Cariño programado

5 noviembre 2019

Era un muñeco precioso, de mil detalles: sus ojos verdes, la nariz juguetona, la media sonrisa, el pelo, los brazos, la forma de sentarse y su millón de complementos: ropa, mansión, casa de vacaciones, palacete, pisito, coches, moto, avión,… comida de plástico, caviar, champan y unas velas.

Al apretar su barriga te quería con una voz aguda y sin tonalidad alguna. En su pecho derecho habían grabado una petición de fidelidad, en el izquierdo no tenía nada. Exigía abrazos y caricias de una forma sistemática, cada tres horas te recordaba que estaba allí dispuesto a ser amado, achúchame.

Nick era el muñeco favorito de todo el mundo, la gente tenía, como mínimo, uno por casa, uno por persona si se lo podían permitir, para evitar los celos.

Se le trataba a cuerpo de rey, el protagonista de todas las historias, tu consejero si lo necesitabas. Podías preguntarle cualquier duda moral aunque, en realidad, él tenía un discurso constante. Te miraba con sus fríos ojos de monigote, mientras tu rodeabas su cuerpo inerte, anegado en sollozos entrecortados. Jamas movería un dedo por ti, por mucho que te amase.

Encerrados en aquel mundo la gente, cada vez más, estaba necesitada de alguna palabra, un gesto que los llenase de esperanza.

Fue entonces cuando la compañía lanzó a la venta la serie dos K, con un brazo articulado que cualquier usuario podía manipular para obtener el gesto adecuado. La vida volvía a brillar

LaRataGris

vacas


Una linterna sin pilas

4 diciembre 2008

El señor T. que no necesita trabajar, está muy contento porque se ha comprado una linterna. Normalmente no se la podría pagar con el dinero que le da su madre, pero, ¡qué demonios!, un día es un día; y en el anuncio se veía tan bonita.

Los primeros días son geniales, hace sombras, deslumbra a la gente por la calle, lee libros bajo las mantas,…, puede hacer tantas cosas con su fantabulosa linterna que cuando empieza a perder intensidad se siente un poco apenado, y al final, con las pilas gastadas, su mirada se apaga con la de ella.

Durante un par de días se siente triste y solitario, al terceroo decide pedirle un aumento a su madre, pero ella no quiere dárselo.

El señor T ha encontrado trabajo en el centro de la ciudad, aprieta torinillos a unas máquinas que no sabe ni qué son. Con su primer sueldo compra las pilas más potentes y duraderas para su bella linterna. Ya no tiene tanto tiempo para disfrutarl, pero aún le queda algo.

Al mes y medio de trabajo se da cuenta de que pierde mucho tiempo en el camino a la fábrica y se compra un coche. Ha tenido que hipotecar su pisito, pero todas las mañanas va como el viento por la carretera.

El coche no gasta mucha gasolina, pero aún así le supone un gasto. Hasta que deje de pagar la hipoteca el señor T hará horas extras, no le pagas mucho, pero le llega para la gasolina, y con el tiempo que ahorra en el camino, tiene más para jugar con su linterna. Lástima que ahora gaste más tiempo trabajando, “pero, ya verás cuando acabe con la hipoteca”-piensa. También piensa que ya que tiene coche debería cuidarlo un poco. Precisamente ayer vió unos alerones fardones anunciados en T.V. Salieron dos días después de comprarse el coche. Si lo hubiera sabido se habría esperado, pero ahora no puede volver atrás. Y, entonces, el señor T, que necesita trabajar para vivir, se pone muy contento porque se ha comprado unos alerones. Normalmente no se lo podría pagar con…

LaRataGris.