Ícaro

27 mayo 2011

Cuando crecí, al perder mis alas y asumir derrotas, mis pensamientos se fueron deshaciendo. Empecé a caminar desorientado, incapaz de alejarme de las flechas que indican la dirección de las baldosas amarillas. Todas las teorías desaparecieron y la realidad me fue empujando para que no perdiese el tiempo y cumpliese mi objetivo en la vida. Había dejado de ser un niño.

Las responsabilidades, los compromisos eran cada vez más insistentes. Me pedían que hiciera, que dejara de hacer, que no me quejase, que sonriese, que asumiera sus ideas como propias y mi existencia no tuviese sentido sin que mi sangre no fuese las consignas de la empresa. Cada día era más largo y pesado que el anterior, ya no tenía fuerzas.

Consumido, en mitad de la oficina, cerré los ojos y deje que los recuerdos me hicieran llorar- Te quemaras-. De las ensoñaciones me traje las plumas olvidadas, las pegue con cera y salte al vacío desde la octava planta. Planeé cerca del sol y todo volvió a ser como cuando era pequeño, y volar aún no estaba prohibido.

LaRataGris.

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