El hombre inculto

18 agosto 2014

Javir de nada sabía, unicamente de su vida. Había cuantificado las veces que se había despertado desde mil novecientos setenta y siete, lo que le gustaba comer estaba anotado en la lista de la compra semanal, su trabajo mecánico le obligaba a desconectarse el domingo para no repetir las mismas acciones en un escenario distinto y soñaba con patos salvajes, aunque esto último no sabía bien bien que significado tenía, por mucho que no dejase de repetirse.

El hombre inculto no sabía de los tejemanejes de la audiencia, el miraba sus programas favoritos, no leía libros, revistas o propaganda con más de dos palabras. Se movía por inercia por sus lugares conocidos y era feliz así. Aunque también era cierto que no le gustaba trabajar, ni lo de comer pescado cada martes, a pesar de que los malolientes peces fueran un alimento tan importante para su salud. El hombre inculto había comprendido que la cultura no le libraría de lo que no soportaba y por eso mismo no era una de sus prioridades. Pero, aún sin importarle, aprendió a sumar para que no le dieran mal el cambio, a escribir para poder firmar de forma reconocible y a leer para saber quien ofrecía contratos poco fiables. De esta manera siguieron equivocándose en lo que le sobraba, continuo firmando sin leer y le timaron en la factoría, no había cambiado nada excepto su forma de pensar. Una lógica le llevo a otra hasta verse estudiando por el placer del conocimiento- no voy a conseguir nada- se repetía constantemente. El hombre inculto hizo varias conexiones, sus neuronas se abrazaban para que el hombre culto fuese un esclavo de una mente libre y brillante. Nada cambiaba aunque ahora tenía alas, era imparable

LaRataGris


Televisa audiencia para que no te entienda

26 febrero 2009

“Cuando la gente no te hace caso hay que cambiar de estrategia”- les dijo el señor Henkkujpers, y dicho y hecho:

Se presento el nuevo concurso informativo, el Telediario. Había siete u ocho noticias sobre las que el espectador opinaba en un nueve cero seis y, según los votos así serían las noticias del día siguiente. Podías ganar hasta un millón de pesetas, que al fin y al cabo lo pagabas en teléfono, de propina un piropiyo televisivo, que nunca va mal, por lo del ego (“pues si chico, mi voz salió por la televisión y el presentador me dijo que tenía un cuerpo precioso”)

Con el tiempo la fórmula se fue consolidando y lo que nació como un programa piloto se transformo en un bonito show donde la única noticia que tenia cabida era: ” Un pato ha cruzado la carretera”, ya que siempre era la más aplaudida.

Al principio siempre cruzaba el mismo, pero después de muchos programas la gente se iba cansando de ver todos los días al mismo animal de plumas marrones llegando a la otra cera. Así que se fue de granja en granja, buscando aves que se situaban antge la carretera por si querían cruzar, y sino se les empujaba.

Todo el mundo se entristecía cuando el pato, tras siete horas de programa no llegaba al otro lado y había charquitos de sangre.

Por supuesto hubo uno de estos palmípedos que cayo en gracia. El día que cruzo casi nadie dejo de llamar para preguntar quien era ese ánade tan apuesto, (aunque en realidad lo llamaron pato). Así fue como nació el primer presentador pato.

Se llamaba, o más bien lo bautizaron, Alfredo Pato III, y se dedicaba a decirle “Cuac cuac” a todo aquel que telefonease para contarle sus problemas.

Como por ejemplo un día que uno le dijo- “Mi mujer me engaña”

“Cuac”- respondió.

Y-“Vale”- el hombre feliz y contento.

Epílogo: Así fue durante muchos programas en los que solo cambiaban la pregunta pero no la respuesta, al menos hasta que se lo comieron para que parte de el estuviera en todos. Y de esta manera, se creo al primer dios Pato, pero quizás sea esta otra historia a contar en otro momento y otro mundo.

LaRataGris.