camino de ascensos

22 agosto 2017

su vida había descrito una parábola, había subido hasta la cumbre más alta y, ahora, tocaba caer como un meteorito. El ascenso le había parecido mucho más lento y cansado, aun así intentaría volver a escalar para poder frenar el golpe.

Se agarró a los viejos logros, el brazo casi se le desencaja pero consiguió una ligera frenada, suficiente para mirar alrededor. A su lado iban cayendo, como lluvia intensa, otros pobres desgraciados. Gritaban como pólvora quemada pero él aún tenía que estallar, él no era como esos pobres diablos.

Con todo en contra quiso remontar por el lado inverso, giró sobre su ultimo traspiés y desde allí vio el fallo del anterior y el de mucho antes. Se había equivocado tantas veces.

Se soltó dispuesto a empezar de cero. Su primer paso fue en horizontal, estar abajo, con los suyos, seria su mejor camino. Ya no cometería el error de subir donde no se le había perdido nada.

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Sabor viejuno

17 julio 2015

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Sin importar el día

3 mayo 2015

Sin importar el día


El hombre pequeño

26 septiembre 2011

Cuando el hombre pequeño nació su mamá le susurró al oído que ningún hombre podía ser demasiado grande, demasiado listo o guapo. Y a pesar de lo dicho fue creciendo tan listo y guapo como ella habría querido. Pero ser pequeñito era algo que el tenía bien aprendido. No como el resto de hombres. Todos subían un escaloncito más, pisaban y apaleaban a cualquiera por verse algo más arriba, en la cima aparentando ser enormes para los que se habían quedado abajo.

El hombre pequeño siempre recordaba las palabras de su madre y prefería caminar tranquilo. Sabía que subir no le hacía crecer, que era más inteligente ser feliz y lo de ser bonito era demasiado fugaz como para buscar maquillaje.

Poco a poco muchos hombres pequeños se fueron cruzando, muchas mujeres pequeñas con las que compartían niños diminutos. Lo que no sabía uno lo aprendía el otro. De padres a hijos, entre amantes, amigos y compañeros de viaje. Fueron siendo insignificancias que juntas eran inmensas… Desde arriba los observaban sin saber por que ya nadie quería subir. Sólo veían hormiguitas donde habían habitado hombres de verdad, ese era su respuesta más inteligente, su gruñido más complaciente y básico. Bajar a ver que pasaba era una derrota demasiado dolorosa como para hacerle caso al instinto, prefirieron ahogar a las hormigas.

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