La sonrisa del monstruo

2 abril 2019

En su interior habitaba un monstruo terrible, casi invisible tras la piel fina y delicada.

Por fuera sus movimientos eran directos, pero elegantes, cariñosos incluso. Siempre sonreía aunque un día podía cansarse, todos tenemos nuestros límites.

Entonces me agarraba con fuerza del pelo y me lanzaba con furia hacia sus fauces descubiertas, me arrancaba de la vida porque era la única forma que tenía de enseñarme.

-¡Ves, puta!-me gritaba.

No tenía argumentos para hacerme suya. Me decía que yo le sacaba de quicio, que le hacía sentir nervioso en su huésped y, por eso, necesitaba explicármelo a golpes. Me corregía, intentaba hacerme mejor persona porque el ya se daba por perdido. Para él, es algo que yo le podía enseñar, solo quedaba la muerte.

LaRataGris

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Eficacias en dictaduras

1 febrero 2019

Eficacias en dictaduras


Fea perdida

9 octubre 2018

Sentía que su autoestima era baja, inexistente. El espejo, para el no tenía virtudes, señalaba todos y cada uno de sus defectos. Era ciego a su inteligencia, incapaz de reír con sus gracietas y, por supuesto, no la consideraba lo suficientemente guapa, no para lo que exigían los cánones de belleza actuales.

Era una puta mierda, un cero a la izquierda pequeño y repugnante.

“Solo un mal día”, le gustaba repetírselo pero la realidad mandaba y ella obedecía. Se hundía mucho más en barro y desesperación, “puto espejo”, asumió el discurso, se lo habían repetido tantas veces que…

“A la mierda, a la mierda, a la mierda”. Débil rompió su reflejo con las manos desnudas. Sus nudillos sangraban y con la sangre escribió en el suelo “tengo cosas por hacer”. Salió desnuda a la calle, donde no había espejos vigilantes. Se sentía libre para ser feliz, fue feliz, fue muy feliz abriendo en canal a todo el que se le pusiese delante.

“Lo que importa es el interior, me lo decíais tantas veces mientras me criticabais. ¿Queréis que adelgace?¿ Qué sonría?¿ Qué os enseñe las tetas y os ponga mi coño en bandeja? Ya no soy la chica tonta que conocisteis, ya no me escondo.”

Tenía la autoestima por las nubes y un cuchillo de carnicero.

LaRataGris


Como matar al dragón

10 septiembre 2018

¿Por que tendríamos que matar al dragón? Solo el, de iridiscentes escamas y suave forma de volar, como si estuviese hecho de viento y luz, puede abrirnos la puerta de los sueños.

Jamas baja del cielo, se mezcla con las nubes, formando la lluvia con su aliento de azufre ardiente.

A veces nos regala el trino y la tranquilidad de su voz, la belleza de su danza confundiéndose entre estrellas fugaces.

Entonces ¿por qué dispararle allí donde creemos su corazón?¿porque no podemos entender lo que explica?¿porque se aleja de nuestro control y comprensión?

Ya no quedan dragones vivos, no hay maravillas, no existe la magia porque preferimos que la realidad quepa entre cuatro pequeñas paredes.

Quieres saber cómo matar al dragón cuando, realmente, ya está muerto.

LaRataGris

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El Dios de la destrucción

28 junio 2018

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Regicidio Vs magnicidio

22 marzo 2018

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¿Cucarachas votando?


Los dos extremos

5 febrero 2018

Sus padres, ¿cuanta culpa tienen sus padres? Al verlo tan pequeño e insignificante se dieron cuenta que no sobreviviría al mundo. Construyeron una réplica exacta a su pequeño niñito. Es al que llevaban de paseo, al que le dejaban revolcarse en barro y quedarse hasta tarde viendo programas que no debía ver. Es, en definitiva, al que acabaron amando más que a su propia vida.

Mientras tanto, el verdadero hijo, seguía protegido entre los barrotes de su cuna. Había comprendido la soledad que provocaba su prisión y complementaba sus biberones regulares comiendo cualquier insecto para hacerse más fuerte, mientras sus padres no miraban.

Con el paso de los años el replicante, de plástico y madera, se fue quedando pequeño.

Roc lo miraba desde el rincón conquistado. Se había escapado del pequeño mundo que tiempo atrás le regalasen.

Amplió sus pasos; primero por la habitación pero, ya, se movía libremente por toda la casa. Tenia sombras en las que podía ocultarse cuando salía de cacería. Desde ellas miraba la felicidad de aquel ser enfermizo que lo había suplantado, que lástima sentía por aquella debilidad.

Era un explorador nato. Ya no necesitaba alimentarse de pequeños bichos. Saqueaba la nevera sin que sus progenitores, que ya se habían olvidado de él, se enterasen, capturaba nutritivos roedores y pajarillos que se acercaban a los cebos que preparaba en las ventanas.

En su foro más interno deseaban que su niño sintético se hubiese vuelto real.

El tiempo siguió su curso y en primavera su padre pisó una de las trampas para ratones que había puesto en el recibidor. El olor de la sangre volvió loco al salvaje. Sin previo aviso saltó desde la oscuridad, dentelleando como un perro famélico.

Se había cobrado una deliciosa presa, demasiado grande como para esconderla.

Sus restos lo llenaban todo cuando la madre murió chillando, más por la visión que por el golpe rápido y certero que quebró su cuello. Solo quedaba él y él mismo, su doble, en una esquina que nunca había aprendido a usar. La sombra apenas ocultaba los temblores programados para este tipo de estímulos.

Se acerco hasta él lentamente, el miedo lo retendría la suficiente como para ir sin prisa, saboreando aquella sensación de triunfo. La sangre bañaba su determinación. Con instinto homicida clavo sus colmillos intentando beberse la parte que le pertenecía de aquella aberración, destrozando el cuerpo sintético, electrocutándose en el camino.

El uno sin el otro no era nada pero necesitaban vivir en dos extremos separados.

LaRataGris

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