La mentira piadosa

9 julio 2009

Podría decirse que soy un tipo afortunado. Alto, de complexión atlética, profundos ojos azules y una hermosa cabellera que se confunde con los más delicados rayos de Sol. Dentro de los cánones de belleza más estrictos, apolíneo hasta un extremo insospechado.

Por si fuera poco, mi cerebro está inundado por la cultura, la lógica más aplastante y una sensibilidad inigualable. Nada ni nadie está a mi altura, mi vida es perfecta, como yo mismo, y eso es lo único que falla.

No es fácil mantener esta pose de ser incalzable. A veces me gustaría ser más mundano, cometer errores como cualquier persona. Pero me resulta imposible en un mundo real como este, en el que he reordenado al mismísimo universo para que su eficiencia como lugar en el qeu estamos sea del cien por cien.

Sólo me queda una salida. Me desnudo junto al ordenador. Conectándome electrodos por todo el cuerpo hasta sentir cómo la sangre va siendo sustituida por combinaciones binarias. Bajo el visor y un fuerte olor a pescado podrido me inunda. Retiro el casco y desconecto los cables.

Como sí hubiese salido de un sueño, observo la decepcionante habitación en la que se supone paso mis horas muertas. Llena de revistas pornográficas por todo el suelo, con los restos de una comida basura descomponiéndose en el fregadero.

El espejo roto de una pared me dibuja gordo y grasiento. Calvo, tuerto y una cicatriz recorriéndome la mejilla.

Paso la mano sobre aquel reflejo y sonrío, el engaño es perfecto. Este mundo imperfecto que he programado, me da la sensación de que es mi verdadero hogar. El programa me hace creer que la realidad virtual es lo que he dejado atrás, me siento tan feliz. Estoy deseando salir y sentir miedo, racismo, xenofobia, malos tratos,… con la tranquilidad que me da saber que siempre podré volver a la tranquilidad de mi tierra.

LaRataGris.


Política silenciada

19 junio 2009

Política silenciada


Al final del día

15 enero 2009

La habitación está totalmente a oscuras. O lo estaría de no ser por el leve chisporroteo de un cigarrillo. Juan, sentado en una vieja silla de madera, juega nervioso con las volutas de humo. Se levanta, dos pasos a la izquierda hasta chocar con la pared, cinco a la derecha esquivando la silla y lo detiene una de las largas mesas del comedor. Regresa a su silla, la aparta, se sienta en el suelo, apaga el cigarrillo, enciende otro, … muy nervioso. Durante treinta y cuatro años esperó aquel día, para después no tenía nada pensado y ahora todos quieren que decida, ¿cómo se dejo arrastrar?:

“Hoy a las 12:02 h. se acababa el mundo, la gente moriría en las calles mientras Los Verdaderos Adoradores del Nuevo Milenio se salvarían en el bunker de la comunidad. A la hora predicha se miraron unos a otros, sonriendo, llorando… ¡Habían sobrevivido! Una plegaria a Milenius Y abrazos fraternales.

El padre McAnna, salió con todo su dinero. En la nueva era ya no lo necesitarían, así que era mejor esconderlo antes de que sembrase desconfianzas infundadas en el grupo. Mientras, la comunidad esperaría hasta que volviese con la buena nueva del fin del antiguo caos.

A los dos días hartos de esperarle fueron al comedor, porque ya tenían hambre. A más de uno, mientras preparaba los piemientos le hubiera gustado decir qué pensaba, qué le parecía la situación; más sin un guia espiritual no podían más que realizar actos cotidianos, esquemáticos. Nadie les enseñó las palabras a pronunciar.

Cuatro días entre el comedor y el bunker, cuatro largos días de silencio, hasta que al fin- ¿ Y si volvió mientras ibamos a comer?, ¿ y si no se puede vivir fuera?, ¿ y si ha muerto en el cataclismo? – explotó Juan, provocando con su muestra de lucidez que los demás se arrodillaran a su alrededor, extendiéndole los brazos, susurrándole- Líder, líder, líder- y lo entendió en seguida.

