Respirar de autómatas autónomos

11 marzo 2013

Respira hondo y se le cae un brazo en el esfuerzo. Vuelve a respirar. Ahora es un acto consciente, se tiene que forzar, no distraerse ni olvidarse. Si se duerme podría ser fatal, dejaría de hacerlo y moriría. Observa el rítmico subir y bajar del pecho, acompasado, obligado.

– ¿ que pasa?¿ por qué no hablas?- Pero el autómata no responde. Se mantiene en silencio. Puede ver, escucha las preguntas y, aunque podría contestar, prefiere no perder el ritmo, necesita seguir atento.

Cuando por fin se va cierra suavemente los ojos, aliviado. Al minuto se despierta ahogado. Tarda un segundo en darse cuenta de lo que ha pasado, mientras su angustia es infinita. Se obliga a no tener miedo y vuelve a luchar por sobrevivir, tal y como le enseñaron los comunicados oficiales- inspira fuertemente y expira. Deja que los problemas se borren de tu mente y concéntrate en no morir. Es es lo único que importa.- Todo el vuelve a funcionar de una forma autónoma, actuando por inercia en aquello que duele mientras contempla la belleza armónica de ser lo que toca cuando toca.

LaRataGris

Anuncios

Viviendo un reflejo

27 enero 2011
συζήτηση

ilustración de Maria Jose Daffunchio.

A veces, me pregunto quién es el creador original de los reflejos. Tal vez sea yo por habérmelo planteado. Mi pensamiento es lo que me aleja de todas las imágenes pero, a la vez, parecen tener una autonomía propia, una forma de desplazarse que no me pertenece.

Yo fui uno de tantos. Me perdía en conversaciones que nadie escuchaba, oía el rumor de una contestación que no me interesaba y al final nos despedíamos con la corrección debida. Todo perfectamente estudiado para no tener que implicar a nuestras ideas. Sólo frases hechas, aprendidas desde la niñez. Una simple mirada, un gesto, podía servirnos para ahuyentar el tedio de la explicación; inclinabas la cabeza con respeto y ya llevaba su hola, adiós y deseo de felicidad. Sin necesidad de diálogo el razonamiento se fue pudriendo. Nos convertimos en máquinas, reflejos de vida, imágenes que necesitan un original del que copiarse.

 

Sin darnos cuenta sustituimos interlocutores por viento. Lanzábamos las mismas palabras, acompañadas de las pausas, los gestos, las intenciones…pero hablábamos solos. Nos entretenían las tonterías de siempre, sin necesidad de réplica. Supongo que eso fue lo que sucedió…yo recuerdo seguir hablando, no sé con quién, de qué, dónde…pero yo decía, eso es incuestionable. Un día me resfrié, algo tan simple y un estornudo me hicieron callar. Aún en silencio escuché las palabras que iba a pronunciar, salían de otra garganta, de dos, de mil, de todo el que me rodeada. Absolutamente todos producían un eco perfecto, duplicaban las voces, los mismos significados huecos. Miré a mi alrededor fijándome en aquellos reflejos de lo que yo mismo era un segundo atrás. Caminaban con la mirada perdida en su destino, se esquivaban como en un acompasado engranaje. Sólo yo, ajeno a la repetición, molestaba su ir y venir.

 

Parecían hablar mientras reproducían algo aprendido hace tiempo. Lo escuchaba en mi cabeza, me pedía salir de nuevo. En ese momento me di cuenta que yo era lo más parecido a la libertad. Podía formar una palabra nueva fuera de aquel flujo. Decir cualquier cosa aunque no tuviese a quién. Grité un algo sin sentido, fue lo único que se me ocurrió, una impotencia, un lamento…unos signos diferentes antes de volver a ser parte del conjunto, antes de borrar de mi mente que, a veces, me pregunto quién es el creador original de los reflejos.

LaRataGris.