Adictos

30 enero 2017

Cada día, desde hace dos años, se sienta a morir en su trabajo. Se queda mirando fijamente un punto de la pared blanca. Puede describir el mapa de cada porosidad, las pequeñas imperfecciones, imperceptibles para un ojo casual, eran su entretenimiento cotidiano.

– ¿Hola?- de repente un saludo parece mucho más de lo que es y lo activaba como un mecanismo perfecto. Sonríe y de un pequeño salto se acerca al cliente, aparentando la felicidad que su encargado quiere ver, como si la vida fuese justo ese momento.

-No es un mal sitio para estar muerto- sentencia Mariano los días en que no entra nadie. Aquello era como un cementerio de noche, donde los ruidos solo significaban ladrones de tumbas.

Para hombre-lobo aquello era peor que la muerte. Te mantienen en suspensión mientras la realidad tiene lugar más allá del escaparate, y tu eres consciente de que te vas pudriendo.

El encargado le acerca un caramelo, siempre se lo ofrece porque, según él, los adictos son siempre adictos.- Lo mejor-, le dice- es que te aficiones a algo más inocuo- Hombre-lobo siempre los rechaza con educación mientras ve como Mariano los engulle uno tras otro, no quiere acabar así.

– Mira- Siempre juguetea con su lengua y la golosina- no puedo hacer nada. Si quieres que la sociedad olvide todo lo que has sido tendrás que aceptar pequeños sacrificios como el de los caramelos. Yo también querría algo más estimulante, pero no soy un ciclista, así que me lo tomo más tarde y ya esta, ¿entiendes?

-Es que no me gustan los dulces , ni este trabajo.

-Puedes dejarlo si quieres. Pero entonces olvidate de una cama caliente cada noche, se acabaron las prostitutas y estos ricos caramelos. Volverías a la calle y acuérdate como acabaste la ultima vez.

-Acabe aquí.

-Cierto, jajaja ¿un caramelo?

LaRataGris


Ignorarte

2 marzo 2015

-¿Recuerdas? Salíamos a la misma hora, tu me decías: ¿has cogido el móvil?, cuando yo te preguntaba por tu libro electrónico. Si hacía frio caminábamos de prisa, sin hablarnos, con calor bufábamos y para el entretiempo llevábamos el cuerpo tan girado que era imposible pararnos.

En el metro procurábamos sentarnos uno al lado del otro, para poder sentirnos solos en compañía: tu jugabas a romper caramelos yo leía, sin apartar los ojos del e-book hasta que en paradas distintas nos separábamos con un beso instantáneo: m bajo 8*,

Hasta esta tarde ;* respondías en la siguiente estación, con un pitido del mensaje.

Regresábamos separados y nos dormíamos viendo la tele desde el sofá: tu en el chaise-longue, yo en la otra punta, hasta el día siguiente, en el que volvías a preguntarme por mis cosas y yo por lo tuyo. Todo estaba tan perfectamente milimetrado que es ahora, que no estas, cuando me siento perdido y te hablo por que no consigo ignorarte.

LaRataGris


Antes del después

2 octubre 2014

Antes del despues