El pueblo dormido

20 junio 2011

Tuvimos que estar dormidos para poder despertar en este mundo imperfecto. Soñábamos cualquier palabra amable y sonreíamos si nos prometían tranquilidad, protección, ayuda… no decíamos nada por qué teníamos miedo de esa pobreza que nos perseguía.- Siempre hay alguien peor- y esa era la excusa para no desobedecer. Nosotros mismos eramos soñadores del sistema, voceros de sus logros. Hablábamos de sus lujos mientras ignorábamos a las clases bajas por miedo a contaminarnos con sólo mirarlos.

De repente caímos sin darnos cuenta. El gobierno seguía siendo optimista y las palabras no dejaban lugar a dudas,- todo va bien-. Pero el sueldo desparecía mucho más rápido o simplemente no estaba. Con más miedo que antes apartábamos la mirada de los barrios marginales, buscábamos algún rincón a salvo de aquella crisis inexistente y sólo gritamos cuando ya no había ningún lugar en el que escondernos. Eran amigos, familiares, conocidos,… poco a poco todos íbamos convirtiéndonos en parados primero, pobres después…teníamos hambre y tuvimos que despertar a la fuerza.

Ahora ellos, que se han quedado dormidos en sus sillones, tienen miedo de nosotros. Saben que somos más, que con cada nuevo recorte aumentan nuestras filas y no pararemos hasta que todos seamos igual de ricos, igual de pobres…

LaRataGris


Tiempo de siembra.

8 mayo 2011

Apenas juntaron un poco de nada, un algo de insignificancia, menudencias y boberias, una montañita minúscula. Llegaba a la altura de un tobillo y en ella estaban los ahorros de todo el pueblo, su promesa de comida, las semillas de mañana.

Cada cual cogió con mimo la proporción adecuada para su familia, la plantó, cultivó y esperó… cada persona se sentó a verlas crecer. Todos menos el usurero. Contaba sus ganancias, sus castillos de dinero no cabían en una sola habitación, se multiplicaban hasta donde alcanzaba la vista. Que listo había sido al cambiar cuatro puñados de granos por todas aquellas riquezas que jamas se agotarían.

Llego el tiempo de la vida, del florecer y las semillas se habían extendido por todo el valle. Sus plantas colonizaban cada rincón, daban frutas, verduras y nuevo simiente para la siguiente cosecha. Dejaron de depender del avaro, construían sus vidas del esfuerzo propio, intercambiaban lo que les sobraba y sólo les faltaba dinero, aunque ya no era necesario para tristeza del prestamista.

LaRataGris