Si eres Aries: mi nombre significa muerte. Es cierto que hay gente que ha sobrevivido un tiempo tras escucharlo pero, al final, todos los que lo escuchan acaban muertos.
Si tu ascendente es virgo: También muere quien no lo escucha (en cierta forma la mortalidad ayuda para acertar en la predicción).
Capricornio: te espera un día lleno de pequeñas historias.
– Aquel coche es muerte; la técnica del horóscopo, todo el mundo que lo ha visto está muerto o morirá: cien por cien de fiabilidad
Escorpio: no te fíes de quien te quiera mal.
¿Lo pillas? Generalidades, verdades a medias: piscis (después de todo, sigh).
Ya no distinguiamos el día de la noche. La ciudad se había sumido en la oscuridad absoluta de sus malos humos; un escudo contra los rayos del sol y las estrellas.
La negrura devoraba la luz de nuestros pensamientos. Nos volvía cenicientos, arrastrados de pies y manos.
En general parecíamos actuar igual que antes, con la misma eficiencia, idéntica actitud;
pero, por mucho que repitieron las mismas palabras una y otra vez, no era lo mismo.
La cabeza se nos marchitaba triste y desolada.
El futuro era gris, las arengas negras, ya no había clavos ardiendo a los que agarrarse y, aún así, continuábamos vivos en la ciudad oscura.
-Cuarenta. Cuarenta y pico- un pico pequeño, piensa intentando fingir que no existe el peso de los años. Luego sonríe para la foto, sin poder esconder sus ojos tristes.
-¿Cuánto llevas en la empresa?
-Más de media vida- eternidad. Como si su tiempo anterior fuese inexistente, una anécdota sin importancia, que nadie recuerda. Todo comienza al empezar a trabajar y, ahora, este homenaje.
La plantilla posa con uniformes nuevos, aseados hasta en lo invisible. Son el recuerdo y los valores de algo que la empresa necesita transmitir.
Otras tres fotos más para la revista interna.
-Cuarenta y pico años- esta vez deja que lo grabe un móvil. Montaran un video con los mejores instantes de la fiesta, mientras que él, desubicado, piensa que el mundo puede ser un lugar mejor. Sigue llorando por las injusticias, sigue teniendo las tonterías del adolescente que respira sueños y maravillas.
-La madurez-se dice- es solo una manera de aceptar la derrota: El mundo no va a cambiar, te insisten; asume que es así y así será. Con el consejo sentaras la cabeza, aceptarás la tristeza de este mundo de mierda. No quieren cambiar nada, ni lo malo ni lo peor.
Aunque nadie nos conocía éramos parte de un algo mayor: La masa infinita que sostiene el mundo.
De tanto en tanto, los que tienen nombre y apellido, nos señalaban. Su dedo buscaba a alguien de entre todos y sin, dejar de marcarnos, nos decían- Tú, si tú, eres especial.
Recuerdo tan vivamente la felicidad de ese momento. Nos aplaudíamos como si el dedo se hubiese detenido sobre todos y cada uno de nosotros de forma individual.
El grupo enloquecía, aplaudía, silbaba y producía el doble durante toda una semana.
– Muchas gracias, chicos – decían mientras se alejaban hasta el próximo baño de multitudes.
Y no éramos nadie pero nos sentíamos especiales, no nos quejabamos, producíamos.
Aunque en sus ojos se leía la verdad había decidido mentir con su cuerpo. Se movía como una serpiente en el agua caminando decidida e impactante.
– Eres casi toda mentira y aun así…-Sin prestarme atención parpadeó para callarme y me quede mirando como se alejaba fuerte y sutil. Acabe la frase cuando ya estaba perdida en el infinito.-… aún así se intuye la triste verdad.
La leí en sus ojos de miel, una historia sin final que ya había acabado.
Ines, sólo unas iniciales en el periódico: I.S. murió buscándose la vida.
Su nombre era la contracción de dos nombres que se rompían, el susurro silencioso de una enredadera llena de flores marchitas.
Nos conocimos un mes de enero, junto al estanque.
Él llevaba a cuestas su vida triste mientras yo caminaba con cuidado por no pisar ninguna bomba.
La conexión fue inmediata; caímos muertos sobre el mismo lecho de hojas. Nuestras almas atrapadas en la tierra de los vivos y nuestros cuerpos sin poder tocarse, intangibles.
Mi nombre era el suyo invertido, mis ideas suyas también.