El Dios de la destrucción

28 junio 2018

El Dios de la destrucción

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Y si no aguantas la espera lo puedes conseguir completo por tres vías

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Regicidio Vs magnicidio

22 marzo 2018

Regicidio Vs magnicidio

¿Cucarachas votando?


Los dos extremos

5 febrero 2018

Sus padres, ¿cuanta culpa tienen sus padres? Al verlo tan pequeño e insignificante se dieron cuenta que no sobreviviría al mundo. Construyeron una réplica exacta a su pequeño niñito. Es al que llevaban de paseo, al que le dejaban revolcarse en barro y quedarse hasta tarde viendo programas que no debía ver. Es, en definitiva, al que acabaron amando más que a su propia vida.

Mientras tanto, el verdadero hijo, seguía protegido entre los barrotes de su cuna. Había comprendido la soledad que provocaba su prisión y complementaba sus biberones regulares comiendo cualquier insecto para hacerse más fuerte, mientras sus padres no miraban.

Con el paso de los años el replicante, de plástico y madera, se fue quedando pequeño.

Roc lo miraba desde el rincón conquistado. Se había escapado del pequeño mundo que tiempo atrás le regalasen.

Amplió sus pasos; primero por la habitación pero, ya, se movía libremente por toda la casa. Tenia sombras en las que podía ocultarse cuando salía de cacería. Desde ellas miraba la felicidad de aquel ser enfermizo que lo había suplantado, que lástima sentía por aquella debilidad.

Era un explorador nato. Ya no necesitaba alimentarse de pequeños bichos. Saqueaba la nevera sin que sus progenitores, que ya se habían olvidado de él, se enterasen, capturaba nutritivos roedores y pajarillos que se acercaban a los cebos que preparaba en las ventanas.

En su foro más interno deseaban que su niño sintético se hubiese vuelto real.

El tiempo siguió su curso y en primavera su padre pisó una de las trampas para ratones que había puesto en el recibidor. El olor de la sangre volvió loco al salvaje. Sin previo aviso saltó desde la oscuridad, dentelleando como un perro famélico.

Se había cobrado una deliciosa presa, demasiado grande como para esconderla.

Sus restos lo llenaban todo cuando la madre murió chillando, más por la visión que por el golpe rápido y certero que quebró su cuello. Solo quedaba él y él mismo, su doble, en una esquina que nunca había aprendido a usar. La sombra apenas ocultaba los temblores programados para este tipo de estímulos.

Se acerco hasta él lentamente, el miedo lo retendría la suficiente como para ir sin prisa, saboreando aquella sensación de triunfo. La sangre bañaba su determinación. Con instinto homicida clavo sus colmillos intentando beberse la parte que le pertenecía de aquella aberración, destrozando el cuerpo sintético, electrocutándose en el camino.

El uno sin el otro no era nada pero necesitaban vivir en dos extremos separados.

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“Amor” violento

6 noviembre 2017

Amor violento

Cosas que no importan en: Payhip o Comic Square


Venenos habituales

31 julio 2017

El indio Juan había traído tarta de queso, tanta que no se la iban a terminar. La gente se volvía loca comiéndola. Su textura de color, el delicado sabor, se deshacía entre los labios para explotar en mil matices dentro de cada boca.

A nadie le importaba que llevase veneno. Cuando les dijo a todos- He de anunciaros algo- ellos siguieron saboreando, incluso al escuchar -La tarta contiene un potente veneno que os matara en menos de una hora- nadie le hizo caso.

Les describió los profundos dolores que les harían retorcerse por el suelo, las contorsiones que deformarían sus esqueletos hasta quebrarlos, el terrible desespero de saberse inútiles ante aquella amenaza.

La gente siguió masticando, no se sabe si por tomárselo a risa o por esa desazón posmoderno a lo inevitable.

Acabaron hasta con la ultima migaja para que ninguna prueba pudiera recriminarle la inocentada al pobre indio. Luego se marcharon, a descansar para siempre, a la tranquilidad de sus hogares. Todos menos el mendigo que habían invitado para aliviar conciencias ante el inminente final, él moriría como un perro abandonado, en la calle.

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Tradición ceremonial

9 enero 2017

La capsula parecía forrada con las ascuas del mismo infierno. Keira creía estar dentro de un horno, empezaba a necesitar un poco de aire fresco, algo que no conseguiría en la pequeña vaina metálica. Por un instante valoro la idea de quitarse la ropa, algo evidentemente estúpido para la elegida. No sería capaz de volver a vestirse, como iba a atreverse a llegar desnuda a la estación orbital, eso era totalmente indecoroso.

Con la dignidad, aquella que le permitía el mar de sudor en el que se bañaba, se sentó como le habían enseñado, esperando que el sistema de respiración de la nave consiguiese renovar el oxigeno.

-Bienvenida a la amigable luna de Lsb- Keira dejó que le ayudaran a pasar por el pequeño agujero del metal.

Las escaleras eléctricas la la pasearon hasta suelo lleno de pétalos de rosas verdes. Su pie descalzo notaba el suave camino.

El jefe de protocolo caminaba a su lado, con la cabeza agachada, mirando el suelo mientras recitaba una vieja letanía.

Aparto sus pensamientos más terribles y se dirigió al castillo, vitoreada por el pueblo de la luna.

– Es un gran honor haber sido la elegida.

-Cuando la descuarticemos todo será precioso, elegida.- Iban desmembrarla en ofrenda a los dioses sanguinarios. Un pincho atravesaría su cráneo sin matarla, para que sintiese cada tajo. Moriría una hora después, con orgullo por una buena y dolorosa tradición.

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Los miedos del frio

14 noviembre 2016

Mamá siempre decía que tenía que alejarme del frio. Aun puedo recordar su voz asustada advirtiéndome: “allí habitan peligrosos gigantes”

Pero ¿cómo te alejas cuando vives en mitad de un desierto helado?

Por las noches me escondía en cuevas hechas de curtidas pieles, con la esperanza de que no buscasen allí. Los días, en cambio, los llenaba de pasos sigilosos, miradas fugaces hacia todos los puntos cardinales y respiración asustadiza por las pequeñas sombras que pueblan los rincones. Jamas baje la guardia, nunca me tope con alguno de mis temores. Viví en el miedo de lo que nunca sucedió. Es la edad la que finalmente me ha atrapado y no estaba avisado de esta fragilidad.

Tal vez si mi madre me hubiese dicho:

Aquí habitan gigantes, si alguno te molesta matalo, que sientan ellos el miedo”, Y no que ahora me encuentro viejo para esas heroicidades y no puedo resucitar contra ellos.

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