Blancanieves gris

3 septiembre 2012

Todo el mundo odia a Blancanieves. Nadie es más bonita que ella, más perfecta, agradable… tan jodidamente buena que jamas se burlaría de todos y cada uno de sus inferiores pero, aún así, no dejan de despreciarla.

A generado una silenciosa competición en la que cualquiera se acerca para ver como levanta más simpatías que el mito. Se sientan a su lado y, sin que ella parezca saber nada, buscan la aprobación de sus iguales. No lo dicen abiertamente pero: Soy tan imperfecto como vosotros ¿me queréis, verdad?. Contra peor es el engendro más tierna y comprensivas las miradas.

Ella escucha cada crítica susurrada. Se muestra impasible, no dice nada mientras la despellejan y la vejez se hace evidente. Únicamente puede pensar: cada día son más niñas las que vienen a destronarme. Se fabrica una máscara tras la que esconderse y sus manos… las manos se arrugan sin remedio: ¿ Dónde ocultarlas?

La gente, con los años, deja de reconocer a la anciana como la que fue. Podría ser la misma madrastra que la enveneno, podría envenenar por un recuerdo de su juventud. Cuando ya no puede más con el peso de la careta sustituye su yo actual con una estatua de sus mejores años y, la gente que no quiere darse cuenta, siempre regresa para tener algo tangible que odiar. Su propio fantasma también se sienta al lado de su memoria, buscando la ovación que siempre le negaron. Ahora es horrible, decrepita, ni un reflejo con el corazón teñido en amargura. Pero nota que la quieran al compararla con su leyenda, la vitorean más que a nadie y vuelve a ser más que ellos, de nuevo les gana mientras, la turba, se entretiene en perseguir el segundo de su declive.

LaRataGris.


Sombras de poder

7 septiembre 2011

Nadie conocía aquella habitación en la mansión de los sirvientes. Se escondía entre sombras, tras una puerta cerrada con siete llaves y mil cerrojos. La habitaban seres olvidados que alguna vez habían sido humanos o al menos lo habían intentado. Era un pequeño club que pagaba a todo el personal. En apariencia no daban ordenes, no se relacionaban con sus esclavos y no existían. El viejo caserón era una buena tapadera para cualquier magnate excéntrico que quisiese pasar desapercibido o para una sociedad secreta que prefiriese mantenerse en el anonimato, desviando la atención.

Entre los mayordomos uno siempre tenía que ejercer de señor para levantar el menor número de sospechas posibles. Vivía a cuerpo de rey por tener un comportamiento disoluto y una actitud relajada ante la vida, se dejaba llevar.

Un día, en aquella habitación en la que no se ocultaba ni salia el sol, el cónclave observo a través de las pantallas que vigilaban el mundo, como este caía en un caos terrible. La gente empezaba a pedir libertad, a exigir derechos y ayudas para sobrevivir a la desesperación. Los amos del planeta se reunieron temiendo su final.- Hay demasiados pobres- gemía el semidiós más anciano- debemos suprimirlos- y todos aplaudieron la propuesta siempre que se hiciese de forma discreta y sin poner en peligro al grupo.

Mediante una circular interna ordenaron a sus operarios que iniciaran una campaña de apoyo a la pobreza, que se solidarizasen y preparasen el envío de todas las manzanas envenenadas que hiciesen falta, que las disfrazasen de manjar y la ofrecieran a los más necesitados para que el veneno pudiese arreglar los excesos de la propia guardia.

La operación fue todo un éxito acabaron con todos los que sobraban y, como siempre, nadie se entero.

LaRataGris.