Placebo de un día
1 mayo 2008El pedo de su majestad
30 abril 2008Aunque al principio nadie pareció darle importancia, la verdad es que la noticia había trastocado la vida en aquel humilde barrio. Lxs pobres comenzarón a engalanar sus chabolas con banderines, llenaron el suelo con confetti de colorines para que el rey, que había prometido ir, se sintiese como en una hermosa fiesta organizada para él. No importó que las banderas estuvieran descoloridas por el Sol de tanta celebración a sus espaldas, ni que los papelitos esparcidos perdieran enseguida su luz ensuciados por el barro de las calles. Era un día grande y nada podría estropearlo.
Llegaron primero lxs escoltas, que empezaron a aparcar en las inmediaciones incapaces de hacerlo en las diminutas callejuelas, no preparadas para limusinas. Cuando por fin el último coche de la caravana hizo su entrada, tres horas despues de su inicio, se bajó de él su majestad el rey, señorial y divino.
Saludó como si su brazo fuera un parabrisas en un día de lluvia, aceptando los vítores y alegrías que salían de la boca del pueblo. Todas las autoridades que se habían dejado caer por el evento, se aproximaron sumisas a inclinarse ante la regia figura e indicarle el camino- Por aquí, majestad.- Le señalaron el pasillo de manos que apartaban a la chusma para que él pudiese acercarse al estrado construido para la ocasión.
Sentado en el cómodo trono que un centro comercial cercano había cedido de su campaña navideña para la ocasión, escuchó uno por uno los discursos de los candidatos a alcalde. Las falsas promesas de una vivienda digna y maná para todxs. Se sintió un poco como un rey mago escuchando lo que los niñxs piden. Ya les desilusionaría después con los mingües regalos que les traería de su extensa lista.
A la tercera arenga, una presión comenzó a extenderse desde el estómago hasta el ano, un estremecimiento que le puso todo los pelos de punta mientras un sudor frío le bañaba del esfuerzo de intentar contener el pedo. Una mueca y una convicción le llevaron a expulsarlo, esperando que fuera silencioso y nadie se percatase de que el olor era por sus manos rojas. No hubo suerte.
El estruendo se esparció en una de las pausas que realizaba el comunicador, consiguiendo que el pequeño descanso de la voz fuese un parón definitivo en el que todas las miradas se posaron en su alteza. En dirección contraria a la que enfocan los cientos de ojos, desde su culo, el hedor se fue extendiendo por la barriada. Nauseabundo, penetrando por las fosas nasales de políticxs y desfavorecidxs, sin hacer distinción de raza, religión o credo. Un mutismo se adueñó de lxs asistentes, nadie se atrevió a pronunciar la primera palabra hasta que, finalmente, alguien salió al paso con una alabanza.- Qué aire más calido y puro, nunca había respirado una fragancia tan dulce.- Y como si nadie quisiese admitir la realidad, todxs siguieron la mentira, pues a los reyes no se les ha de contrariar aunque se tiren una ventosidad real.
Más tarde, en el lecho marital, junto a su mujer, el rey pensaba en lo que le había sucedido. Y con una pronunciación algo gangosa le comenta- ¿Sabes, reina? Lxs pobres no sienten el alivio de cagar. Hoy se nos escapó un pedete y estábamos algo avergonzado. Pero lo que nos es desagradable, para la plebe resulta delicado, casi divino.- Hizo una pausa para lanzar otro exhabrupto a través de su orificio rectal, esta vez sin la preocupación de la compañía- Nos creemos que fue la novedad lo que les hizo admirarlo. Nos somos un hombre del pueblo, así que ahora no sé qué hacer. No darles envidia con mi arte o dejar que lxs pobrecillxs disfruten con lo más cercano que pueden tener de tocar el cielo. Pero la reina no respondió, estaba enfrascada en el profundo sopor del alcohol y para ella esta conversación nunca existió.
Aquel año, nadie le preparó el discurso de Navidad al rey. Sólo pidió una fabada y que le dejaran improvisar.
LaRataGris
( Si tus peos huelen tan mal como los de un rey no los idolatres, derroca y anarkia.)
Su vida en los osos del metro
27 abril 2008Al principio no me fijé demasiado. Recuerdo que me hicieron gracia unas cabezas de oso, aunque quizá fueran osas, pintarrajeadas con spray negro por todas la paredes de la ciudad. S. Oso firmaba su autor, no entraré en si la firma sugería el género, yo lo imaginé hombre por todos estos años de educacion sexista.
