Herramientas y expectativas

9 agosto 2016

La empresa se compromete a suministrar las herramientas necesarias para que el trabajador pueda realizar su faena. Este recibirá: un bolígrafo, una hoja de papel y un orinal a compartir entre toda la plantilla.

Con estos elementos el empleado ha de realizar maravillas y conseguir unos buenos dividendos para el empresario.

cualquier desviación a la baja de la producción sera achacada al trabajador y se le preguntara por problemas familiares para exigirle una pronta recuperación. Cualquier crecimiento sera celebrado con palmaditas en la espalda. Evidentemente, gracias al plan de la empresa, subiremos y se le entregara un folio más a modo de recompensa, para que no tenga que seguir haciendo filigranas al rellenar el primero. Esta muestra de confianza conllevara un aumento de los labores y el consiguiente incremento de la riqueza.

La empresa agradece el pequeño esfuerzo que se le exige al trabajador para estar a la altura de las enormes expectativas depositados en él.

LaRataGris

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Almas de metal

19 mayo 2016

Almas de metal


La corporación Pujalte

7 julio 2014

Para entrar en la corporación tienes que firmar sobre la línea de puntos: contrato, compromiso y condiciones de silencio. Los pensamientos han de ser secretos mudos que te llevaras a la tumba y si no… las consecuencias nunca quedan claras, son una letra pequeña, una horrible nube que nos aterroriza a todos los que firmamos con el estomago mientras la cabeza y el corazón piden otra cosa. Tus antiguos amigos se transforman en enemigos de la corporación, los nuevos viven de la corporación, a tu mujer la conociste en una fiesta de la corporación y tu hijo, cuando crezca, sera uno más de la bendita corporación, pero aún no y no le puedes contar los secretos.

Su historia oficial esta en varias notas de prensa. Fundada hace cincuenta años por Eulosio Martinez Pujalte. En sus inicios no era más que un pequeño negocio familiar donde el señor Martinez trabajaba codo con codo con su primo y un cuñado. En apenas dos años la bonanza y la expansión del sector hace que todo sea demasiado para los tres. Es aquí donde Eulosio se encierra en un despacho y empieza a jugar con diferentes curriculums hasta que se configura la primera gran plantilla de la Corporación Pujalte, aún Ejalte S.L. Los cincuentas empleados, gran parte aún familiares y amigos, son tratados como uno más. La casa de Eulosio esta abierta para todos ellos y sus mujeres, sus hijos. No es hasta la década de los ochenta cuando el boom de neonatos pega un fuerte empujón y la Corporación Pujalte, ya con su flamante nuevo nombre, acaba de crecer hasta la configuración que se conoce hasta nuestros días. Siete directivos presiden las siete áreas capitales de la compañía mientras Eulosio hijo se dedica al relax y la procreación indiscriminada.

Roman Martinez Martinez es la tercera generación que ocupara la presidencia. Reconocido en el lecho de muerte como hijo suyo tras una destructiva relación con su tía Gladis. Fue su madre la encargada de que le dieran el reconocimiento que se merecía. Cuando llegó los cerca de mil trabajadores habían pasado a ser un número y cada uno tenía su casa cerrada y bien cerrada. En esta época se pretende una fuerte expansión por todo el mundo pero se ve truncada al tener que competir con otras compañías más cercanas. Al morir su madre, verdadera guardiana de los valores familiares, Roman da un golpe de timón y comienza a despilfarrar todo lo logrado hasta la fecha. Reparte el poder entre un consejo de sombras, cabezas pensantes surgidas de las mejores universidades del momento. Malvenden la corporación y cada sombra aprovecha los resquicios del sistema para blindarse y poder seguir enriqueciéndose. Para entonces la proliferación de jefes, cada uno con sus ínfulas de semidioses, a llevado a que la empresa funcione como un tren desbocado y sin conductor, aunque aparentaban conducir todos.

¿ Hacía donde dirigen ahora la locomotora? ¿ quien sera su capitán? Hay secretos desvelados, contrariamente a lo que se cree no importan las cabezas que cortes, puedes callar de todo y puedes hablar de la que quieras que no afecte, o puedan probar afectación, a sus cuentas. No importa cuan mal hallas tratado a tus empleados, tu aparente bondad, en que despilfarres o ahorres. Todo esta justificado mientras llegue para cualquier capricho, pero que los rivales no puedan copiar tu estrategia de camino, tu aparente forma de ganarles. Estas son las cosas que ni mis sueños pueden saber.