– He de pensar, dejadme sólo. Mientras, adorad a Milenius – Y se quedó sólo, en el comedor, donde bajo luz apagada encendió un cigarrillo o dos, cabiló sobre este asunto y se dio cuenta de que, sin saber cómo, se había dejado arrastrar. Decidió que sus discipulos tendrían que trabajar para hacer más fuerte la secta, para construir un refugio mayor, para estar preparados para el próximo desastre, para que, a pesar de esas obras, sobrase dinero, para el ir a esconderlo, para que ellos viviesen mejor. Y dejó de estar nervioso porque él estaría bien.

LaRataGris.


La marca del hambre

24 diciembre 2008

Como si fuesen la luna y el sol, hay un pueblo africano en el que las mujeres viven un tiempo diferente al de los hombres. Ellas han escogido la noche, alumbran sus grandes ojos con tenues candiles y cosen durante las horas nocturnas por que su pena tiene que pasar desapercibida. Al menos así lo aprendieron de los lechosos principes de lejanos continentes.

– Que verguenza- les dijeron nada más llegar a sus tierras- Las madres africanas dejan morir de hambre a todxs sus hijos, ante las camaras. Cuando lo vemos se nos remueve el estomago.

Además habían esculpido la misma frase en una plaquita, a las puertas de la fábrica de camisetas, en la lengua del lugar, para que nadie pudiese decir que no la entendía.

Fue facil hacerlas sentir mal, al fin y al cabo era cierto que escaseaban los alimentos, y el orgullo las llevo a tejer para la factoria. Escondian las barrigas desnutridas con cada prenda que acababan, eran del tallaje ideal, justo el tamaño de un europeo medio servia para ocultar sus carencias.

Cuando ni astro, ni satelite coronan el cielo, justo en el momento en que se cambia la noche por día estan lxs niñxs en fila india. A duras penas se aguantan en pie, esperan frente a las puertas de las costureras el regalo prometido.

Solo una camiseta – ojala se pudiese comer- piensa más de unx. Aún así no dicen nada, recogen su premio y se marchan arrastrando los pies, cayendose siempre, a medio camino de la nada, donde se dirigian con poca decision. Sin fuerzas para levantarse, se quedan tumbados, como dormidos sobre el duro colchon de tierra. Al pasar las madres, viendolos allí tiradxs, los arropan o más bien esconden sus cuerpos bajo los pliegues de la ropa. Así nadie explica que mueren de hambre, ¿quien ha de morir jugando al escondite bajo el obsequio de las mujeres?

Amanace y el sol es tan apabullante que parecen ser dos los que brillan. La gente, acostumbrada, no le da importancia. Salen descalzos a la arena de la sabana, donde les espera el trabajo.

Esta tierra yerma en otro tiempo, florece hoy con una extraña planta hecha de tela. Como surgidas de las entraña más profundas del planeta, se esparcen montañitas de camisetas aquí y alla, sin orden aparente. Los recolectores comienzan su recogida con la tranquilidad de saberse poseedores de todo el tiempo del mundo.

Bajo cada montoncito aparecen los huesos de niñxs pequeñxs, como si se tratase de las semillas que el viento trajo. Tan normal como la vida nadie les hace caso hasta que un novato grita en un dialecto que pronto desaparecera- este aún esta vivo.

– Tapalo y deja que se seque- le contesta el resto. El hombre les hace caso y tapa lo más feo de su pueblo para que nadie sufra con su vision. Los lamentos del niño son ahogados por el santo sudario de marca.

Como un cuento que no tiene un final feliz, todo signo infantil se va desvaneciendo, como polvo esparcido. Las costureras dejan de coser. Lloran sus perdidas secando las lágrimas en la tela que les dio el hombre blanco. Sin nada que esconder, su trabajo se vuelve inutil y dejan de hacerlo sin más ya no reporta beneficios y la fábrica se traslada al pueblo de al lado, donde aún quedan niñxs pequeñxs a lxs que explotar, aunque sea de forma colateral.

