Caminar libre

12 febrero 2018

No ha pasado ni un sólo día en su vida en el que Fermin halla sido libre. Aunque el se sintiese capaz de hacer cualquier cosa que quisiera lo cierto es que estaba atrapado. Era una prisión amplia, en la que no se veían los barrotes, en la que el mismo se condenaba a no salir de su pequeño mundo. Si hubiese decidido alejarse se hubiese topado en algún momento con alguna pared.

Por había sido tan importante el cambio- Esta es tu celda- delimitaron sus cuatro paredes, le mostraron la realidad y ahora él, consciente, podía trazar un plan con el que huir.

Se sentó en un rincón oscuro. Su cabeza bullía de ideas locas y estúpidas. La venda había caído, él buscaba la manera de volver a colocarla, tras tantos años preso podía intentar levantarse pero prefería el engaño.

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Solitarios

12 octubre 2017

Lentamente fue tranquilizándose. se sentó en el suelo y le pidió a su corazón un poco de calma.

-¿Estas bien?- era como un maniquí sin rostro, inexpresivo, carente de emociones. Le sorprendió que aquel “objeto” fuese lo único que se preocupase por él

-Si- le respondió con el rostro deformado aún por el terror-¿Qué era eso?

-No lo se- el maniquí caminó por la pequeña habitación hasta que estuvieron pegados , algo no muy difícil en aquel cuchitril. Con movimientos mecánicos empezó a acariciarle el pelo, intentando espantar los malos pensamientos.- Yo he llegado como tu, sin saber ni el como ni el por qué. Pero ya he aprendido a no preguntar y quedarme en mi sitio. De tanto en tanto traen comida, a veces aparece alguien como tú, huyendo de él, relajate y el tiempo en el que sobrevivas estarás más contento. Ven, aquella esquina es la mejor donde estar.- Su dedo señala un recoveco en el que la oscuridad oculta sangre seca, huesos humanos y un hacha- Allí es donde preparo la comida que me traen, allí es donde despiezo la carne fresca. El amo siempre provee si no te quejas. Ven, seras feliz mientras estés vivo

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Guerreros cojos

21 noviembre 2016

-Este- señalo el teniente la masa de cables y tuercas- Este, es nuestro nuevo soldado.

Para el señor Code era importante utilizar términos militares. El creía firmemente que así su equipo, su unidad de combate, lo respetaría mucho más.

– Puede disparar mil hamburguesas perfectamente condimentadas en menos de un minuto. soldado Ramírez- Mario se cuadro mientras veía acercarse al pequeño Code con aire marcial- Soldado tiene usted el privilegio de abandonar la primera línea de fuego, sus servicios ya no son necesarios. Nuestro nuevo recluta le permite licenciarse con honor.

-Pero- Balbuceo como el crio que era- ¿Qué voy a comer ahora?¿Cómo alimentare a mis niños?

-Tranquilícese soldado- le zarandeo sin miramientos- Como veterano de esta guerra siempre tendrá un pequeño descuento para usted y los suyos en nuestra deliciosa carne p¡cada. La patria nunca se olvida de los hijos que han estado dispuestos a morir por ella.

con ceremoniosa parsimonia se saludaron utilizando su mano de visera.

-Señor

-Soldado- Y se marchó a la muerte por inanición, orgulloso del deber cumplido.

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El hombre inculto

18 agosto 2014

Javir de nada sabía, unicamente de su vida. Había cuantificado las veces que se había despertado desde mil novecientos setenta y siete, lo que le gustaba comer estaba anotado en la lista de la compra semanal, su trabajo mecánico le obligaba a desconectarse el domingo para no repetir las mismas acciones en un escenario distinto y soñaba con patos salvajes, aunque esto último no sabía bien bien que significado tenía, por mucho que no dejase de repetirse.

El hombre inculto no sabía de los tejemanejes de la audiencia, el miraba sus programas favoritos, no leía libros, revistas o propaganda con más de dos palabras. Se movía por inercia por sus lugares conocidos y era feliz así. Aunque también era cierto que no le gustaba trabajar, ni lo de comer pescado cada martes, a pesar de que los malolientes peces fueran un alimento tan importante para su salud. El hombre inculto había comprendido que la cultura no le libraría de lo que no soportaba y por eso mismo no era una de sus prioridades. Pero, aún sin importarle, aprendió a sumar para que no le dieran mal el cambio, a escribir para poder firmar de forma reconocible y a leer para saber quien ofrecía contratos poco fiables. De esta manera siguieron equivocándose en lo que le sobraba, continuo firmando sin leer y le timaron en la factoría, no había cambiado nada excepto su forma de pensar. Una lógica le llevo a otra hasta verse estudiando por el placer del conocimiento- no voy a conseguir nada- se repetía constantemente. El hombre inculto hizo varias conexiones, sus neuronas se abrazaban para que el hombre culto fuese un esclavo de una mente libre y brillante. Nada cambiaba aunque ahora tenía alas, era imparable

