Poema silvestre

18 noviembre 2013

Desconfíe de los poetas profesionales, de tan voraces apetitos como cualquier obrero, rimando el tintineo de monedas gastadas, sobre hojas de papel que no manchan la realidad. No entregue sus corazas por participar en juegos malabares con vísceras frágiles para el que ofrece. No beba con ellos, no recite al ritmo de ojos turbios y apagados por el alcohol. No baile sus brumas, ni sus caminos de flores. No se haga prisionero de un esclavo.

El poeta silvestre viste camiseta de rayas amarillas, negras. Cambia los colores y el uniforme al latido de corazón, se hace mariposa, luego león, ratón, simplón de lengua ágil que no entiende, erudito al que todos escuchan por que no rebuzna conocimiento. A veces se come sus palabras y otras tantas el sudor de su frente, muerde y en su piel se escriben las caricias que parpadean entre los labios de sus amigos. Viven en la oscuridad paralela, en una vía muerta o en un jardín de huesos y entrañas. Desconfié también, desconfía que son semillas de equívocos, de futuros profesionales.

Llenate de los poetas que murieron en sus versos. Los que te vesan con uves puntiagudas, que rasgan la seda como tallo de rosa. Los que saben que no hay camino y se paran en el laberinto de tus desiertos. Ámalos por que no dan nada pero nada piden a cambio, por que leen en tus heridas y las curan con sus miedos.

LaRataGris

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Caminos de viento

16 septiembre 2013

A las doce, Antonio, notó como un viento de locos ululaba, lo agitaba todo y no le dejaba caminar allí donde quería. Lo arrastraba en dirección contraria.

Se agarró a una farola que vibraba como si alguien tratara de arrancarla. Gritó buscando ayuda y nadie estaba tan cerca como para escucharle; su terrible enemigo, el viento, deshacía sus palabras antes de que pudiesen llegar a algún puerto habitado, lo sumía en un silencio en el que unicamente permanecía el tañido incesante del mal aire, marcando los caminos de viento.

– No puedes luchar contra esto- respiró de su desanimo.-Tal vez- se dijo- debería dejarme llevar.- se vio arrastrado hasta algún lejano paraíso. También podía quedar aplastado si caía desde una gran altura, acabar en mitad del mar o volar hasta la luna.- ¿Hasta la luna?- se regaño- ya empiezo a estar loco. Si yo jamas he querido ir hasta ella, me conformo con que me acaricie su velo-. Sin esperanza trato de ir otra vez hacia la izquierda que quería, donde prefería morir aunque fuese de fracaso a sobrevivir en los paraísos que no creía.

LaRataGris


Caminar solos…

5 septiembre 2011

Hace tiempo que mis pies dejaron de pertenecerme. Me acompañan a regañadientes, haciendo ruido y molestando para ver si algún día dejo de atarlos y los abandono a la libertad. Pero los necesito para moverme entre vehículos, por la oficina, chutando balones y luciendo cocodrilos muertos en cenas de gala.

Les he pedido seriedad, que sean racionales que todo lo que hago es por prosperar, sobrevivir y tener dinero para calcetines de seda, sandalias de oro y baños de agua caliente con sal. Pero nada parece interesarles. No quieren recibir ordenes de mi mente, gritan porque escuche a mi corazón. Si giro a la derecha hacen fuerza hacía la izquierda, no sienten placer por ir sobre pasos marcados, prefieren hacer su propio camino y me han dicho que en dos días se irán si no cambio de actitud, rumbo y sin destino.

Al segundo día, tras el ultimátum, los zapatos me bailan tras los muñones, también hay un hueco en el pecho e incluso la razón parece haber desaparecido por que no me importa, me arrastro hasta el coche y enciendo la rutina para que no me descuenten días de vacaciones.

LaRataGris


El día en que jamas conocí a Picasso (*)

14 julio 2011

Cuando yo nací Picasso ya estaba muerto. Se había inventado y reinventado cientos de veces hasta ser un cadáver tan interesante como reservado. No era nada accesible, no concedía entrevistas y apenas se le veía fuera de la tumba.

Conseguí su teléfono de un amigo cubista en común y tras diez tonos la centralita insinuó con su voz de máquina pregrabada- Pablo Ruiz Picasso se encuentra dormido o fuera de cobertura. Por favor, inténtelo un poquito más tarde. – Jamas me cogió el teléfono o me devolvió la llamada.

Perdía mi tiempo en la lectura de sus cuadros. Buscaba discretos mensajes encriptados y me desesperaba por no poder conocerlo. Un día especialmente caluroso decidí olvidarlo. Quemé todas sus pinturas y me arranque los recuerdos de aquellos años perdidos. Pero mucha gente me seguía preguntando sobre el, querían saber si seguía obsesionado, si me había vuelto loco ya o lo haría la semana que viene. Era difícil romper el fuerte vinculo que había adquirido con aquel completo desconocido.

