Carretera perdida

14 enero 2019

Su camino llegó a un punto muerto. Un no lugar que se abría carente de atractivo o promesas.

-¿Cómo es posible?- respiró en la soledad -¿Quien habrá construido una carretera a ninguna parte?

Tras él la huida fácil, podía regresar derrotado. Era tarde y se sentó a esperar, Como si eso fuese a generar una nueva vía.

Aquella noche, como en un cuento de navidad, le visitaron tres fantasmas. El primero le trajo una historia vieja y olvidada por la mayoría, el segundo solo se tomo una taza de café y cogió un poco de calor de una de las brasas antes de seguir camino, el tercero, de aspecto él mas terrible, deformado por los años y el peso de la realidad, fue el más amable de todos, aunque no traía nada que contar.

– Tendrás que equivocarte tu.

Al amanecer se despertó con el cuerpo pesado, cansado del duermevela de la noche. Por delante no tenía un sitio al que ir y nadie le esperaba detrás.

-Lo mejor- se dijo- será que Yo mismo me construya un espacio sin depender del camino de otros.

Se hizo a un lado y, aprovechando la estructura de su coche, levantó una pequeña casa en la que vivir. Tenia reservas suficiente hasta que el huerto diera sus frutos y, si alguna vez aparecía alguien más, habría espacio para todas.

LaRataGris


El último hombre sobre la tierra

5 diciembre 2017

Nada hacia pensar en Juan como alguien extraño. En términos generales era como cualquier otro hombre: un bípedo de orgulloso colgajo balanceándose ajeno a su voluntad. Era, en el sentido más clásico del término, un macho de homo sapiens, aunque quizá tu quieras catalogarlo como a un neanderthal. Puede que esa forma de comportarse tan simiesca fuera lo que más resaltaba en comparación a otros humanos, daba igual del genero que fuesen.

Evidentemente no pertenecía a este tiempo, aunque él se sentía pegado al lugar. Se creía el dueño de todo y todas. Sus padres lo habían educado como a un todopoderoso, un amo sin poder real, vestigio de otra realidad que, en realidad, quedaba lejos. La gente, algo más evolucionada, había empezado a mirarlo como a un bicho raro, sin cabida en el mundo. Y el mundo, que giraba incluso con él, hubiese sido un lugar más tranquilo sin sus tonterías. Por eso al morir, aunque desaparecía el último hombre sobre la tierra, se acababa una especie, nadie lo echo de menos, nadie intento salvarlo.

LaRataGris

Y de mono a cucaracha en: Payhip o Comic Square


Llegada a la tierra

26 marzo 2015

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La puerta intermitente

28 julio 2014

No siempre se abría. A veces era como una pared, con cerradura y picaporte eso si. En tantas ocasiones la abría para salir a la calle y ella daba a un patio andaluz, le llevaba a Groenlandia o al espacio exterior donde lo pasaba francamente mal sin la camisa de fuerza adecuada y con un vacío tan pesado que lo mataba.

De regreso no siempre acababa en su hogar, creo que eso sólo paso una o dos veces y para entonces ya no le pertenecía. Hombres simios la habían adquirido, por mucho menos de lo que el tampoco podía pagar y amueblada, en una subasta pública.

Un día, cualquiera que escojas estará bien, el señor agente, muy educado y extremadamente poderoso con todas sus armas legalizadas, llamó a su puerta intermitente para informarle que aquello que hacía era allanamiento de morada y que tenía que irse. A cambio, por supuesto, le regalo varias puertas recias con rejas que no sabían explicar historias. Siempre desembocaban en el mismo cubículo gris donde nada importa y ya nada se puede.

LaRataGris


Plantando estrellas

13 diciembre 2012

plantando estrellas


El señor bebe

25 junio 2012

No hay viento en la nave estelar. Las bombas renuevan el aire de una forma suave y silenciosa mientras educadora nos cuida. Mañana llegaremos a la tierra. Miramos por las ventanas esperando ver algo diferente a lo que nos hemos encontrado durante todo el viaje pero solo hay estrellas sobre fondo negro, tampoco sabemos que buscar. Nuestro mundo es únicamente una referencia en los monitores, la descripción de algo que deberíamos amar pero no hemos vivido. Somos los privilegiados a los que nos pudieron pagar una buena guardería.

Educadora anuncia con su voz metálica la reentrada. Comprobamos que todo este listo y nos sentamos a esperar en unos pupitres que se nos ha quedado pequeños. El ordenador recita uno a uno el nombre de los supervivientes y nos ponemos en pie para recibir los diplomas. Siempre con sus frases amables le sonreímos a la pantalla con todos nuestros logros.- Jack, ven aquí pequeñín.- Acaricio sus teclas y dejo que me arrulle por última vez mientras se imprime el título. Quince flamantes bebes preparados para el futuro. Empieza a hacer calor y sabemos que ya estamos cayendo.

No reconocemos a nuestros padres. Los rostros que nos esperan envejecidos podrían ser los de cualquiera. Educadora nos indica a quienes abrazar, también indica los muertos de uno y otro lado durante la espera. Algunos se han quedado sin familia yo, en cambio, puedo querer a Amanda que me recibe con lagrimas en los ojos, papá no existe. Es un encuentro breve, un saludo ligero antes de empezar el colegio. Le entrego el diploma para que se pueda sentir orgullosa y lo enmarque, le doy un beso en la mejilla y me despido agradeciéndole mi educación. El único jardín de infancia con viaje final de curso a Orion, experiencias que nadie más me podía dar… que más da que sea un señor bebe de cuarenta y tres años a punto de aprender a leer y escribir.

LaRataGris


Perdido en un mar de miedos

8 agosto 2009

Perdido en un mar de miedos