El falso ídolo

16 febrero 2015

– mi gobierno- el discurso, hablase de lo que hablase, era un calco del anterior. Podían cambiar las palabras, los hechos, pero no la intención, las conclusiones del yo bueno el resto caca cacota. Tanto daba si alguien pasaba hambre, enfermaba o, incluso, moría. Ellos tenían claro que eran semidioses- todo ha salido bien.

– De no ser por nosotros…- la culpa era evidentemente ajena, heredada. Cuando algo así no funcionaba se explicaban con un- y tu más, chincha rabiña cara de piña-, eso debía ser suficiente.

– …no podemos permitirlo- unos minutos antes lo quisieron linchar pero ahora toda la asamblea se levantaba para vitorearle. Incluso se escuchó alguna voz jaleando al presidente: ” viva, bravo”. Marcelo, disfrazado de nuestro presidente, totalmente en su papel les hizo callar con un gesto de las manos.- igual que a vosotros al principio, todos creerán que soy él, todos hablaran de nuestro mensaje.- y un nuevo aplauso acabo con cualquier tentativa de seguir hablando.

– ¿Preparado?- el cámara mostró cinco dedos de su mano derecha y comenzó una silenciosa cuenta atrás. Cuatro, tres, dos, uno y, cuando sólo quedó el puño cerrado en alto, Marcelo empezó el discurso que habían preparado. Habló de corrupción, de recortes, de sanidad,… el hombre del plasma dijo todo lo que un día antes les intentó ocultar.

La gente, que no sabía nada del pinchazo al plasma presidencial, no se imaginaban que el gobernante había sido suplantado y lo escucharon como nunca habían hecho antes, aplaudiendo cada autoinculpación, cada palabra era bien recibida.

Tres días después lo detuvieron por hacerse pasar por quien no era, por difamación y terrorista. Al dar la noticia nadie la creyó pues el falso ídolo era más real que el original

LaRataGris

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Control apocalipsis

13 octubre 2014

Dentro del televisor una imagen de otra pantalla, en este caso apagada. Un guante pegado con cinta aislante a un traje amarillo apareció entre ambos, encendiendo el segundo aparato.- El ébola- comenzó a leer entre tartamudeos- ha puesto a nuestro país en el mapa internacional. Por fin se nos tiene en cuenta.- Acto seguido el mismo guante le dio al botón y el presidente del gobierno dejo de estar allí.

– Un, dos y- el director bajó la batuta para dar la entrada de los primeros acordes del pasodoble. El tren de alta velocidad se acercaba lentamente al anden, como si diera pie a los curiosos para que se aproximaran al sonido de la orquesta. Estos, los cotillas, llegaban con vítores y aplausos, intuyendo una visita importante.

Los primeros en bajarse fueron unos agentes que intentaban pasar desapercibidos cuchicheando entre ellos por el pinganillo implantado. Uno asintió con la cabeza y los músicos se apresuraron para que las últimas notas coincidieran con la bajada del plasma presidencial seguido de un generador portátil. – el ébola- recito el discurso de las últimas semanas- es una enfermedad del futuro. Nuestro país no podía perder ese tren y por eso hemos sido pioneros en su importación a Europa.- Acto seguido invitó a la portadora a unirse al mitin.

Apareció como un cadáver, ayudada a caminar por varios enfermeros vestidos de arriba abajo con papel celofán amarillo, abrochado con esparadrapo y una pequeña obertura bajo la nariz por la que respirar. Zarandearon sus brazos átonos, para aparentar un saludo y luego la improvisada congregación fue abrazando a la enferma.

– No temáis- les azuzaba el presidente mientras la guardia secreta los empujaba- hemos estudiado el protocolo más eficaz.

La gente, alérgica a la muerte intentaba huir sin esperanza, sabían que en cualquier ciudad a la que quisieran escapar llegaría la caravana.

Epiloco.

– Tuturututu- suenan regias trompetas y una salva de siete cañonazos saludan a la tostadora europea. El jefe de protocolo inclina el televisor hasta que su pantalla roza el suelo. Mientras, dentro, el presidente del país, balbucea: “a sus pies, ama”

– Dicen mis informadores- bramo la presidenta de la unión- que todo ha salido según lo planeado

– Si, mi ama- musito sin despegarse del mármol- hemos sembrado el caos mientras pedíamos calma y confianza.

– Perfecto.- mientras hace una tostada de forma eficiente- Sinceramente, creí que tu gobierno la cagaría.

-No, mi ama. Hemos seguido las directrices marcadas. Todo esta donde debe.

– Mejor para ti. Por ahora puedes seguir en tu puesto, ahora le toca a las farmacéuticas controlar el apocalipsis desatado.

LaRataGris