Tostadas mojadas

19 enero 2021

Pasados por agua

Hay poca gente que lo recuerda pero hubo una época en la que a los delfines se les llamaba tostadora. Todo el mundo tenía una en el salón de su casa; por estatus y por tener tostadas frescas cada mañana.

Colocaron enormes, aunque no lo suficiente, peceras para que no se les muriesen las tostadoras.

Metían rebanadas de pan por su espiráculo y, en apenas diez minutos, esperaban que estuviesen hechas.

Tostadora: dícese del animal acuático que permite hacer tostadas para desayunar.

El diccionario era claro en su definición pero un grupo de activistas pro-cereales comenzó a acusar a los mamíferos de no tostar bien. El propio animal dejó de saber como actuar. Se ahogaba con las rebanadas o, en el mejor de los casos, cuando conseguía sacar el trozo de pan, disparaba el pan mojado y sin torrar.

Una comisión de expertos en nada empezó a debatir en el congreso, llegando a la conclusión perfecta

-Que lo gestione el servicio el servicio técnico de la empresa comercializadora.

La empresa productora de delfines comenzó a recibir devoluciones hasta que el operario tres mil veintisiete abrió el aparato en busca de algún fallo.

-Sienten y lloran- la información se desplazó escalando puestos, como un reguero de pólvora, hasta caer en manos del director general -las tostadoras están vivas.

Quemó las pruebas y dio orden de buscar una nueva forma de calentar el pan. Pasaron por leones y moscas, mocos deshidratados, tostaron a martillazos, cualquier cosa que los mantuviera en la cresta de la ola. Hubo muchos fracasos hasta llegar al actual aparato que hoy habita en nuestros casas.

Epilogo:

Muchas tostadoras fueron liberadas, otras murieron sin ver nacer el sol. Las que sobrevivieron parecían gritar al fin, el ultimo animal encontrado, el delfín. El nombre fue calando en la sociedad, que no tenía ganas de complicarse más de lo necesario. Hasta hicieron por olvidarse de lo que habíamos provocado por demasiado tiempo.

LaRataGris


Control apocalipsis

13 octubre 2014

Dentro del televisor una imagen de otra pantalla, en este caso apagada. Un guante pegado con cinta aislante a un traje amarillo apareció entre ambos, encendiendo el segundo aparato.- El ébola- comenzó a leer entre tartamudeos- ha puesto a nuestro país en el mapa internacional. Por fin se nos tiene en cuenta.- Acto seguido el mismo guante le dio al botón y el presidente del gobierno dejo de estar allí.

– Un, dos y- el director bajó la batuta para dar la entrada de los primeros acordes del pasodoble. El tren de alta velocidad se acercaba lentamente al anden, como si diera pie a los curiosos para que se aproximaran al sonido de la orquesta. Estos, los cotillas, llegaban con vítores y aplausos, intuyendo una visita importante.

Los primeros en bajarse fueron unos agentes que intentaban pasar desapercibidos cuchicheando entre ellos por el pinganillo implantado. Uno asintió con la cabeza y los músicos se apresuraron para que las últimas notas coincidieran con la bajada del plasma presidencial seguido de un generador portátil. – el ébola- recito el discurso de las últimas semanas- es una enfermedad del futuro. Nuestro país no podía perder ese tren y por eso hemos sido pioneros en su importación a Europa.- Acto seguido invitó a la portadora a unirse al mitin.

Apareció como un cadáver, ayudada a caminar por varios enfermeros vestidos de arriba abajo con papel celofán amarillo, abrochado con esparadrapo y una pequeña obertura bajo la nariz por la que respirar. Zarandearon sus brazos átonos, para aparentar un saludo y luego la improvisada congregación fue abrazando a la enferma.

– No temáis- les azuzaba el presidente mientras la guardia secreta los empujaba- hemos estudiado el protocolo más eficaz.

La gente, alérgica a la muerte intentaba huir sin esperanza, sabían que en cualquier ciudad a la que quisieran escapar llegaría la caravana.

Epiloco.

– Tuturututu- suenan regias trompetas y una salva de siete cañonazos saludan a la tostadora europea. El jefe de protocolo inclina el televisor hasta que su pantalla roza el suelo. Mientras, dentro, el presidente del país, balbucea: “a sus pies, ama”

– Dicen mis informadores- bramo la presidenta de la unión- que todo ha salido según lo planeado

– Si, mi ama- musito sin despegarse del mármol- hemos sembrado el caos mientras pedíamos calma y confianza.

– Perfecto.- mientras hace una tostada de forma eficiente- Sinceramente, creí que tu gobierno la cagaría.

-No, mi ama. Hemos seguido las directrices marcadas. Todo esta donde debe.

– Mejor para ti. Por ahora puedes seguir en tu puesto, ahora le toca a las farmacéuticas controlar el apocalipsis desatado.

LaRataGris