Hacía frío, un frío que le cortaba la piel como un cuchillo al rojo vivo. Aún así se desnudó después de rozar con la yema de sus dedos el cálido caldo del cielo más profundo.
Había escalado la cumbre más alta del mundo real y había seguido un poco más allá.
-Ya está- Le susurraba el viento sin que fuese suficiente-. No necesitas subir más.
Pero claro que lo necesitaba.
Fabricó unas alas y, como Ícaro, se impulsó con ellas un poco más arriba hasta zambullirse en el líquido en el que flotan las estrellas.
Nadó por todo un día. Se dejó acunar hasta que cansado del remojo quiso bajar. La corriente lo había mecido hasta que el pequeño espacio que había entre él y el pico ya no estaba; la deriva lo había alejado hasta que la distancia desde la tierra hasta él era la misma que hubiese tenido que nadar para llegar a la luna.
Intento desplegar sus alas de cartón, arrugadas y mojadas, inservibles.
Pronto sería de noche y tendría frio, ya no le daba calor la novedad y la caída era considerable.
Asustado y sin más opciones tomo una fuerte bocanada de aire, se sumergió, nadaría hasta que despuntara el alba, hasta llegar a salvo a la luna.
Vuela, baila, canta, berrea; imagina dragones dorados y se defiende de ellos cuando es necesario; se hace su amiga, juegan juntas. Princesa y guerrera, Walkiria, rayo de luna, corazón y rabia. Sabe rescatarse.
Sus deseos multiplicados por mil, un infinito inexplorado del que aprendo y con el que puedo vivir.
Si eres habitual por aquí ya sabrás que a mi por Sant Jordi, o en cualquier ocasión, me gusta regalarles un fanzine a mis cachorros, algo que no se puede comprar. Este año, con el tema del confinamiento, esperando a mi librero, la ocasión era ideal. Por eso me puse manos a la obra.
En esta ocasión e utilizado un formato más reducido, algo similar a las tiras cómicas de prensa.
Es curioso como esa elección me ha condicionado en algunas decisiones, puedo decir que he aprendido algo por el camino. En fin no me enrollo, si te lo quieres leer puedes hacerlo clickando en:
Cada día amanecía un Sol nuevo. Un Sol que no era peor o mejor estrella que la anterior.
Habíamos aprendido a ignorarlo, simplemente estaba ahí, la luz y el calor necesario para la vida y, la vida, era todo eso tan cotidiano.
Él se sabía indispensable hasta que llegaba la noche y el astro moría arropado en el manto de ella, languidecía hasta consumir su último rayo.
Enamorada de la luna, Rosalía, solo caminaba cuando el ya había desaparecido. Le declaraba su amor al firmamento juguetón, mientras lo esquivaba a él.
-¡Arrrgh!- Grito el hijo del millonésimo sol- Falta una de mis ovejas. La han de enterrar en mi presencia si es que ha muerto- Rugió como un salvaje hasta que el resto de puntitos le hizo caso.
ya no podían seguir ignorando su calor. Estaba enfadado y exigía un sacrificio.
Buscaron a la mujer escondida entre las sabanas blancas de pereza.
– ¡Bruja!- El juicio no era necesario, la arrastraron del pelo hasta la plaza pública, protegida unicamente por una piel suave y apetecible.
-La ley- Dijo el sol- es inmutable. Nazco y muero por vosotros, quien no entienda el amor que me ha de profesar se consumirá conmigo.
-Jamas podre amarte- Le desafió ardiendo como el nunca podría
-¿Te atreves a ni siquiera fingirlo?
-No seria justo- Así fue como escribió su propia condena mientras que el resto aseguraba que el sol, más bien fingían, que ese sol no les pedía sumisión.
La habitación temblaba a la luz de una vela. De repente un soplido calmó la inestabilidad.
Cerró los ojos para hacer más evidente su nuevo estado y, en la oscuridad, dejó que los sueños la alcanzaran. Pero no era perfecto, pequeños rayos de luna se colaban por las rendijas de la ventana, se clavaban como finos alfileres de luz.
Así pasó una hora, dos…
-Arrrgh!!!- Gritó al ver llegar aquel sol impertinente, cortando la oscuridad con sus lancetas bien afiladas- iEs demasiado pronto!- Bramó furiosa. Pero ya estaba todo escrito: El girar de la Tierra, el día, la noche, su muerte… sin saber el cuando ni el por qué, moriría y, ahora, se veía obligada a no resistirse a los cambios cotidianos, ya estaba muerta sin la libertad de decidir.
-iNo!- todo en ella se había convertido en un grito que no buscaba solución. Debía aprender un como asesinar al sol, la luna, pero no sabía como hacerlo y era más sencillo seguir chillando.
Me contó la luna que en mis entrañas habitan seres del averno, que les escucha roer mis huesos al caer la noche. Por eso soy tan frágil cuando me golpea.
LaRataGris
Y, aunque puede que lo continúe, acabas de leer el microrelato con el que participe en el concurso propuesto por Esther Magar. En su blog puedes leer el resto de obras de todos los que participaron