Poco a poco fueron extendiéndose del extrarradio al centro, de una forma discreta, como si la casualidad fuera el motivo de su dibujante. Manchaban la monocromía habitual con colores cada vez más chillones, que impedían ignorarlos. Primero fue un marrón parduzco que se intensificó al rojo más hiriente. Estridentes verdes, y luego amarillos que parecían pedir que los mirase.
E igual que llegaron, en silencio, los borraron. Recubriéndolos con grises, apagaron la obra y abrieron la veda de caza. No quedó un solo animal, ni en el rincón más insospechado. Solamente el artista, también autodenominado oso, sobrevivió a la cruenta cacería. Tuvo suerte de que no le encontrasen, aunque es relativa cuando condenan tu trazo al mayor de los ostracismos.
En ese olvido, unicamente, podía ver la resistencia de restos esparcidos. Un ojo, una nariz que husmeaba entre los cadáveres masacrados. Hace nada descubrí unas pegatinas en las puertas de los metros. Sólo visibles cuando alguien las abre. Lo que no reconocí al principio, eran unos osos más angulados. Llenos de matices en su mirada. Uno se diría colocado, sorprendido, feliz, extrañado,.. y casi todos tristes por verse recluidos en el pequeño espacio del papel, o eso imaginé. Volvieron a multiplicarse, recordaron las paredes y fueron creciendo más y más en el colectivo de la gente.
Mostraban a un solitario, una familia feliz. osos albañiles cosntruyendo las paredes sobre las que los habían pintado, osos contra la guerra, enfrentándose a los gobiernos y a favor de la libertad. Cada vez más politizados sin que ningún partido los pudiese utilizar. Nadie sabe en qué se convertirán, ni el pintor conoce su futuro. Únicamente sabemos que alegran el paisaje, nos hacen pensar y a pesar de ser perseguidos sobrevivirán porque ya forma parte de la ciudad. Su autor vive en los dibujos del metro.
LaRataGris
Huyendo a los cuentos de hadas
25 abril 2008Dada Yourself
23 abril 2008Ayer decidí hacer un muñeco. Con caucho de eva para el cuerpo y una bola de corcho inmensa para el ojo que sera la cara. Dibujare su rostro con las pinturas que tengo para tela y le llamare Dada.
Dada uno, Dada dos, Dada tres,…
Ninguno de mis intentos parece querer quedar bien. Los prototipos se apilan en mi mesa de trabajo mientras no dejo de pensar en como podría hacerlo. Pinto su torso para luego recortar el patron y ver que no cuadra con el resto cuando intento montarlo. Así que busco por internet, alguna página donde te explique como hacerlo. Copio las formas que me marcan, calco cada arista, cada pliegue del esquema de la web y cuando voy a coserlo como me indican me doy cuenta de que no es tan sencillo. Pincho mis dedos aquí y allí, sangro hasta que ya estoy demasiado cansado
Dada veintiseis, Dada ventisiete, ventiocho,…
En una tienda de manualidades me aconsejan que empiece por algo más sencillo. Compro una cartulina sobre la que ya hay dibujado un muñequito. Es solo recortarlo y disfrutar la obra tras utilizar un poco de pegamento. Se me pegan las manos, me arranco la piel que no habia despellejado ya con la aguja. Me desanimo pero no lo suficiente.
Cuarenta, cuarenta y uno, …
Solo tengo que pintar el que he comprado. No es la figura que quería pero para empezar ya me va bien. Las sombras son las que mayor problema me dan, son como manchurrones sobre las grandes masas de color. El estress acumulado, la impaciencia por todo lo que no consigo.
Sesenta, y uno y ciento doce…
Pinturas nuevas. Doscientos hasta que finalmente cuatrocientos ventitres. Muñecos zombies observan mi Dada comprado. Perfecto, prefabricado. Diferente a mi idea inicial pero mejor de lo que me hubiese quedado a mi, hecho con la tecnica más sencilla, pedirle al dependiente que te lo envuelva para regalo. Dada Yourself. Lo ponen tan sencilo que o te conformas o te desanimas intentandolo.
LaRataGris. D.i.y.

Escrito por laratagris 













