Encuentros fortuitos

15 octubre 2018

El otro día estaba dibujando en el metro cuando un chico se me acerco y señalando el dibujo me dijo: “Tengo un problema con eso”.

Le hice repetirse, porque llevaba los cascos puestos, e inmediatamente después miré el boceto preguntándome cual era su problema, es verdad que tengo algunos que pueden ofender pero aquel día era algo muy light.

Finalmente me explico que su problema era que no sabía como dibujar gente de espaldas, que un amigo suyo le había dicho que lo hiciera con triángulos pero no le salía, que le fallaba, sobretodo cuando tenía que hacer un brazo que se veía y el otro quedaba medio tapado. Yo le insistí en que era práctica. Como no se quedaba conforme le dibuje una figura de espaldas. Coloque dos triángulos para los omóplatos y un círculo, antes de darle detalle, representaba el hombro.

Emocionado señaló el círculo y dijo:”se puede hacer también con círculos”

Le respondí que por supuesto y muy contento añadió que eso le abría un mundo nuevo, que con la esfera podía mover fácilmente el brazo.

Hoy estaba dibujando en el metro y otro chaval me ha preguntado si podía dibujar: “por supuesto”, busque un folio pero el quería el que yo estaba usando. Le alargue la hoja y un bolígrafo. Me ha regalado un dibujo antes de salir corriendo.

Me acuerdo una niña que me dijo que algo fallaba, no recuerdo si la nariz, los ojos,… ni corta ni perezosa cogió mi bolígrafo y me explico como tenía que dibujar, otro me dijo que lo hacía muy bien, hay quien te pregunta por técnicas, herramientas que estas usando en ese momento, problemas personales que infieren de tu dibujo, explicaciones del por qué, del cuando, del donde, los que te graban un video…hay quien mira sólo de reojo.

No se si es porque yo llamo la atención, si la gente es así. A mi me divierte, me hacen los viajes muy entretenidos pero, ante todo, me gustaría pediros disculpas si en esos encuentros fortuitos no estoy a la altura. Se que en el metro no os hablo mucho, soy más bien tímido, por eso me escondo tras mis garabatos, aunque veo que no es una profesión demasiado solitaria.

LaRataGris

Un éxito

 

 

 

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Zombies

10 mayo 2018

Zombies

Otra invasión


Peligrosos

2 abril 2018

Retuvieron sus palabras antes de ser pronunciadas. Los encerraron entre cuatro paredes, sin puertas o ventanas al exterior.

Fuera, nosotros, los afines, tejíamos una red de ruidosos silencios, llenas de miradas cómplices, con los que nos indicábamos el camino que cada uno tomaría.

Unicamente gritaban los que, del lado del poder, se sentían seguros de su discurso, un gruñido complaciente con quien paga la fuerza y la convierte en razón.

-Somos libertad- susurrábamos asustados pero sin miedo- somos…- utilizábamos las sombras para movernos porque sentíamos que solo en ellas podíamos estar.

No hay alternativa, la estamos construyendo

LaRataGris

Cucarachas enojadas


Preso de sus ideas

25 junio 2015

Preso de sus ideas


Calla ruido

22 junio 2015

Si esta noche me pierdo, si el laberinto es demasiado oscuro y frio, lleno de callejones sin salida, calla ruido, que los vigilantes no crean escuchar pasos.

Escribir, dibujar, es buscar caminos nuevos donde antes sólo había un muro. Difícilmente invocaremos una salida mágica, nuestro destino es vivir paseando una y otra vez por calles ya vividas, por eso el arte ha de ser un trazador de nuevas vías que intentan incidir lo máximo posible en la realidad.

Nuestra ineptitud, nuestra inexperiencia, nuestra gorda soberbia nos vacuna contra la inteligencia, nos inmuniza para que no protestemos, ese es nuestro camino guía. Es muy difícil que una sola persona alcance el Nirvana intelectual. Necesitamos tejer redes de personas que inviten al pensamiento crítico y seguir avanzando en la construcción de nuestro laberinto.

En el intento de amordazarnos se evidencia lo estrecho que son sus caminos, la dirección única y sin ramificaciones que quieren imponernos. A los laterales de su linea recta existen prisiones para todos los constructores que sean minimamente transversales al sistema. Es allí donde viviremos una gran mayoría, sabiendo que es legal la ilegalidad, que las hojas son laberintos de libertad sobre las que perdernos, aunque les duela la verdad a los mentirosos.