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Lobo feroz ( revisitando caperucita roja)

31 agosto 2011

Los lobos no tenemos nombre, nos acompañan adjetivos que nos definen e intentan diferenciarnos a los unos de los otros. Somos salvajes, sanguinarios, voraces, brutales y crueles entre otros muchos miedos. Pero nos cuelgan el apellido y luego nos confunden entre todos. Yo soy el lobo feroz, en realidad uno de tantos, y esta es la historia de siempre, mi leyenda. Se ha contado tantas veces, se ha hablado tanto de ella, que ya ha dejado de ser verdad. Son habladurías, estupideces, cuentos para antes de ir a dormir.

Caperucita era una presa fácil, tan roja en mi bosque de marrones y verdes. Se paraba a cada instante a mirar las nimiedades de las flores, cantaba y silbaba como si provocase mi hambre… yo tenía tanta que me la hubiese comido de un solo bocado, aún así fui paciente. Espere mi turno, a tenerla en casa de la abuelita, alejada del camino y del cazador. Me creí muy listo pero ella lo fue más. Todo aquel mostrarse, el llevarme por la senda de las prisas me dejo a merced del trampero. Ella fue el cebo y yo mordí sus tiernas carnes llenas de veneno. Cuando me quise dar cuenta estaba en una jaula, en dirección a un zoo en el que exhibir mi ferocidad. Allí me convertí en el malo.

Mi estomago seguía rugiendo por que le diera algo y los niños estaban lejos y apetitosos. Sus madres les advertían sobre mi, me provocaban tras las rejas sin acercarse lo suficiente.

Aquella historia me había hecho tanto daño, la había escuchado tantas veces que empecé a asumirla. Lloraba cada vez que intentaba cazar algo. No importaba la trampa que me habían tendido, las mentiras que contasen para justificarse. Yo las conocía y aún así me sentía culpable por necesitar comer. Les pedí que me atasen, que me lanzasen en una bolsa, con el estomago lleno de piedras, a un río profundo para no tener que seguir sufriendo. Pero mi pena no era importante, ellos seguían necesitando un enemigo sobre el que contar sus victorias y volvieron a alimentarme…

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El pueblo dormido

20 junio 2011

Tuvimos que estar dormidos para poder despertar en este mundo imperfecto. Soñábamos cualquier palabra amable y sonreíamos si nos prometían tranquilidad, protección, ayuda… no decíamos nada por qué teníamos miedo de esa pobreza que nos perseguía.- Siempre hay alguien peor- y esa era la excusa para no desobedecer. Nosotros mismos eramos soñadores del sistema, voceros de sus logros. Hablábamos de sus lujos mientras ignorábamos a las clases bajas por miedo a contaminarnos con sólo mirarlos.

De repente caímos sin darnos cuenta. El gobierno seguía siendo optimista y las palabras no dejaban lugar a dudas,- todo va bien-. Pero el sueldo desparecía mucho más rápido o simplemente no estaba. Con más miedo que antes apartábamos la mirada de los barrios marginales, buscábamos algún rincón a salvo de aquella crisis inexistente y sólo gritamos cuando ya no había ningún lugar en el que escondernos. Eran amigos, familiares, conocidos,… poco a poco todos íbamos convirtiéndonos en parados primero, pobres después…teníamos hambre y tuvimos que despertar a la fuerza.

Ahora ellos, que se han quedado dormidos en sus sillones, tienen miedo de nosotros. Saben que somos más, que con cada nuevo recorte aumentan nuestras filas y no pararemos hasta que todos seamos igual de ricos, igual de pobres…

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Oasis

27 abril 2011

Pisando islas desiertas aprendí a convivir con mi soledad. A estar callado y a la vez escuchar el ruido de mi cabeza. Inventé mundos de mis estados, los poblé con euforias, alegrías, calmas y tristezas. Me entendí fuera de la vida, ajeno a la gente. Lo que pensaba sin tener que aplicarlo, en la excusa perfecta de un paraíso construido para mi, a mi imagen. Salía sólo para comer, para mal ganarme la vida y poder mantenerme al margen de todo.

Estar fuera era una pesadilla. Las palabras no tenían ningún valor. Necesitaba traicionarme para que nadie me delatara, para poder seguir volviendo a mi oasis.

De repente necesite ser yo mismo veinticuatro horas al día, dejar de fingir y saber que no me engañaban las sensaciones. Apague la luz de la mentira, cerré las puertas y me prometí que jamás volvería a encerrarme en una jaula de oro demasiado costosa y artificial. Cambiaría la realidad aunque fuese imposible.

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