Ignorarte

2 marzo 2015

-¿Recuerdas? Salíamos a la misma hora, tu me decías: ¿has cogido el móvil?, cuando yo te preguntaba por tu libro electrónico. Si hacía frio caminábamos de prisa, sin hablarnos, con calor bufábamos y para el entretiempo llevábamos el cuerpo tan girado que era imposible pararnos.

En el metro procurábamos sentarnos uno al lado del otro, para poder sentirnos solos en compañía: tu jugabas a romper caramelos yo leía, sin apartar los ojos del e-book hasta que en paradas distintas nos separábamos con un beso instantáneo: m bajo 8*,

Hasta esta tarde ;* respondías en la siguiente estación, con un pitido del mensaje.

Regresábamos separados y nos dormíamos viendo la tele desde el sofá: tu en el chaise-longue, yo en la otra punta, hasta el día siguiente, en el que volvías a preguntarme por mis cosas y yo por lo tuyo. Todo estaba tan perfectamente milimetrado que es ahora, que no estas, cuando me siento perdido y te hablo por que no consigo ignorarte.

LaRataGris


No todos los ciudadanos

4 diciembre 2013

No todos los ciudadanos


El hombre afortunado capítulo 2: Prisionero

11 diciembre 2012

-resumen del capítulo anterior –

En el mundo sólo ha quedado un trabajador,

el hombre afortunado.

Ha resistido crisis y recortes

a cambio de cobrar un poco menos,

de hacer las tareas de todos los demás.

Prisionero

 

Ya clareaba el día cuando Javier quiso apagar el televisor con un proyectil directo desde su cama. Su casa era un cuartucho de apenas cuatro metros cuadrados en el que se las habían ingeniado para meter un ridículo camastro en el que encogía las piernas al chocar con una de las paredes, un sucio orinal y, eso si, una enorme pantalla ocupando el muro en el que tendría que haber habido una ventana al mundo real. La tele suplía en ese momento el pequeño respiradero y, por eso, se encendía sola cada mañana, invariablemente, con un mensaje directo para su único y posible espectador- Buenos días Javier-. Educadamente molesta le ofrecía el parte meteorológico. Le aconsejaba sobre que ropa llevar durante las olas de calor, comprar un paraguas para las lluvias constantes o cualquier otro objeto que la pantalla pensase que podría necesitar. El hombre afortunado se había acostumbrado a todas aquellas predicciones acertadas. Sin preocuparse demasiado adquiría una bufanda, una taza para te helado o bombones de ñu por que el televisor conocía todas sus necesidades o por que las palabras hacían florecer el deseo positivo de una forma sutil e imperceptible, en realidad nunca se lo había planteado.

Toda la programación estaba dirigida para el y ese día salió vestido con un precioso gorro de explorador verde, camisa de manga corta hawaiana, guantes de piel de tortuga, pantalones strawberry, calzoncillos olor a frambuesa y chanclas a juego- aunque se podría haber vestido de cualquier otra manera.- Fuera los guardabots hacían un pasillo entre el tumulto de parados que habían venido a suplicar comida. Tenía que pasar como una exhalación, asustado de que los mendigos le quisieran robar su insignificante fortuna. Por eso jamas vivía: iba del trabajo a casa, de casa al trabajo y si necesitaba comprar lo hacía por la pantalla… el hombre afortunado era prisionero de su propia suerte y nada presagiaba que esta pudiese cambiar.

LaRataGris


Egocentrismo

2 agosto 2012

egocentrismo


El internauta caído

26 agosto 2008

Estaba en la cocina, sentado en el suelo sobre unos garabatos que acababa de hacer con rotulador indeleble negro. Más allá se extendían los mismos trazos, en diferente disposición, representando un enorme circuito que le había llevado construir toda la mañana, ahora le daba los últimos retoques.

Algún mueble blanco también había sucumbido a su creación. Antes de que lanzara su herramienta de tinta al rincón más alejado, antes de que cayera como un muerte y dejara descansar su obsesión sobre el mármol verde.

Al entrar, su madre lo encontró con la respiración entrecortada y un gemido constante en el que era difícil entender lo que decía, una frase que repetía mil veces; se ha ido la luz. Llorando lo recogió para llevarlo a la habitación, junto al viejo Pentium XXX modificado que le ayudaba a conectarse a un mundo alejado en el ciberespacio. Extendió los cables mientras su mano izquierda le enredaba el pelo en una lenta caricia.- Ya ha vuelto, cariño. No te preocupes, mami lo arreglará todo- Le rasgó la manga de la camiseta, anundándole el retal que había obtenido en el brazo, buscando una vena donde clavarle la aguja del terminal.

El pinchazo le produjo un dolor intenso y reconocible. Sonrió al sentir las punzadas distanciándole de la realidad. Abrió los ojos dejando que media pupila siguiese escondida en el párpado superior y, al estar totalmente implantado, reinició el equipo con un solo pensamiento. Esquivó la barrera binaria y el mar de información rompió en la paredes de sus vasos sanguíneos. Numeros y colores anegaban sus sentidos virtuales provocándole un leve aturdimiento, una extraña presión. Un olor a carne quemada se iba extendiendo. El cuerpo se convulsionó, las pupilas se dilataron mientras se formaba una frase en su fondo negro:

Este programa no responde,

sobredosis.

LaRataGris.