El tejido desgastado

2 noviembre 2026

La calle pequeña. Mi madre conocía a toda la gente que vivía en nuestra calle. Como si se hubiera estirado su pueblo en una línea recta y allí estuviesen la Maribel, la Jacintita, la Encarna, la hija de la Lola; igual que  en el pueblo.

Siempre se paraban a saludar y hablaban, hablaban y hablaban mientras yo quería llegar pronto a casa para ver el Capitán Harlock.

La calle estaba llena de pequeños coImados, panadería, un kiosko en la intersección con la calle de arriba y, dos casas más allá, La Pelona tenía una papelería donde me compraba mis primeros cómics.

Existían ciertos Códigos: los sábados comprar dos de pan porque el domingo descansa la panadera, el fin de semana se comía pollo al ‘ast muy, muy,  hecho con patatas y allioli; en casa no se cocinaba, se cenaba ensalada de pasta con los restos de la comida. Los niños podíamos ir a la bodega si mamá se quedaba sin sal, aunque para ello tuviéramos que cruzar la carretera.

Pero llegó el centro comercial y las tiendecitas dejaron de ser rentables. El aire acondicionado, las actividades, la cantidad, el precio. Los pequeños comerciantes cerraron la persiana y alquilaron sus locales a talleres de costura.

Había horas de mucho tráfico: dejando telas, recogiendo ropa; coches en doble fila, actividades que molestaban al barrio. Protestaron y se llevaron los talleres a un polígono, cerca del centro comercial.

Se quedaron los locales vacíos, esperando tiendas que nadie quería asumir. Una calle dormitorio que se llenaba del ruido de cuatro bares.

Ya nadie se conocía. El tejido roto, la vida degradada.

La tele hablaba de ocupas, de ladrones, de inmigración cuando era el capitalismo el que lo había echado todo a perder.

LaRataGris


Sin descanso

3 junio 2022

Quebrar


Vincent Van Gogh

26 julio 2016

El día en que decidieron clonar a Van Gogh para hacer retratos familiares en un centro comercial todo el mundo felicitó a Rick:

«Has tenido una gran idea, muchacho», su jefe estaba muy contento pensando en todo el dinero que le iba a hacer ganar.

La inversión, según había calculado su departamento de finanzas, sería mínima. Además la publicidad y beneficios que obtendría superaba con creces la mísera cantidad que debía aportar.

«Por la compra», se podía leer en grandes letras fosforescentes, «de cuatro tetra bricks de leche consiga un retrato de Van Gogh»

Pero su estilo no era el adecuado. Vincent resultaba demasiado personal. Su trazo, excesivamente raro, no encajaba con el carácter sencillo de la campaña.

Todos los cumplidos iniciales le fueron retirados a Rick, el jefe dejó de estar contento y Van Gogh tuvo que hacer un cursillo para reciclarse. Aprendió a hacer fotografías y dibujar su firma sobre las instantáneas, algo que los clientes sabían apreciar.

LaRataGris.