Mundo de colores

18 enero 2016

Dejó los pinceles sobre la mesa y su mundo desapareció. La realidad era tan aburrida, carente de reinterpretaciones que la hicieran crecer. Allí, fuera de su infinito de colores, no era más que un humano pequeño, una mota de polvo.

Sus manos empezaron a temblar asustadas, sus ojos, empañados, le suplicaron que recuperase sus herramientas- y, -sus labios agrietados intentaban ordenar el torrente de ideas que golpeaban su cabeza- y si mientras nos alejamos destruyen nuestro interior.

El pincel volvía a bailar entre sus dedos- yo- era una palabra tan difícil de sacar. El exterior rugía hambre, existían compromisos previos- yo- obligaciones, trabajo, sumisión- Yo- se pintó una sonrisa de color verde- yo….ya comeré. Ahora quiero pintar, estar vivo en el desorden de trazos mal dados. Mi mundo necesita crecer- y de un portazo abrió la puerta al país donde quería ser enterrado.

LaRataGris

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La puerta intermitente

28 julio 2014

No siempre se abría. A veces era como una pared, con cerradura y picaporte eso si. En tantas ocasiones la abría para salir a la calle y ella daba a un patio andaluz, le llevaba a Groenlandia o al espacio exterior donde lo pasaba francamente mal sin la camisa de fuerza adecuada y con un vacío tan pesado que lo mataba.

De regreso no siempre acababa en su hogar, creo que eso sólo paso una o dos veces y para entonces ya no le pertenecía. Hombres simios la habían adquirido, por mucho menos de lo que el tampoco podía pagar y amueblada, en una subasta pública.

Un día, cualquiera que escojas estará bien, el señor agente, muy educado y extremadamente poderoso con todas sus armas legalizadas, llamó a su puerta intermitente para informarle que aquello que hacía era allanamiento de morada y que tenía que irse. A cambio, por supuesto, le regalo varias puertas recias con rejas que no sabían explicar historias. Siempre desembocaban en el mismo cubículo gris donde nada importa y ya nada se puede.

LaRataGris