Adicta

31 octubre 2023

Lo que más le costaba de empezar una y otra vez era el nuevo grupo que siempre se encontraba. Presentarse, explicar su puta historia y recibir el apoyo a través de las mismas frases manidas de siempre.

– Ojalá -pensaba- esta sea la última vez.

Pero tenía una facilidad pasmosa para recaer en los viejos vicios.

– Creo que han sido dos semanas sin meterme nada pero, un día, hace dos días, tuve una caída, un día de meterme todo.

José asentía comprendiendo las palabras, las compartía. El ya era uno de los habituales, la única cara conocida en esta sesión.

Los otros irían volviendo.

Pocos conseguían quitarse para siempre y, de no ser así, aparecía gente nueva: nuevos vicios; el grupo nunca era pequeño.

Un abrazo colectivo, una ronda de ánimos, de explicar cada avance; los muchos retrocesos.

Su vida era levantarse y volver a caer: una rutina a la que sin darse cuenta se había vuelvo adicta.

LaRataGris


Los vicios del comer

28 abril 2023

Que


Un día sin pan

13 noviembre 2012

Tenía su cajita de puros, un buen vino a la hora de comer y la sonrisa de dormirse viendo un trepidante partido de fútbol. Pocas piezas más necesitaba su vida. Dejar que el puzzle encajase a su manera, así era feliz: no preguntaba, no se quejaba aunque a su alrededor lamentase como ivan cayendo los amigos. Parados, en ere, recolocados, en el mejor de los casos, en un trabajo de mierda siendo mierda… les consolaba, abrazaba y asentía sus penas sin que realmente fueran con el. – tengo tabaco- pensaba- alcohol y deporte. Yo estoy cubierto si me se comportar. Esta todo calculado-. Todo implicaba no protestar, cumplir con sus horas y saber decir amén cuando la situación lo requería. Había planificado su sueldo, cada céntimo tenía un lugar exacto, su vida se había construido siguiendo las directrices homologadas, las ideas adecuadas. Sus respuestas fueron las de un cualquiera ¿tienes frío?- solo en invierno- ¿ bailas?- hasta con la más fea- ¿y la huelga?- no me la puedo permitir.- Dos paquetes de tabaco, una botella y las entradas para uno de sus grandes eventos eran demasiado, necesitaba todo aquello para soportar una rutina descorazonadora. Un día queriéndose era mucho más de lo que podía soñar,- no puedo permitirlo, no puedo- y, sin embargo, tanto repetírselo era un síntoma de lo mucho que lo necesitaba: por no cobrar lo suficiente, por la escasa libertad al decidirlo.

LaRataGris.