El tejido desgastado

2 noviembre 2026

La calle pequeña. Mi madre conocía a toda la gente que vivía en nuestra calle. Como si se hubiera estirado su pueblo en una línea recta y allí estuviesen la Maribel, la Jacintita, la Encarna, la hija de la Lola; igual que  en el pueblo.

Siempre se paraban a saludar y hablaban, hablaban y hablaban mientras yo quería llegar pronto a casa para ver el Capitán Harlock.

La calle estaba llena de pequeños coImados, panadería, un kiosko en la intersección con la calle de arriba y, dos casas más allá, La Pelona tenía una papelería donde me compraba mis primeros cómics.

Existían ciertos Códigos: los sábados comprar dos de pan porque el domingo descansa la panadera, el fin de semana se comía pollo al ‘ast muy, muy,  hecho con patatas y allioli; en casa no se cocinaba, se cenaba ensalada de pasta con los restos de la comida. Los niños podíamos ir a la bodega si mamá se quedaba sin sal, aunque para ello tuviéramos que cruzar la carretera.

Pero llegó el centro comercial y las tiendecitas dejaron de ser rentables. El aire acondicionado, las actividades, la cantidad, el precio. Los pequeños comerciantes cerraron la persiana y alquilaron sus locales a talleres de costura.

Había horas de mucho tráfico: dejando telas, recogiendo ropa; coches en doble fila, actividades que molestaban al barrio. Protestaron y se llevaron los talleres a un polígono, cerca del centro comercial.

Se quedaron los locales vacíos, esperando tiendas que nadie quería asumir. Una calle dormitorio que se llenaba del ruido de cuatro bares.

Ya nadie se conocía. El tejido roto, la vida degradada.

La tele hablaba de ocupas, de ladrones, de inmigración cuando era el capitalismo el que lo había echado todo a perder.

LaRataGris


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El coste de las vidas

10 enero 2025

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El capítulo cuarenta y tres de la novela

25 junio 2024

Hace tiempo, como en un cuento lejano, sucedió algo mágico: la gente se puso de acuerdo para hacer el bien.

Por supuesto el capitalismo se apropió de la idea.

-Os apoyamos- dijo ese capitalismo-. Seguid comprando.

Y la gente empezó a pagar por la idea que dijo era suya. Compró su compromiso y aplaudió hasta tener las manos rojas porque el capitalismo solo había tardado varios siglos en hacer lo correcto.

-Bravo- gritaban

-Gracias, comprad- les insistía el capitalismo.

Mientras la tendencia estuvo en alza todo fue muy especial. Todos reforzaban la idea, todos se sentían orgullosos, todos a super muy, mucho, a tope.

Pero la moda pasó como los segundos en el reloj.

– Esta moda, este ahora es nuestro verdadero yo. Seguid comprando.

y mutó como cientos de veces había hecho antes, el capitalismo siempre se adaptaba para que siguiéramos comprando: mentía, fingía.

-Lo que sea necesario; eso haré pero no dejéis de comprar. Por favor, por Dios, por Shiva, por las Tortuga Ninja en el capítulo cuarenta y tres. Comprad.

LaRataGris

Comprad esto.


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