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24 marzo 2020

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Autistas

15 enero 2015

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El hombre afortunado capítulo 2: Prisionero

11 diciembre 2012

-resumen del capítulo anterior –

En el mundo sólo ha quedado un trabajador,

el hombre afortunado.

Ha resistido crisis y recortes

a cambio de cobrar un poco menos,

de hacer las tareas de todos los demás.

Prisionero

 

Ya clareaba el día cuando Javier quiso apagar el televisor con un proyectil directo desde su cama. Su casa era un cuartucho de apenas cuatro metros cuadrados en el que se las habían ingeniado para meter un ridículo camastro en el que encogía las piernas al chocar con una de las paredes, un sucio orinal y, eso si, una enorme pantalla ocupando el muro en el que tendría que haber habido una ventana al mundo real. La tele suplía en ese momento el pequeño respiradero y, por eso, se encendía sola cada mañana, invariablemente, con un mensaje directo para su único y posible espectador- Buenos días Javier-. Educadamente molesta le ofrecía el parte meteorológico. Le aconsejaba sobre que ropa llevar durante las olas de calor, comprar un paraguas para las lluvias constantes o cualquier otro objeto que la pantalla pensase que podría necesitar. El hombre afortunado se había acostumbrado a todas aquellas predicciones acertadas. Sin preocuparse demasiado adquiría una bufanda, una taza para te helado o bombones de ñu por que el televisor conocía todas sus necesidades o por que las palabras hacían florecer el deseo positivo de una forma sutil e imperceptible, en realidad nunca se lo había planteado.

Toda la programación estaba dirigida para el y ese día salió vestido con un precioso gorro de explorador verde, camisa de manga corta hawaiana, guantes de piel de tortuga, pantalones strawberry, calzoncillos olor a frambuesa y chanclas a juego- aunque se podría haber vestido de cualquier otra manera.- Fuera los guardabots hacían un pasillo entre el tumulto de parados que habían venido a suplicar comida. Tenía que pasar como una exhalación, asustado de que los mendigos le quisieran robar su insignificante fortuna. Por eso jamas vivía: iba del trabajo a casa, de casa al trabajo y si necesitaba comprar lo hacía por la pantalla… el hombre afortunado era prisionero de su propia suerte y nada presagiaba que esta pudiese cambiar.

LaRataGris


Restos en descomposición

31 julio 2011

El hombre muerto de la esquina murió de hambre o frío, tal vez de las dos cosas. Hace seis meses, su cuerpo espera que alguien lo reclame.

La familia no aparece y los vecinos se han quejado al ayuntamiento. Quieren que lo recojan por que con el calor no se puede, se descompone, huele e infecta de insectos la calle primero, barrio, ciudad y un mundo que no tiene presupuesto para salvar a la gente. No se lo pueden llevar, no hay fondos para las recogidas desde hace un año, tendremos que convivir con los cadáveres que aparezcan.

Un don nadie, cansado del hedor, lo mete en bolsas de basura. Aún lo esta troceando cuando la policía le pregunta por lo que esta haciendo con el difunto. Le explican que es un delito deleznable, horrible y motivo de una cuantiosa multa que saneara ligeramente las cloacas del estado. Si es rápido, una transferencia desde cualquier banco, le aplicaran un descuento, le felicitaran y no lo ficharan como a un terrible criminal. El hombre sonríe con su tarjeta de crédito en una mano y el carnet en la otra, se siente bien por qué esta ayudando a la recuperación de su país. Con su contribución y la de muchos desheredados seguiremos oliendo a mierda por los mismos rincones del gueto.

Recuerda, esto es una historia, es ficción. En la vida real si dejan morir a alguien recogen sus restos

LaRataGris


Potenciales

18 noviembre 2009

-¿¡Luís!?- y Luís se gira hacia la puerta aunque no hay nadie allí. La voz ha llegado desde la otra punta del piso. Empujada por los pulmones de su madre, disparada en la cocina, atravesando recibidor, comedor y finalmente su habitación para que no se quede dormido.

– ¡Ya voy mamá!- De hecho ya estaba despierto desde hacia rato. Al menos llevaba una media hora mirándose al espejo, cerciorándose de que todo estuviese en su sitio. Cada pelo debía guardar un orden especial, los cuatro rastrillados con algo de gomina para no despeinarse en el ajetreo del día a día; elegante con su traje y corbata, impecablemente planchado por mami, zapatos relucientes y sonrisa de vendedor. Ensaya algunos gestos que transmitan confianza y ya está preparado para empezar a moverse.

Forma parte de un gran equipo, el mejor. Todos están licenciados en económicas, con másters en dirección de empresas y varios títulos más que cuestan mucho dinero. Pero escogieron una mala época para estar tan preparados. – Hay crisis- le dijeron en el banco- la gente pierde sus trabajos, sus casas, el coche… se están quedando sin nada y los bancos tenemos que asumir menos ganancias. – O lo que es lo mismo, lo contrataron por menos de lo que valían sus credenciales y, encima, él se sintió feliz de ponerse a trabajar con unos usureros tan respetados.

Su jefe directo siempre les arenga para trabajar más, aunque sus puestos actuales no sean los más deseados. A Luis, por ejemplo, le han tocado los mendigos, la sección más grande hasta la fecha- amplio mercado en crecimiento, con muchas posibilidades- le dijeron para que no pusiese trabas a su “ascenso”. Y era cierto, cada día veía a más clientes potenciales, durmiendo por las calles, entre cartones que a duras penas protegen del frío, rebuscando en la basura, pidiendo, … pasando desapercibidos para todos los que no sean de su misma ralea y… bueno, ahora las entidades financieras también se fijan en ellos. Sus ridículos beneficios habían sido obviados por mucho tiempo, pero ahora que llegaban las vacas flacas no se debía desaprovechar ninguna oportunidad. De ratas se cornvirtieron en inversores a los que tratar con la más amplia sonrisa.

– Buenos días- Luis se acerca extendiendo su mano acogedora, desencajando la mandibula para mostrar su cara más cordial. Y la respuesta suele ser una total indiferencia, solo rota por los que le alargan la taza señalando el cartelito en el que suplican ayudas monetarias. – No me malinterprete, caballero- y acentúa una expresión de perplejidad, como si nunca le hubiesen hecho eso mismo- yo no vengo a ofrecerle limosna, yo le traigo el futuro- Cada frase está perfectamente estudiada del manual de procedimientos, cada gesto, cada pausa o mirada ha sido mil veces testada para que nunca falle- ¿ Conoce nuestro sistema de tpv inhalámbrico?- preguntas abiertas, en las que esperas una respuesta negativa con la que soltar el rollo- Podrá cobrar con tarjeta, sin necesidad de conectarse a ningún sitio, no perderá dinero porque ya nadie lleva suelto, todos pagan con sus visas, sus mastercards, sus plastiquitos finos y seguros y usted sólo tendrá que abrir una cuenta con nosotros para beneficiarse de las amplias ventajas de ser nuestro cliente. ¿cuánto suele ganar al mes, señor mendigo?…

Con la satisfacción del trabajo bien hecho, sin que se le caiga la cara de vergüenza por ser lo que es, Luis se para con los amigotes en el bar y se burla de la “inmundicia” con la que tiene que tratar. Les habla de lo fácil que es engañarles, de lo mucho que disfruta “cazando”. Lo único que no explica, porque aún no lo sabe, es que en el plazo de un mes otro será el que ocupe su puesto ya que él pasará a ser un cliente potencial.

LaRataGris.