Pájaros en la cabeza

31 julio 2009

Pájaros en la cabeza


Personas

1 julio 2009

A las personas que más me quieren no les gusta como visto. Dicen que parezco un drogadicto, que no voy como dios manda, aunque si hubiera existido también tendría el pelo largo, aunque la droga la mantenga alejada de mi vida.

A las personas que yo más quiero no les importa cómo me comporto, lo que yo quiero hacer. Les preocupa más que todos me vean como una buena persona y eso, sólo significa, para ellos, trabajador e imagen agradable, dentro de sus cánones.

Las personas a las que les escribo esto nunca lo leerán; es mejor ver la tele, olvidar problemas importantes, satisfacer el apetito y decir qeu me quieren por que soy su hijo.

A las personas que me lo perdonan todo nunca les hice nada. Sólo de pequeño; cuando quieres un juguete que no te compran, cuando no quieres comer espinacas, quieres un helado …

A mis padres, … les gusta presumir de logros, … esconder fracasos. Para mí sus fracasos son logros,… son mi camino y, … los otros logros solo suponen alimento.

LaRataGris.


Seguir el camino

20 mayo 2009

Alonadba es el sueño de un arquitecto majadero. Una ciudad circular, con calles concéntricas que se deshacen en una plaza también redonda, inmensa y presidida por una estatua que simula la perfección del cuerpo humano en la figura de Johanes Soliluna, el creador de todo lo que se puede ver en el lugar e impresionante globo culturista.

Hacía el norte puedes subir por la calle Norte, grande como la Sur, Este y Oeste. El resto de puntos cardinales están representados por callejuelas ligeramente más estrechas llamadas como las direcciones que indican.

Las peronas que viven allí, como Johanes, son musculuras extremas, recubiertas por finas capas de piel. Todos se levantan a la hora del gallo, para llegar a sus puestos a la hora del trabajo, ni un segundo antes ni un segundo después … Las cosas allí funcionan como un motor bien engrasado que mueve la vida al paso exacto.

Noel Martínez era mimético en todo a sus conciudadanos. Vestido según el día de la semana, disfrutando a las horas de la alegría con la música colectiva, para nada un bicho raro. Al menos, no hasta caer enfermo.

Era el día impoluto en Alonadba cuando tuvo lugar la disrupción. La gente seguía la línea recta de la cola, avanzando lentamente por el camino marcado con los conos anaranjados. Sin hablar nadie con nadie, pensando solamente en llegar al almacén donde se rapartían los utensilios de limpieza.

Noel estaba, tendría que haber estado, entre un hombre y una mujer de la calle Noroeste. Su hueco vacío era irrelevante para el resto que seguía su marcha como si no faltase. Sólo en el almacén, cuando la escoba que le alargaban cayó estrepitosamente contra el suelo, haciendo tropezar al que tendría que ir detrás, se dieron cuenta que faltaba alguien.

Toda la fila continuaba avanzando, entrechocando unos con otros, materializando un caos imposible en la ciudad.

Alguien hizo sonar una alarma que marcase la nueva situación, que avisaba de un espacio en el que la gente tendría que reestructurarse de forma que el pueblo en masa formase una entidad pluricelular que localizaría con rapidez al desaparecido señor Martínez.

Noel les abrió la puerta muy desmejorado. Con los ojos vidriosos por la fiebre. – Lo siento- masculló- no pude levantarme.

La gente se giró mostrando un desdén ensayado- Demasiado tarde,- susurraron al unísono- quedas expulsado.

Donde acaba la calle Sur, ya fuera de la ciudad, comienza un camino mal empedrado que recibe el nombre de Senda de Salida. Por él nunca ha llegado nadie, solo sirve para que los expulsados se alejen, en dirección a las montañas. Noel, aún enfermo, lo resigue cabizbajo, increpado por sus vecinos dispuestos en paralelas a ambos lados de la carretera.

En esa dirección se han ido muchas personas imperfectas. Se les supone en una vida semisalvaje que no favorece en nada a los recien llegados. Él no llegará a conocerlos. Cae a mitad del camino vencido por la fiebre y sin que sus antiguos amigos puedan verle, ya estan de regreso en la ciudad, ocupando su sitio en la cola del día de comprar cosas bonitas, olvidandose de que , una vez, alguien, no fue un ideal de rectitud como lo es, ahora, todo el mundo en la ciudad de Alonadba.

LaRataGris.


Infantil

23 septiembre 2008

He perdido la noción del tiempo. Sé en qué año estamos, aunque no sé muy bien qué significa esto. Dos mil cinco, nací en el treinta y tres, así que ahora debo tener nueve o diez años, aún soy joven.

Miro a mi alrededor, estoy rodeado de viejos. Cada día más arrugados encorvados del peso de su propia edad, presos de un cuerpo frágil. Me comparo con las imágenes del televisor, de las revistas, también llenas de ancianos. Deben tener entre veinte y treinta y pico. Nunca se sabe con esto de las operaciones. Aún sigo siendo un crío a su lado.

Una vez pasé por quirófano, no por aparentar lo que no soy, no tenía arrugas que planchar. Quise retrasar mi madurez y ahora debo aparentar tres años- ¿a que nadie diría que ya tengo dieciocho?

Pensar en esto me da dolor de cabeza. El otro día escuché en el telediario que se habían disparado las ventas de aspirinas infantiles. Es curioso porque ya no veo niños por las calles. A parte de mí, todos son como momias. Incluso el presentador, actuando como un adolescente que no se admite tal cual es, no como yo, que nunca renegaré de mis cuatro añitos tan bien llevados.

Debo ser el último niño de la tierra. Me tomo mi aspirina sin un buen resultado. Nunca lo tiene pero soy joven, eso es lo importante, tengo nueve meses.

LaRataGris.