La civilización del asesino

13 marzo 2017

Caminaba recto, erguido como una tabla de madera, la cara mirando al sol. Su voz, profunda como la boca de un lobo, era potente, segura. Sabia lo que quería y exigía, ordenaba a su antojo. Estaba en un puesto de responsabilidad máxima, donde se le permitiría cualquier locura. Le habían asignado un equipo al que maltratar, que le odiaba por lo que representaba pero más por lo que era. si hubiesen podido le habrían clavado un cuchillo en el cuello. Aunque ahora, evidentemente, eran más civilizados, tanto que unos tenían que exigir mientras los otros callaban. Era una sociedad de expectantes asesinos que jamas se liberarían de sus restricciones.

LaRataGris

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Los miedos del frio

14 noviembre 2016

Mamá siempre decía que tenía que alejarme del frio. Aun puedo recordar su voz asustada advirtiéndome: “allí habitan peligrosos gigantes”

Pero ¿cómo te alejas cuando vives en mitad de un desierto helado?

Por las noches me escondía en cuevas hechas de curtidas pieles, con la esperanza de que no buscasen allí. Los días, en cambio, los llenaba de pasos sigilosos, miradas fugaces hacia todos los puntos cardinales y respiración asustadiza por las pequeñas sombras que pueblan los rincones. Jamas baje la guardia, nunca me tope con alguno de mis temores. Viví en el miedo de lo que nunca sucedió. Es la edad la que finalmente me ha atrapado y no estaba avisado de esta fragilidad.

Tal vez si mi madre me hubiese dicho:

Aquí habitan gigantes, si alguno te molesta matalo, que sientan ellos el miedo”, Y no que ahora me encuentro viejo para esas heroicidades y no puedo resucitar contra ellos.

LaRataGris


Morir de madrugada

16 marzo 2015

Murió en carretera, igual que había malvivido el último año. Con el sueño de un lugar que se acerque a las estrellas, ¿De qué sirve soñar ahora? Caminó por las ciudades perdidas, donde cada edificio ocupa su lugar para que todo sea un caos controlado. Durmió junto a los parias, al lado de los mejores y los mucho mejor, que hasta el enemigo da calor en un invierno de calle.

Adiós amigos, escribió sobre sus labios fríos y, su compañero de cama de aquella noche, le robo un beso de palabras antes que vinieran a recogerlo: para los días de congelarnos, le abrazó, chao bohemio, buen viaje. Dejó sobre sus parpados entornados, escrito suavemente con las ásperas yemas de los dedos: Es de los que vagaban en vida, uno de los nuestros, permítele pasar, para que así el barquero supiese que si iba sin paga era por que se la habían robado para comer, nada más.

LaRataGris


Solo ante nada

13 octubre 2011

Solo ante nada