Juntos podemos
5 septiembre 2008El pepino
2 septiembre 2008Y de repente, amaneció un día en que un inmenso pepino había aparecido en medio de New York. Al principio algo que no me afectaba por que yo estaba cómodamente sentado en mi casa de Carcelona, a mogollón de kilómetros del problema. Pero claro las plantas crecen. Y, en un instante aquel vegetal enorme había invadido todas las calles y callejas de mi ciudad. La gente lo inmortalizaba como posesós, deseosós de ganar algún certamen fotográfico sobre cucurbitáceas. Tod?s pensaban que su instantánea obtendría el premio por retratar a la más grande y hermosa, aunque claro, siempre era la misma.
Como decía, Teníamos aquel gigantesco ser vivo por todos sitios, bloqueando algunas puertas y ventanas. Como a mi no me cortaba el paso fui por el pan que aún no había traído esa mañana. Por el camino recogí algunas cosas para una ensalada, el pepino era gratis, a pesar de que algun?s avispad?s le habían clavado cartelitos de se vende aún quedaban muchos cachitos libres.
Lo aliñe todo con su aceite, sal, la lechuguita, zanahoria y otros condimentos. Mientras me la comía puse la tele para ver si hablaban de mi plantita, bueno, la de tod?s.
Había llegado a todas partes, incluso a los parajes más recónditos del mundo. Sin hacer distinción entre países ricos y pobres. Al llegar había roto algunas cosas y la gente se sintió un poco molesta, pero se fue acostumbrando como a una de esas esculturas modernas que hoy día infectan las urbes. Además, había quien, después de mucho tiempo por fin tenía algo que llevarse a la boca. Y, quizás eso fuese lo peor que podía pasar. Lo dijo un hombre rubio, con barba; un americano, economista o algo así que sostenía la idea de destruirla- ási no devaluara nuestro dinero, de que sirve una sociedad basada en el libre intercambio si todo es gratuito.
El herbicida fue cosa de l?s salvador?s de la humanidad. Un retorno a la normalidad entre verde marchito. Y entonces, de repente, amaneció un día en que nada había cambiado y a nadie pareció importarle.
LaRataGris.
El internauta caído
26 agosto 2008Estaba en la cocina, sentado en el suelo sobre unos garabatos que acababa de hacer con rotulador indeleble negro. Más allá se extendían los mismos trazos, en diferente disposición, representando un enorme circuito que le había llevado construir toda la mañana, ahora le daba los últimos retoques.
Algún mueble blanco también había sucumbido a su creación. Antes de que lanzara su herramienta de tinta al rincón más alejado, antes de que cayera como un muerte y dejara descansar su obsesión sobre el mármol verde.
Al entrar, su madre lo encontró con la respiración entrecortada y un gemido constante en el que era difícil entender lo que decía, una frase que repetía mil veces; se ha ido la luz. Llorando lo recogió para llevarlo a la habitación, junto al viejo Pentium XXX modificado que le ayudaba a conectarse a un mundo alejado en el ciberespacio. Extendió los cables mientras su mano izquierda le enredaba el pelo en una lenta caricia.- Ya ha vuelto, cariño. No te preocupes, mami lo arreglará todo- Le rasgó la manga de la camiseta, anundándole el retal que había obtenido en el brazo, buscando una vena donde clavarle la aguja del terminal.
El pinchazo le produjo un dolor intenso y reconocible. Sonrió al sentir las punzadas distanciándole de la realidad. Abrió los ojos dejando que media pupila siguiese escondida en el párpado superior y, al estar totalmente implantado, reinició el equipo con un solo pensamiento. Esquivó la barrera binaria y el mar de información rompió en la paredes de sus vasos sanguíneos. Numeros y colores anegaban sus sentidos virtuales provocándole un leve aturdimiento, una extraña presión. Un olor a carne quemada se iba extendiendo. El cuerpo se convulsionó, las pupilas se dilataron mientras se formaba una frase en su fondo negro:
Este programa no responde,
sobredosis.
LaRataGris.
La casa de los espejos
20 agosto 2008EL HOMBRE QUE NO QUIERO SER
No quisiera que todo lo que dije fuera palabrería vacua. Cascadas de sonidos que se pierden en la corriente de gente sorda. Y, aún así, que he hecho por conseguir uno solo de mis sueños. Si yo mismo no quise escuchar lo que decía. Fui actuando sin pensar que traicionaba mis ideales. Prospere, Amase parte del dinero que critique, incluso lo hornee para que la masa creciera. Cubrí mis pensamientos con trabajo, hipotecas, niños y algo de ilusión en forma de lotería. Escondí los espejos que me enseñaban las canas y arrugas; el ombligo que tapa pies de sátiro.
El alcohol sustituyo la desilusión de los primeros días, la tele por cientos de libros que consumían mi alma en depresiones. Mis cuerdas vocales se transformaron en trompetas y cohetes cuando retransmitían un partido de fútbol. Mis anhelos, llegar a fin de mes. Una carcasa hueca como la de cualquier cobarde…- escucha su mujer la retahíla de este loco al que no reconoce.
Lo mira aterrada, en aquella vieja atracción de feria- ¡ Max!- Mientras el esta en otro mundo, aquel gris que se ve reflejado en el espejo.
Sólo el esfuerzo de tres hombres consigue alejarlo; recuperar su alma para el engranaje que siempre debe rodar en la misma dirección. Después cerraron la casa de los espejos.
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La casa de los espejos no es más que un recinto circular, repleto de espejos, que no para de girar para desorientar así a las gente que entre en su laberinto. Sus paredes reflejan infinitas salidas falsas por las que intentar huir. No importa cual escojas, lo peor siempre se encuentra mirando lo más profundo de tu ser.
LaRataGris.
Operación salida
13 agosto 2008La estrella más cercana al Sol
5 agosto 2008Subido en una escalera metálica, apoyado en la estrella más cercana al sol, peldaño a peldaño voy superando el miedo a las alturas para poder rozar uno solo de los rayos de ese trazo impreciso que es el dibujo de un niño.
Vaporosas nubes grises se transforman en siluetas conocidas que me saludan, que atravieso mientras acarician por detras de mis orejas susurrando que las estrellas pequeñas son más faciles de conseguir, siempre quietas en su balcón de cielo. Y las miro sin desearlas, sabiendo que si sería más sencillo recoger un puñado y echármelas al bolsillo, para regresar por propio pie a la tierra, pero no quiero puntos de luz. Así que continuo mi ascensión por un metal cada vez más rojo, sin que me abandone la idea que me ronda hasta llegar allí donde no puedo continuar.
Miro mi anhelo, solo alargar el brazo y acariciar su amarillo, soñar despierto. A menos que resbale, que pierdo el equilibrio que mi esfuerzo sea vano- ¡No ha de serlo!- con cuidadode no quemarme recojo la pequeñez que sostiene la escalera la guardo, y siento que agujerea mis pantalones escapando, arrancando rabia que dejo allí en recuerdo de lo que nunca olvidare, que la muerte de una caída me privo de arder cuando yo asi lo quise.
LaRataGris.

Escrito por laratagris 