LaRataGris


Las edades del reencuentro

27 octubre 2014

Ácrata no se había dado cuenta pero era un poquito más grande. No por haber crecido o madurado, simplemente habían pasado los años y eso era motivo suficiente como para catalogarlo en su generación. Sus coetáneos eran conocidos como la quinta del robot.

Un día se cruzó en una autopista virtual con Lalo. Habían jugado de pequeños, explicado sueños y esperanzas de adolescentes, luego se separaron sin saber el uno del otro y, ahora, su amigo estaba muy mayor. Sus fotos reflejaban años y daños inexcusables.

Ácrata se preguntó si le habría pasado lo mismo. Se fotografía sobre un espejo y la miró durante trescientos sesenta y dos días y una mañana, hasta que al final admitió lo mucho que había cambiado. -¿ soy un hombre? ¿acaso, eso, varía en algo mi vida?- Con desgana comprobó la hora, llegaba tarde a trabajar.

– Lo siento,- palmeó Jefe su espalda- no eres mal chico pero llegas tarde.

Ácrata respiró hondo- Necesito el trabajo, no podrías pasarlo por alto.- Como nadie escuchó esto último, Jefe se había puesto a firmar albaranes y sellar comunicados, levantó la voz para no desaparecer- Te juro que te lo recuperare.

– Mira,- deja su rutina- no es sólo que llegues tarde es que vienes obsoleto.

– Puedo hacerlo tan bien como cualquier niñato. Me reciclare.

Sin levantar esta vez la vista del papeleo despreció la súplica- Siempre supe que traicionarías tu nombre, que el mal vicio de la comida acabaría con tus convicciones. Yo en cambio puedo honrar el mio. Los nuevos modelos de trabajador no son mejores que tu, no hacen nada nuevo.- esquiva fugazmente los documentos- yo ya estaba contento con como le dabas al botón de tu máquina.- por un instante se pierde en el techo para poder retomar el discurso con más ímpetu- No es nada que tu puedas aprender, es que ellos cobran menos.

– Yo- dudó- también puedo cobrar menos.

-Déjalo estar, sera mejor que no lo liemos, las cosas ya son lo que son.

Reloj marcó las nueve y media, siempre llegaba a esta hora cuando iba al trabajo.- Quizá se le halla pasado. Casi ha estado un año con nos…

– Si, claro- se retorció el señor Sofa- después de todos estos meses mirando la foto se ha quedado lelo, por favor.

– No peleéis chicos- puso paz la luz apagada y la habitación quedó en la penumbra del silencio, esperando a Ácrata. Un murmullo invisible se fue adueñando de la estática del aire.

Reloj marcó la una y treinta y seis minutos.

– Es culpa mía.

– Evidentemente- gruñó Sofa- de haber sido una buena foto no tendrías esas marcas de expresión y hubieses oscurecido su pelo- de repente puerta retumbó asustandolos a todos. Dieron un respingo inapreciable a ojos de Ácrata que entraba arrastrando una bolsa de hambre infinita.

El espejo del recibidor intento que viera su cara más amable, la nevera se escondió sin nada que ofrecerle y la fotografía, como el espejo, igual que le había sugerido Sofa, se retocó para que se sintiese más joven.- Jamás he sido tan niño- conspiró con ellos su vision sin que eso tuviese demasiada importancia. La luz continuo apagada, la puerta se cerró por siempre y Ácrata se diluyo entre las quejas de Sofa.

LaRataGris


El otro hombre

1 julio 2014

Penelope sabía bien como quererse. No necesitaba nada más que sus pensamientos; se tumbaba y se amaba salvajemente hasta acabar rendida, aunque no era sólo eso.

El otro hombre, el que vivía en la puerta de enfrente, no parecía contento con esa actitud. Había conocido a tantos otros hombres, era otro más desde su padre a su ex, pasando por hermano, amigos e incluso su madre había sido uno de esos otros hombres. Le decían que es lo que tenía que hacer, lo que estaba bien y mal, y uno tras otro era más represor, más exigente, más hombre,…otro más queriéndola bien educadita en la vieja escuela. Su vecino lo era, todo un incordio insufrible.

Al final, cansada, había llegado a un acuerdo con ella misma, les iba a dejar hablar siempre que no la tocasen, aunque pocas veces se conformaban con eso. Ellos querían protegerla, ese era el cuento que le explicaban, estarían guiándole hasta que encontrase su hombre diferente, el único e inalcanzable que, ella, tampoco quería. Se sentía hastiada de todo aquello, de las quimeras y la normalidad, unicamente necesitaba que una persona la quisiera y esa era ella misma. Ninguno de los otros hombres, solo Penelope sin querer huir.