Oniria

23 septiembre 2009

un indicador en blanco

me dio la bienvenida a Oniria.

Y, desde que estoy aquí creo en todo.

Incluso, a mis venticinco años,

vuelvo a creer en el ratoncito Pérez;

hecho insólito desde mi crisis del setenta y siete.

Lord Morpheus de Canterville

Habitante de Oniria.

Cuando Lord Morpheus decidió escoger Oniria como su nueva residencia lo hizo en vistas de un lugar tranquilo. Y tan tranquilo, con él doce habitantes, y no esperéis que lleguen más, al chocar con aquel cartel mudo lo escondió de todo posible viajero. De los otros once habitantes nada sabía, puede que se cruzara con alguno antes, pero lo tomaría como otro más; pues en Oniria sus habitantes creen convivir con toda una comunidad, aunque sean producto de su imaginación. Lord Morpheus trabajaba en un gran edificio cuyo dueño era Samuel Gaiman, amigo imaginario del undecimo en llegar a la ciudad. No es de extrañar, pues, que tanto el undecimo como el duodecimo se encontraran bajando en el descanso del trabajo, Maese Byrne bajaba de visitar a Gaiman. A pesar de ser de los pocos personajes reales de la historia no intercambiaron palabra, cada cual a su asunto hasta la planta baja. Se abre el ascensor y Lord Morpheus va a salir primero, pero no puede, un fuerte brazo le sujeta.

– “Espera, ¿no ves cómo caminan, vagueantes y errantes, espíritus sin rumbo ni descanso?”- pronunciadas las palabras de Maese Byrne, Lord Morpheus observa el lugar al que iba a entrar y por una de esas extrañas cualidades que posee Oniria, la imaginación de Maese Byrne se hace (hizo) del Lord. Un montón de zombies arrastran sus cuerpos por pavimento gris.

– “tranquilo, tengo una idea. Podemos subir entre plantas y provocar un cortocircuito en el ascensor, aquí no entrarán esos malnacidos”. ¿Qué podía hacer Lord Morpheus?, el nunca antes estuvo en tal situación, y el plan de Maese Byrne parecía bueno. Seguido a rajatabla lo dicho, dos de los doce comenzaron a vivir allí.

El asunto de la comida fue un poco más peliagudo, por suerte el pasado ventitres Lord Morpheus estuvo en las costas de Oniria, se le había metido un poco de arena en los bolsillos con la que tapizaron el suelo del ascensor, y con las semillas que Maese Byrne llevaba, por lo que pudiera pasar, hicieron crecer su propio huerto. El agua les vino de las lágrimas de insatisfechas hormigas, que sin pan que recoger, allí mismo se ponían a llorar, ellos recogían sus lágrimas en pequeños dedales que alguien olvidó en la esquina del ascensor. De ellos bebían y con ellos regaban su huerto que dio frutos a las tres horas de ser plantado.

Trece días viviendo así pasaron, más por su voluntad ya que si se hubieran preocupado en salir se habrían dado cuenta de que el décimo cambió el sueño y todo era de nuevo “normal” en Oniria…

 

LaRataGris.


Conserven la calma, ha sido niña

11 agosto 2009

Cuando naciste, antes incluso, cuando sólo eras un proyecto de ciencias en la barriguita de mamá, todos querían organizar mi nueva vida. En las historias no había demasiadas variaciones y en casi todas yo acababa con corbata y preocupado por la fragilidad de mi dulce niñita, esa eras tú. Te sobreprotegía mientras tenía que sonreirle hipócritamente a otros padres que sabían de verdad lo que era la partenidad, cuidar a pequeños dictadores que mienten y te toman el pelo, – Así que será mejor que te cortes la melena y sientes cabeza- me decían con voz seria quienes no veían más alla de los arquetipos.

Y entonces llegaste. Parecías tan delicada como me habían avisado, tan pequeñita… que supe que no tenían razón. No quería alejarme, necesitaba mirarte mientras dormías, abrazarte, besarte, pero no sobreprotegerte, tenía que verte crecer fuerte.

