Extraños pingüinos

6 abril 2015

-Pingüinos Tomagucci es otra genialidad de Juguetes Emporio- se hizo un fundido en negro mientras, en las retinas de todos los niños y niñas del multiverso, se seguía dibujando la figura del pájaro, como en los negativos de una fotografía.

– Yo- dijo Juan Luis, aunque podría haber escogido a cualquier otro niño que estuviese delante del televisor- lo.qui.e.ro.

Los Pingüinos Tomagucci, al contrario que los Osos Senkai, tenían un diseño perfecto, un interfaz amigable y muchísimos anuncios a todas horas. La locura fue tal que los adultos empezaron a desearlos, necesitaban sus artículos originales, la ropa, el sensor de movimiento y el botón transformador. Bien conectado, dicho botón, convertía al inocente pingüino en un juguete para niños ya crecidos. Te podían acompañar en todas las etapas de tu vida. Te lo regalaban recién nacido y con ligerisimas modificaciones podías disfrutarlo para siempre.

Al principio podía parecer caro; veinte con cincuenta era más de lo que cualquier familia normal podría pagar por un juguetito, pero era insignificante si pensabas en toda una eternidad a su lado o, al menos, hasta la siguiente novedad, un mes…- el Cántaro Chopengaüer es una genialidad de juguetes Lofhgans.- solo habían pasado veintiséis días desde la irrupción de los pingüinos Tomagucci y su competidor ya tenía algo mejor, los pingüinos se habían convertido en una rareza, en un extraño de tiernos corazones.

LaRataGris


La historia de mis derrotas

30 agosto 2011

Jugábamos a revoluciones de guitarras, bombo y cajas. A palabras duras y silencios en controles de alcoholemia. Nos corríamos las juergas del vandalismo desmesurado y sinsentido, fingíamos lucha de clases por beber y divertirnos.

El día en que vencieron a mis amigos se buscaron un buen trabajo y una mujer que no hiciese demasiadas preguntas, que llegase de otras guerras perdidas y no les apeteciese hablar de demasiados pasados. Yo lamí mis heridas y acepté la derrota pero no la rendición. Busque comida bajo las piedras y me junte con lunas rebeldes que se levantaban una y otra vez de sus tumbas. Fui un paria perdido y sin norte, un hombre acabado y feliz.

Aprendí a gritar de mis lunas, a ser salvaje con causa, aullar a la ciudad y pintar los muertos para que jamas se tuvieran que callar. Asumí que nunca podría cambiar el mundo para poder sobrevivir, para seguir soñando sin miedo a un nuevo fracaso. La represión de la realidad dejo de afectarme. Ya no podía caer más bajo así que transforme todo lo que estaba a mi alcance y me invente nuevos amigos imaginarios que no estaban dispuestos a dejarme solo… Cambiamos el mundo.

LaRataGris