Canción de viento

6 noviembre 2013

-Viento- susurra calavera- me siento tan sóla sin tus caricias. Rodeada de tierra, junto a cráneos rotos, olvidados y silenciosos… shhhhi, silencio, que no me escuchen los malos con sus ráfagas que hacen mudos de ojos vacíos y cuerpos inertes. Se tu mi mensajero, a ti no te harán nada. Ululale a mi amor lo que yo ya no canto; dile que si no yace a mi lado, si no ha caído en alguna fosa común, rellena de huesos de guerras perdidas, de sueños y esperanzas por detener el fascismo, si aún camina sobre nuestras cabezas seccionadas, que deje de buscarme que la muerte es fría y la vida deliciosa.juan-lopez-de-ael-1

-Calavera- se cuela el viento entre las rendijas del mundo- conozco tu historia y la de los que quemaron tu carne por que no podían vencer tus razones. Siempre canto a los desheredados que no tienen muros sólidos que me detengan, siempre mis palabras de viento se hacen eco de tu dolor y el de los tuyos. Pero quien más puede no quiere escuchar y quien quiere no puede cerrar su herida con mis excusas.

Ella mana gritos por encontrarte, nunca detendrá sus batallas. Esa es su vida, vencer donde a ti te silenciaron.

LaRataGris

Imagen: Juan López de Ael

Poema: LaRataGris

Voz: Héctor Bermúdez Pérez

La poesía no muerde


La ciudad hipotecada

10 septiembre 2011

Esta escrito en la historia de los objetos, en las piezas con corazón que llenan mi ciudad. Hay mucha gente que no sabe leer entre las líneas de lo que le rodea y le pasan desapercibidas las cosas pequeñitas e insignificantes. Saben escuchar muy bien los ruidos fuertes, las palabras agitadas y las mentiras que quieren ocultar la realidad.

El poder contrata asesores que les traduzcan los relatos y sean capaces de reescribir finales a callejones sin salida, plazas sin bancos y fuentes sin agua…

Esta narración es real, sucede en mi barrio ahora pero comenzó con la crisis. Justo en el instante en que unos ricos decidieron que necesitaban más, que jamás sería suficiente y, mis vecinos, empezaron a no tener para pagarles. Se vieron obligados a coleccionar facturas, recibos impagados y esquivar el hambre y la sed con ingenio o, más bien, con lo poco que no les habían quitado aún.

Pero esto no sucedió, no lo vio nadie o no lo quisieron ver. La pobreza se quedaba de puertas para dentro y en la calle tenías que leer para enterarte de lo que le estaba pasando a gente que te había rodeado desde que eras pequeño. Los políticos lo hicieron lo mejor que sabían, que no era demasiado. Únicamente descifrando el cariño de la fuente se entendía la tristeza en los rostros de los desheredados.

Aquella fuente había estado allí desde que yo recuerdo. Pocas personas se paraban a beber de ella pero cada vez más llenaban garrafas y cubos para completar los grifos que no se podían permitir y tener un poco de agua potable en casa. Se formaban colas con todas las razas representadas, inmigrantes y autóctonos podían llegar a formar una cadena de peregrinos en busca del tesoro líquido. El único rasgo común de todos ellos era el de ser pobres sin futuro.

La izquierda, más preocupada por el dinero que no les llegaba para obras sociales, no se dieron cuenta de sus hijos caídos, no pensaron que a veces la mejor obra es la que ya esta hecha. Miraban para otro lado cuando la derecha reinterpretaba el cuento y hablaba de delincuencia juntándose, ladrones que le costaban demasiado al ayuntamiento. Arrancaron la fuente, cerraron las heridas de la tierra el mismo día y les explicaron a todos que el que quisiera agua tenía que contratarla, pagarla de su propio bolsillo e hipotecarse junto a la ciudad que no les pertenecía, vivían del aire prestado hasta que encontrasen el objeto que les permitía tanto.

LaRataGris


Sombras de poder

7 septiembre 2011

Nadie conocía aquella habitación en la mansión de los sirvientes. Se escondía entre sombras, tras una puerta cerrada con siete llaves y mil cerrojos. La habitaban seres olvidados que alguna vez habían sido humanos o al menos lo habían intentado. Era un pequeño club que pagaba a todo el personal. En apariencia no daban ordenes, no se relacionaban con sus esclavos y no existían. El viejo caserón era una buena tapadera para cualquier magnate excéntrico que quisiese pasar desapercibido o para una sociedad secreta que prefiriese mantenerse en el anonimato, desviando la atención.

Entre los mayordomos uno siempre tenía que ejercer de señor para levantar el menor número de sospechas posibles. Vivía a cuerpo de rey por tener un comportamiento disoluto y una actitud relajada ante la vida, se dejaba llevar.

Un día, en aquella habitación en la que no se ocultaba ni salia el sol, el cónclave observo a través de las pantallas que vigilaban el mundo, como este caía en un caos terrible. La gente empezaba a pedir libertad, a exigir derechos y ayudas para sobrevivir a la desesperación. Los amos del planeta se reunieron temiendo su final.- Hay demasiados pobres- gemía el semidiós más anciano- debemos suprimirlos- y todos aplaudieron la propuesta siempre que se hiciese de forma discreta y sin poner en peligro al grupo.

Mediante una circular interna ordenaron a sus operarios que iniciaran una campaña de apoyo a la pobreza, que se solidarizasen y preparasen el envío de todas las manzanas envenenadas que hiciesen falta, que las disfrazasen de manjar y la ofrecieran a los más necesitados para que el veneno pudiese arreglar los excesos de la propia guardia.

La operación fue todo un éxito acabaron con todos los que sobraban y, como siempre, nadie se entero.

LaRataGris.


Crisis y revolución

27 junio 2009

Crisis y revolución