Desoyendo todo consejo me volví más radical en mis planteamientos. No sólo pensé en tu comida, en tu ropa, en tu futuro,… no era una cuestión del dinero que podia conseguir. Para tí quería un mundo nuevo y eso chocaba con todo lo que veía a mi alrededor. Aparté de mi cabeza todas esas estúpidas ideas racionales sobre adoctrinamiento canino. Te hice un hueco en mi corazón para no tener que encerrarte tras los barrotes de una cuna, no te alimenté del pienso de la farmacia, ni te ordené, ni te mostré el camino sujeta a los arneses de un cochecito y tú a cambio me hiciste tan feliz…

La gente nos miraba de reojo. Cuchicheaban entre ellos para ver si alguno sabía explicarles el por qué habíamos elegido criarte con amor y respeto. Hubiera sido tan sencillo preguntarnos como aburrido, así que nadie se enteró. Y mientras, tú fuiste creciendo aguerrida, independiente y libre, rodeada de todo el cariño que te podiamos dar tu madre y yo. No creo que sea necesario explicar nada más.

LaRataGris.


La mentira piadosa

9 julio 2009

Podría decirse que soy un tipo afortunado. Alto, de complexión atlética, profundos ojos azules y una hermosa cabellera que se confunde con los más delicados rayos de Sol. Dentro de los cánones de belleza más estrictos, apolíneo hasta un extremo insospechado.

Por si fuera poco, mi cerebro está inundado por la cultura, la lógica más aplastante y una sensibilidad inigualable. Nada ni nadie está a mi altura, mi vida es perfecta, como yo mismo, y eso es lo único que falla.

No es fácil mantener esta pose de ser incalzable. A veces me gustaría ser más mundano, cometer errores como cualquier persona. Pero me resulta imposible en un mundo real como este, en el que he reordenado al mismísimo universo para que su eficiencia como lugar en el qeu estamos sea del cien por cien.

Sólo me queda una salida. Me desnudo junto al ordenador. Conectándome electrodos por todo el cuerpo hasta sentir cómo la sangre va siendo sustituida por combinaciones binarias. Bajo el visor y un fuerte olor a pescado podrido me inunda. Retiro el casco y desconecto los cables.

Como sí hubiese salido de un sueño, observo la decepcionante habitación en la que se supone paso mis horas muertas. Llena de revistas pornográficas por todo el suelo, con los restos de una comida basura descomponiéndose en el fregadero.

El espejo roto de una pared me dibuja gordo y grasiento. Calvo, tuerto y una cicatriz recorriéndome la mejilla.

Paso la mano sobre aquel reflejo y sonrío, el engaño es perfecto. Este mundo imperfecto que he programado, me da la sensación de que es mi verdadero hogar. El programa me hace creer que la realidad virtual es lo que he dejado atrás, me siento tan feliz. Estoy deseando salir y sentir miedo, racismo, xenofobia, malos tratos,… con la tranquilidad que me da saber que siempre podré volver a la tranquilidad de mi tierra.

LaRataGris.


Sueños de ciudad

28 mayo 2009

La ciudad, que hoy está francamente hermosa, me invita a que sueñe con ella.

Soñamos que la escalera que lleva al cielo, son nuestras alas. Y allí, superando los dos nuestros vértigos, creemos que la polución es un poco de aire evolucionado que no causa daño.

Nos cruzamos con un viento racheado del norte que viaja al sur, una planta de los deseos y una manta voladora. Ellos comenzaron hace tiempo su viaje, no como la ciudad y yo.

Discrepamos amistosamente sobre acompañarlos o no, pero un pájaro cantor nos saca de dudas cuando los cinco decidimos ir con él en su leve trinar.

Su voz es muy hermosa aunque su canción sólo habla de tristezas.

Apenado abandono el grupo no pudiendo soportar lo que en su cantar hizo mi raza.

La ciudad me sigue pues dice que también a ella la construyó el hombre. El viento, la planta, el pájaro, incluso la manta, quedan.

Con los corazones llenos de piedras comenzamos a descender. La libertad, belleza puede que hasta la ciudad ¿fueron sólo espejismos? La invitación a un sueño que hombres grises se encargan de tirar. Hombres que olvidaron la ilusión y no la permiten a nadie, así que quedo sentado, alumbrado por luz mortecina que sombrea mi rostro cansado.

LaRataGris.


Dulces sueños

26 septiembre 2008

Dulces sueños