Llorar

29 mayo 2017

Su cabeza cayó como un peso muerto sobre el hombro que ella no le ofrecía, como queriendo compartir la gravedad de la vida, intentando que se disipasen los problemas.

Ella apartó su apoyo e intento mirarle a los ojos, solo encontró una sonrisa triste, pretendiendo que un muro los separase.

-¿Necesitas mi calor y no me dices por qué?- Aleja la mirada, se levanta buscando otro cuerpo que le permita llorar en paz. No quiere dar explicaciones, no puede por que le roban las palabras para hacer cortantes espadas silábicas. En ese momento se da cuenta de que el mundo es un lugar terriblemente doloroso.

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El falso ídolo

16 febrero 2015

– mi gobierno- el discurso, hablase de lo que hablase, era un calco del anterior. Podían cambiar las palabras, los hechos, pero no la intención, las conclusiones del yo bueno el resto caca cacota. Tanto daba si alguien pasaba hambre, enfermaba o, incluso, moría. Ellos tenían claro que eran semidioses- todo ha salido bien.

– De no ser por nosotros…- la culpa era evidentemente ajena, heredada. Cuando algo así no funcionaba se explicaban con un- y tu más, chincha rabiña cara de piña-, eso debía ser suficiente.

– …no podemos permitirlo- unos minutos antes lo quisieron linchar pero ahora toda la asamblea se levantaba para vitorearle. Incluso se escuchó alguna voz jaleando al presidente: ” viva, bravo”. Marcelo, disfrazado de nuestro presidente, totalmente en su papel les hizo callar con un gesto de las manos.- igual que a vosotros al principio, todos creerán que soy él, todos hablaran de nuestro mensaje.- y un nuevo aplauso acabo con cualquier tentativa de seguir hablando.

– ¿Preparado?- el cámara mostró cinco dedos de su mano derecha y comenzó una silenciosa cuenta atrás. Cuatro, tres, dos, uno y, cuando sólo quedó el puño cerrado en alto, Marcelo empezó el discurso que habían preparado. Habló de corrupción, de recortes, de sanidad,… el hombre del plasma dijo todo lo que un día antes les intentó ocultar.

La gente, que no sabía nada del pinchazo al plasma presidencial, no se imaginaban que el gobernante había sido suplantado y lo escucharon como nunca habían hecho antes, aplaudiendo cada autoinculpación, cada palabra era bien recibida.

Tres días después lo detuvieron por hacerse pasar por quien no era, por difamación y terrorista. Al dar la noticia nadie la creyó pues el falso ídolo era más real que el original

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La mujer impermeable

28 abril 2014

Por alguna razón que desconozco, sin que tenga importancia, Isabel era una mujer impermeable. El agua resbalaba trazando sinuosos caminos sobre su piel. Sólo se le enganchaba entre los laberintos de su pelo, las gotitas quedaban atrapadas por sus rizos castaños de otoño.

Por eso se podía permitir el lujo de caminar desnuda bajo la lluvia, bailar y, por supuesto, cantar cuando se sentía feliz, aunque luego se resfriase. Los demás, a los que la lluvia debía empapar, le ofrecían ropa, paraguas y vergüenzas negándosela- no tienes vergüenza-.

Al final ella tenía que ocultar su alegría por los días lluviosos, gruñía con la cabeza gacha y dejaba que calase su ropa por que el paraguas quería volar. Era tan gris y triste como los demás, para poder sobrevivir lloraba en la ducha por lo que no se atrevía, ni tan siquiera le quedaba su intimidad. Necesitaba no escucharlos por que en realidad no era tan impermeable como ella pensaba.

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Olvida

10 noviembre 2011

Olvida


La marca del hambre

24 diciembre 2008

Como si fuesen la luna y el sol, hay un pueblo africano en el que las mujeres viven un tiempo diferente al de los hombres. Ellas han escogido la noche, alumbran sus grandes ojos con tenues candiles y cosen durante las horas nocturnas por que su pena tiene que pasar desapercibida. Al menos así lo aprendieron de los lechosos principes de lejanos continentes.

– Que verguenza- les dijeron nada más llegar a sus tierras- Las madres africanas dejan morir de hambre a todxs sus hijos, ante las camaras. Cuando lo vemos se nos remueve el estomago.

Además habían esculpido la misma frase en una plaquita, a las puertas de la fábrica de camisetas, en la lengua del lugar, para que nadie pudiese decir que no la entendía.

Fue facil hacerlas sentir mal, al fin y al cabo era cierto que escaseaban los alimentos, y el orgullo las llevo a tejer para la factoria. Escondian las barrigas desnutridas con cada prenda que acababan, eran del tallaje ideal, justo el tamaño de un europeo medio servia para ocultar sus carencias.

Cuando ni astro, ni satelite coronan el cielo, justo en el momento en que se cambia la noche por día estan lxs niñxs en fila india. A duras penas se aguantan en pie, esperan frente a las puertas de las costureras el regalo prometido.

Solo una camiseta – ojala se pudiese comer- piensa más de unx. Aún así no dicen nada, recogen su premio y se marchan arrastrando los pies, cayendose siempre, a medio camino de la nada, donde se dirigian con poca decision. Sin fuerzas para levantarse, se quedan tumbados, como dormidos sobre el duro colchon de tierra. Al pasar las madres, viendolos allí tiradxs, los arropan o más bien esconden sus cuerpos bajo los pliegues de la ropa. Así nadie explica que mueren de hambre, ¿quien ha de morir jugando al escondite bajo el obsequio de las mujeres?

Amanace y el sol es tan apabullante que parecen ser dos los que brillan. La gente, acostumbrada, no le da importancia. Salen descalzos a la arena de la sabana, donde les espera el trabajo.

Esta tierra yerma en otro tiempo, florece hoy con una extraña planta hecha de tela. Como surgidas de las entraña más profundas del planeta, se esparcen montañitas de camisetas aquí y alla, sin orden aparente. Los recolectores comienzan su recogida con la tranquilidad de saberse poseedores de todo el tiempo del mundo.

Bajo cada montoncito aparecen los huesos de niñxs pequeñxs, como si se tratase de las semillas que el viento trajo. Tan normal como la vida nadie les hace caso hasta que un novato grita en un dialecto que pronto desaparecera- este aún esta vivo.

– Tapalo y deja que se seque- le contesta el resto. El hombre les hace caso y tapa lo más feo de su pueblo para que nadie sufra con su vision. Los lamentos del niño son ahogados por el santo sudario de marca.

Como un cuento que no tiene un final feliz, todo signo infantil se va desvaneciendo, como polvo esparcido. Las costureras dejan de coser. Lloran sus perdidas secando las lágrimas en la tela que les dio el hombre blanco. Sin nada que esconder, su trabajo se vuelve inutil y dejan de hacerlo sin más ya no reporta beneficios y la fábrica se traslada al pueblo de al lado, donde aún quedan niñxs pequeñxs a lxs que explotar, aunque sea de forma colateral.

LaRataGris.

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