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Sapos, príncipes y princesas

6 enero 2014

Erase una vez una historia de sapos, príncipes, princesas y acuerdos unilaterales. Firmaron un tratado con los sapos de todas las charcas del universo. El gordo, viejo y sabio, en representación del resto, levanto su anca Izquierda, apoyo la derecha sobre el papel que acababa de firmar y prometió que ninguno de los suyos, bajo ningún concepto, volvería a convertirse en príncipe azul. No costo demasiado: un banquete con moscas, un lago tranquilo y sellaron su alianza para que, los reyes futuros, pudiesen sacar tripa, descuidar sus modales y eructar palabras de amor a princesas desesperadas que suspiraban- ay, si esto es lo que hay-.

Algunas, cansadas de sus amantes pendencieros, se acercaron hasta donde habitaban los batracios. Perfumadas con olores a ciénaga, engalanadas con nenúfares, pintadas como imaginaban ellas atraerían su atención,… se contonearon ante ellos para conseguir un beso. Pero los sapos les salían rana, cumplían sus obligaciones adquiridas de forma envidiable y, las jovencitas, se vieron atrapadas en los abrazos de los guarros.

– Pues yo- gritó la más rebelde- reniego y me niego. Aquí me quedo.- se construyó un castillo de nubes, trabajo la tierra y montó una comuna con otras princesas que se quisieron quedar. Fue un escándalo mayúsculo; renunciando a su posición, mezclándose, incluso, con plebeyos. Había días en que hasta se quedaban solas y jugaban solas, por que querían estar solas y a solas se comían perdices y fueron felices incluso cuando las borraron de todos los cuentos y se convirtieron en seres reales, a los que nadie puede desencantar.

LaRataGris


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Derecho a enfermar

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