Venenos habituales

31 julio 2017

El indio Juan había traído tarta de queso, tanta que no se la iban a terminar. La gente se volvía loca comiéndola. Su textura de color, el delicado sabor, se deshacía entre los labios para explotar en mil matices dentro de cada boca.

A nadie le importaba que llevase veneno. Cuando les dijo a todos- He de anunciaros algo- ellos siguieron saboreando, incluso al escuchar -La tarta contiene un potente veneno que os matara en menos de una hora- nadie le hizo caso.

Les describió los profundos dolores que les harían retorcerse por el suelo, las contorsiones que deformarían sus esqueletos hasta quebrarlos, el terrible desespero de saberse inútiles ante aquella amenaza.

La gente siguió masticando, no se sabe si por tomárselo a risa o por esa desazón posmoderno a lo inevitable.

Acabaron hasta con la ultima migaja para que ninguna prueba pudiera recriminarle la inocentada al pobre indio. Luego se marcharon, a descansar para siempre, a la tranquilidad de sus hogares. Todos menos el mendigo que habían invitado para aliviar conciencias ante el inminente final, él moriría como un perro abandonado, en la calle.

LaRataGris

 

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Escenas de la muerte

23 marzo 2011

Cada vez que hay una guerra importante, de esas que suben la audiencia y calman la conciencia del que las condena, a la muerte le gusta sentarse a verla por televisión. Ella preferiría hacerlo con todas, contar los muertos desde la distancia sin tener que exponerse en un lugar tan peligroso, pero no siempre se pueden hacer un hueco en las parrillas de programación. Depende del partido del siglo, los capítulos para acabar la serie o la competencia de las demás cadenas…

Sea donde sea, este más lejos o cerca, siempre toma las mismas medidas de seguridad: un traje hermético, desinfectante y mascarilla de oxigeno. La muerte es muy hipocondríaca y siempre piensa que se le puede contagiar algo de la barbarie, aún con kilómetros de por medio, por lo que pudiera pasar, prefiere llevar el recuento tras el sofá.

Jamás escoge a los que fallecen, eso es cosa del destino, el azar o quizá es la vida quien los desecha…no es algo que le incumba, esta más preocupada por las matemáticas, el equilibrio…hay demasiados humanos y es una forma sencilla de mantener la plaga controlada. Hace una estimación de los que tienen que morir y mientras se supere ese número ella descansa en paz.

Hay días en los que recibe peticiones firmadas para acabar con aquellas locuras. Están todos los inocentes que perecieron, los “cobardes” que sin querer ir a luchar les callo una enorme bala desde el cielo, los daños colaterales,…todos los caídos en batalla, sin importar bando o neutralidad le piden por favor que no siga por ese camino. Y siempre se excusa con que es una mandada, que ya le gustaría, que que pena pero…sigue sumándolos al registro.

En sus largas listas no suele haber políticos ni instigadores. Muchas veces queda con ellos para ver los resultados finales, delante de un enorme bol de palomitas se reparten los fiambres y deciden quien ha ganado, quien se queda los países y las riquezas. Lleva tantos años haciéndolo así que ya no siente justicia o injusticia. Para ella son datos de un trabajo bien hecho, estadística e indiferencia.

LaRataGris


El doblez de la bandera

8 junio 2010

El doblez de la bandera


Tlaxcala