, su mente sobrevivía colgada de un fino hilo a punto de romperse.

Cualquier cambio era, para Oscar, un choque de trenes sin supervivientes.

Se había machacado durante tantos años, hasta convertir su cabeza en una gelatinosa papilla que a duras penas servia para mantenerlo con vida.

Su mejor amigo, Alberto, le había acompañado por el mismo camino de autodestrucción. Sorprendentemente aún podía articular alguna palabra.

Él, Oscar, intentaba ser su apoyo, aunque también estaba para que le diesen una muleta.

Los días pasaban recordando los años salvajes; repletos de inmortalidad, los buenos viejos tiempos a los que no había forma de regresar.

-Somos una carga que no se divierte. Se decían con la mirada- ¿qué sentido tiene la vida estando muertos?

Oscar limpió los labios agrietados de saliva seca. Esta vez esperaba acertar con la dosis, desde luego la comida sabía a rayos, una buena señal para dejar de ser un peso muerto.

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cucarachas salvajes


ACABemos con la ley mordaza

14 marzo 2018

ACABemos con la ley mordazaMis cosillas por aquí: Comic Square o en Payhip


Democracia participativa ya

26 junio 2016

Democracia participativa ya


La ciudad en rebajas

29 julio 2013

La ciudad engalanada, vestida de alegría y fiesta mientras, la gente pequeña que la habita, se le pudren las entrañas. Es un exquisito cadáver de cuerpo aparente viviendo el futuro de este presente muerto, una fulana en rebajas para poder comer de limosnas.

– Que mis esclavos- dice por boca de su alcalde- trabajen por menos, hasta que desaparezca el día y se funda la noche. Sed serviciales con los compradores extranjeros.

De distintos países empiezan a llegar vivos atraídos por la carroña promocionada. Picotean sin descanso hasta que no queda nada para la pobreza autóctona, unicamente sus microtrabajos de sueldos ridículos. Se cuentan por millones los asalariados que no tienen ni para sobrevivir. Trabajan sin vida, sueñan sin imaginación, siempre con la exigencia de saber más.- chapurree ingles, aprenda ruso, conozca el noruego y el francés o alemán…. Estudie lenguas pero no la de los inmigrantes, esos que se integren. De más por menos.

LaRataGris


Antonio solo enfermo

22 agosto 2012

Antonio fue un enfermo ilustre. Un muerto desganado del hacer, con la fama suficiente como para que no importase su apatía. Jamás sería un paria, -los despojos no tienen su sensibilidad ni su delicadeza al cantar con la voz rota-. Podía vivir de recuerdos, de amigos que no se iban ni en los momentos bajos en los que todos son una puta mierda- DEJADME MORIR EN PAZ -. Se quedaban incluso cuando su cuerpo quebradizo solo se podía mover para conseguir un poco de tranquilidad. La gente se acercaba como en una procesión queriendo elevar a su mártir. Movían sus piernas en la dirección correcta, rezando por que el roce desprendiese un algo de esa genialidad que se marchó al elegir suicidarse en cada risa, en cada fiesta.

-Antonio- le susurraban los otros muertos- ¿cuando vienes?- y siempre respondía tarde y-mas tarde, cuando nadie me aguante.

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Olvidando sus penas

9 febrero 2012

Olvidando sus penas