La silla en como sentarse

21 abril 2014

Siempre que se organizaba algún evento importante en el que sentarse; a ver una peli, escuchar un recital, oír algún discurso, comer o simplemente estar allí, sentado, Lady estaba invitada. Sin ella era como si no hubiese pasado nada.

Era la famosa inventora de una revolucionaria forma de sentarse. En una época en la que las novedades eran escasas y todo parecía dicho su revolución calo hondo. Giraba sus pies a izquierda y derecha, emitía un gruñido parecido al graznido de un cuervo y con un pequeño bamboleo de su culo de pollo deshuesado podía sentarse en cualquier silla. Hasta aquel instante todo el mundo lo hacía de la misma manera. Existían pocas variaciones y casi siempre motivadas por el físico o las condiciones físicas de los lugares, jamas hubiesen imaginado variarlo en función del estilo o locura personal. Sin importar la vestimenta, la condición social, tus capacidades intelectuales,… Todos copiaban sus pasos, ella los patento, los versioneaban, buscaban su propio ritual para pre-sentarse, todos querían ser originales transgrediendo de la misma manera, con idéntico esfuerzo. Tan motivados estaban que un humilde albañil le arrebato los focos al hacer como ella pero unicamente sobre sillas de respaldo granate. Se había especializado y perfeccionado hasta tal extremo que Lady fue borrada de la historia y Pedro introducido en la fugacidad adecuada.

LaRataGris


Princesa revisitada

20 julio 2010

Un día la Bella Durmiente se despertó harta de ser un estereotipo. Miró sus lacios cabellos rubios, los pómulos sonrosados y le preguntó a su espejo, espejito quién era la más bonita.-Blancanieves- respondió al instante- no cabe la menor duda-.

Suspiró aliviada. Ya no quería competir por ser la más hermosa, necesitaba que la valorasen por algo más y, con esa idea, abandonó su torre de marfil descolgándose por la ventana con una cuerda trenzada con su propio pelo.

Atravesó el patio da armas llevada por botas de siete leguas y se acercó a la sastrería del pueblo. Allí esperaba encontrar algún valiente sastrecillo que le tejiera un traje, símbolo de su transformación de mariposa a gusano. Pero se había ido a matar gigantes y el del emperador seguro que le cosía un vestido demasiado rimbombante y esperpéntico, para nada acorde con su estado actual.

Acostumbrada a no solucionar nada se derrumbó. Al fin y al cabo vivía en un palacio en el que, el día que se levantaba, ya lo tenía todo hecho. Aquella situación era demasiado para ella. Llorando en una esquina la gente se acercaba para ver qué ocurría. Apenados de ver una chica tan guapa llorando, con el maquillaje resbalándole por los pómulos le preguntaron qué le pasaba, si necesitaba algún príncipe azul que la rescatase. Entre sollozos explicó su historia, lo desgraciada que era por ser feliz y lo mucho que le gustaría dejar de comer perdices y ser una más del pueblo, igual que el príncipe que se convirtió en mendigo.

Hasta el gato se rió de su sombra mientras desaparecía raya a raya. Estaba sola, con la corona aboyada, la seda rasgada y la cara manchada de camino. Era un despojo sin dinero y con tanta hambre que se hubiese comido hasta un guisante que hubiese estado mil y una noches bajo cien colchones. Así que regresó por el camino de baldosas amarillas, pensando que la próxima vez le pediría a su papi un chandal de terciopelo azul, a juego con sus zapatitos de charol rojo. Se rizaría el pelo para poder jugar con sus bucles dorados y se entretendría en buscar nombres extraños perdidos en sopas de letras…cualquier cosa antes que volver a arriesgarse con la vida.

LaRataGris.