Hastiado fui al parque del castillo en el que reposa su cuerpo y con toda la fuerza de la que pude proveerme le grite- Pablo, hoy sera el día en el que jamas te conoceré. Ahora ya puedo seguir mi camino.- Y Pablo respondió en el ulular de una lechuza.

LaRataGris

(* Nda. Juego de palabras imposible de traducir al francés)


Siete puertas

28 junio 2011

Hasta donde alcanza mi vista puedo ver siete puertas en fila, siete a los lados y también siete por detrás. Estoy en un centro, custodiado por siete cerraduras, siempre a siete del final.

Traspaso la primera, observo y lo mismo. Sigo viendo siete en cada punto cardinal, siete si atravieso la segunda, siete en la tercera, siete y cuarta, siete quinta, seis y siete siete… Ya sólo cuento hasta el siete.

Saco el catalejo, alargo mi visión y consigo añadir diez puertas más. Suman diecisiete hasta donde puedo llegar, en cualquier pared, repitiéndose igual que hizo el siete al pasar primera, segunda, tercera, cuarta,…infinito diecisiete.

Me pregunto si un aparato más potente extendería las puertas, llegaría a ser incontable… una eternidad. Quizá sea mejor no saberlo, lanzar el anteojo, olvidar más allá del siete y pensar que siempre estoy a siete puertas del final…que en la próxima quedaran seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno… siete y elijo un camino distinto. Sin orden, sin números, sin imposiciones. Donde el final esta en ir caminando.

LaRataGris


Conserven la calma, ha sido niña

11 agosto 2009

Cuando naciste, antes incluso, cuando sólo eras un proyecto de ciencias en la barriguita de mamá, todos querían organizar mi nueva vida. En las historias no había demasiadas variaciones y en casi todas yo acababa con corbata y preocupado por la fragilidad de mi dulce niñita, esa eras tú. Te sobreprotegía mientras tenía que sonreirle hipócritamente a otros padres que sabían de verdad lo que era la partenidad, cuidar a pequeños dictadores que mienten y te toman el pelo, – Así que será mejor que te cortes la melena y sientes cabeza- me decían con voz seria quienes no veían más alla de los arquetipos.

Y entonces llegaste. Parecías tan delicada como me habían avisado, tan pequeñita… que supe que no tenían razón. No quería alejarme, necesitaba mirarte mientras dormías, abrazarte, besarte, pero no sobreprotegerte, tenía que verte crecer fuerte.

Desoyendo todo consejo me volví más radical en mis planteamientos. No sólo pensé en tu comida, en tu ropa, en tu futuro,… no era una cuestión del dinero que podia conseguir. Para tí quería un mundo nuevo y eso chocaba con todo lo que veía a mi alrededor. Aparté de mi cabeza todas esas estúpidas ideas racionales sobre adoctrinamiento canino. Te hice un hueco en mi corazón para no tener que encerrarte tras los barrotes de una cuna, no te alimenté del pienso de la farmacia, ni te ordené, ni te mostré el camino sujeta a los arneses de un cochecito y tú a cambio me hiciste tan feliz…

La gente nos miraba de reojo. Cuchicheaban entre ellos para ver si alguno sabía explicarles el por qué habíamos elegido criarte con amor y respeto. Hubiera sido tan sencillo preguntarnos como aburrido, así que nadie se enteró. Y mientras, tú fuiste creciendo aguerrida, independiente y libre, rodeada de todo el cariño que te podiamos dar tu madre y yo. No creo que sea necesario explicar nada más.

LaRataGris.


Susana

25 marzo 2009

Las cosas

pueden obtenerse de mil formas,

pero no todas te hacen feliz.

LaRataGris

Susana se sentó al lado de la montaña más alta del mundo y esperó. Esperó a que el sol se fuera, que las nubes se marchasen y la luna la saludase. Después de que todo esto sucediese se levantó y comenzó a andar hacía el Norte, alejándose del terreno que había pisado.

Más tarde, tras unos días de camino, llegó a un lago. Era un lago precioso, con reflejos de plata por toda su superficie y una barca en la orilla. Decidió que le gustaría ver amanecer en él. Se montó en la barca, remó hasta el centro y mientras se trenzaba el pelo contempló cómo el primer rayo de la mañana lo iluminaba todo.

Pasó un día durmiendo.

La corriente la arrastró al lado este, desembarcó, miró alrededor pero no le gustó nada de lo que vio. Cogió de nuevo la pequeña barcaza que le había obligado a llegar allí y la dirigió al oeste, hasta pisar tierra firme. Esta vez le pareció todo mejor y se quedó a vivir.

Con el tiempo su vida fue un poco más prosaica para el resto de personas: levantarse, desayunar, cultivar, comer, leer, dormir y en algún momento morir, no era suficiente para ellos, anhelaban verla hacer cosas que soñaban y, por tanto, la olvidaron.

Fue de esta forma como nadie supo que murió feliz. Murió feliz de haber conseguido una noche, una mañana y una vida. Lo que, a veces, todos quieren, lo que Susana logró de forma casual, como eligió, sin seguir el camino de baldosas amarillas.

LaRataGris.