LaRataGris.

Ropa de marca


A las puertas del cielo

19 mayo 2008

Todo empieza con un final. Dos payasos muertos a mitad de una actuación. Lxs padres gritan histericxs, ante el trauma que ocasionara a sus hijxs. Lxs niñxs miran tranquilxs, sin haber asociado, aún, la muerte al espectaculo triste que sus mayores parecen conocer.

Y en la pista central, los dos cuerpos estirados se debaten entre consvulsiones mientras las almas de los artistas miran desde un rincón.

– ¿qué vamos a hacer ahora?- Se pregunta el clown tonto- Esto es terrible.

– No te preocupes- le responde el alma de polichinela- hemos hecho reir a lxs niñxs nuestra vida es ejemplar y dios nos sabra recompensar.

– ¿Iremos al cielo?- salpica de palabras al otro.

-Por supuesto- le responde mientras se limpia la saliba que le recubre.

Pero no es tan sencillo. No hay luz que indique el camino, ninguna escalera que suba. Lo más parecido es el viejo trapecio que oscila, dandose impulso como si cada vez quisiese llegar más alto. Trepan hacia el con miedo y dificultad, para descubrir que solo es la inercia lo que lo mueve, ningún deseo especial de llamar a las puertas del cierlo.

– Quizá, tengamos que seguir subiendo- sentencia el que parece más listo de los dos- por las cuerdas.- y señala hacia la viga de la que cuelga el trapecio- hasta llegar a la viga más alta.

Y prosiguen su, cada vez más complicada escalada. Les da miedo caer y morir, aunque ya lo esten. Van con sumo cuidado hasta los andamios. Continuan, desde allí, hasta el punto más alejado del suelo que conocen, el pico de la carpa. Salen por un agujero que el viento ha hecho en la lona. Y ya al aire libre se enganchan a un jiron de nube que pasaba. Siempre hacia arriba, pasando de los cumulos a los cirros, como si fuese lo que siempre hubiesen echo.

Cuando por fin vieron a San Pedro supieron que ya habían llegado. Les esperaba a las puertas para franquearles las puertas como merecedores que eran.

– Buenos días- se presenta- soy Polichinela, tragicamente muerto en la flor de la …

– Si, si- le corta el portero- no me de la brasa que dios no te recibe.

– Son nuestras pintas- escenifica un pase de modelos el tonto.

– Disculpe a mi amigo que es algo payaso-

– No os preocupeis, ni es por la ropa ni me molestan sus bufonadas.

– Entonces- reflexiona mientras se lleva el blanco de la cara al rascarse la barbilla- si nos hemos comportado siempre bien y la ropa no es un handicap ¿ que nos impide la entrada?

– Pues- San Pedro sonrie no sin cierta malicia- Por que no hay puerta- y señala alli donde se veia la majestuosa entrada para al instante darse cuenta que no mostraba nada. Solo el aire pues nunca hubo nada alli- ni existo yo- dicho lo cual se esfuma, dejando unicamente su voz- ni dios, ni el cielo,…la biblia es solo un cuento, como este en el que vosostros dos vivis, y por eso es por lo que no podeis entrar, por que la nada no admite nada más.

Los payasos se miraron estupefactos, con mucho más miedo que cuando subian.

– ¿qué hacemos?- se derrumba el listo- si no hay nada tras la muerte. Si nuestra propia existencia es una mentira, como la de dios y el resto de mierda que nos rodea ¿qué es lo que hacemos?

– Tranquilizate- le grita el amigo- ya esta todo escrito, alguien ha descrito nuestro descenso, bajaremos todo lo que habíamos subido, dobladeromos la distancia hasta hundirnos en el profundo centro de la tierna. Alli buscaremos otra mentira que nos permita sobrellevar esta indigna muerte. Da lo mismo que sea el diablo o Alicia la que nos ayude. No importa a cargo de quien corra esta invención, solo buscaremos un engaño que nos deje apartar la vista, y cuando veamos que eso tambien es mentira, ya nos inventaremos una nueva.

LaRataGris