LaRataGris


Todas las costumbres

12 junio 2013

Un día Moritz se despertó un poco más tarde, aunque no lo parecía. La habitación continuaba a oscuras, entre las rendijas de la persiana no se filtraba ni el más tenue rayo de luna, como si fuera se hubiese apagado completamente el mundo. Un ligero vaivén acunaba la estancia, igual que les pasa a las cajas que cuelgan de las grúas del puerto antes de llegar a su barco. Desorientado y con el dolor de cabeza de haber tomado algo que no recordaba se acercó a la ventana para ver como tras los cristales solo había una pared de madera envolviendo a la de ladrillos.

De repente un golpe seco, plock, y dejo de moverse. Luego más ruido y en apenas unos segundos retiraron los maderos, volviendo a dejar la habitación conectada a una casa pequeña y desordenada. En ese mismo instante sonó el timbre de la puerta como si alguien hubiese estado toda su vida esperando aquel momento, Perfectamente sincronizado. Dos hombres de la compañía le tendieron la mano, una carta y una sonrisa de compromiso.- Señor Moritz,- ni tan si quiera le permitieron contestar- la empresa ha decidido su nuevo puesto de trabajo. Tiene postales en la habitación azul para despedirse de sus antiguos amigos y familiares. Si no le interesa su actual ubicación puede comprar un ticket de regreso y nosotros mismos rellenaremos el hueco de su inestimable presencia. La compañía le quiere a usted pero con el dinero adecuado puede pagar su libertad- e inmediatamente desaparecieron como por arte de magia.

Moritz cerró la puerta y miró por la ventana que hace un momento solo mostraba nada.- la misma nada,- pensó- una zona industrial de cualquier parte del mundo, con gente a la que no me apetece conocer. Entrega urgente- Se dijo con tristeza- solo soy mercancía a la que cambiarle todas sus costumbres.

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Crear dinero

11 febrero 2013

La pequeña empresaria, pero de ideas grandes, pensó que –la verdad, para lo que vendo, para lo poco que gano- que apenas le llegaba para las casas, los coches, las fiestas y el resto de plurales- quizá es mejor dejarlo todo, puede que buscar otra cuota de mercado.

Ya tenía los pisos, la infraestructura y- los profesionales tendrán que reeducarse.- Solo le fallaban los compradores que se habían venido abajo por no saberse adaptar al nuevo mercado. Ella encontraría la forma de encauzar sus limosnas. – Tal vez pueda ganar un poco, menos de lo que conseguía, pero ganar al fin y al cabo.

Invirtió en anuncios, paseo por las calles voceros y prometió, por muy poco, el recuerdo de los antiguos lujos: No creas que por vivir en la calle no puedes gozar los privilegios perdidos. Solo te costara un euro revivir el pasado, un euro y medio la visita guiada. Ven a nuestros pisos-museo y respira la opulencia que te quitaron.

En apenas media hora repartiría apariencia de felicidad a precios de risa.- A los emprendedores jamas nos faltara nada-. Acarició la idea y abrió su negocio al hambre ajena.

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El hombre afortunado

27 noviembre 2012

La empresa, esa entidad ficticia que se comporta como un ser vivo, tosía malas cifras postrada en su lecho. Miraba entre las nieblas de su fiebre a todas las manos que eran sus empleados y se preguntaba quien estaba fallando.

Ella era poderosa, respetada… llevaba experiencias a su espalda que la hacían irrepetible. Recordaba, como en un flash antes de morir, los mejores tiempos, los inmediatamente peores y volvía a preguntarse- ¿ quien esta fallando para que yo no levante cabeza?

Los esclavos que dormitaban bajo la cúpula de su caja torácica escuchaban como se retorcía inquieta, igual que un mastodonte a punto de caer, e intentaban pasar desapercibidos para no ser arrastrados por los primeros vientos. Mientras, ella, buscaba tiritas y revisaba una a una todas sus manos, escudriñaba entre los asustadizos peones para encontrar los que le eran más inútiles. Excretó años y dedicación de miles de sus asalariados, se quedo con diez hormiguitas primero, nueve, ocho, siete… y el hombre afortunado se encargo de todo el trabajo. El tenía que correr por una planta vacía, pulsando los botones adecuados, montando, apilando, empaquetando genero que después repartiría por diversos puntos de venta mientras desfallecía y la empresa respiraba un poco más tranquila.

La ciudad, viendo el buen funcionamiento, felicito a la única empresa que no cerraba y le pidió consejo- Despide a todos tus empleados- le contestó- que mi hombre barra las calles, coloque adoquines, pinte paredes, transporte, construya, reparta correo,… reduce gastos para que no te chupen la sangre.

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Trabajadores locales

12 diciembre 2011

trabajadores locales