Ceguera uno- inteligencia cero

4 octubre 2019

Ceguera uno- inteligencia cero

 

 

 

No tales árboles, lee digital

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¿Dónde van las vacas?

16 marzo 2018

Mamá se subió de un salto a la mesa del Rapid Pollo. En una mano llevaba el panfleto que le acababa de dar un brigadista y en sus ojos, la determinación de siempre. Ya no me sorprendía. El resto de personas, incluido el chico que repartía las octavillas, la miraban boquiabiertos mientras ella empezaba a leer:

«Si pudieran hablar las vacas, si pudiesen decirnos hacia dónde se marchan cada dos de enero para no volver…

»Amanecen por generación espontánea, con sus pequeñas alitas aún mojadas por el viaje cuántico, revoloteando con pocas horas de existencia. En un par de días viajan kilómetros, buscando verdes pastos, mientras mugen sin parar.

»Son de diversos colores y duermen sobre los tejados reforzados de las ciudades. Hay quien, enamorado, quiere atraparlas para siempre. Las guardan en cajas diminutas, en las que los animales no pueden aletear felices.

»No se quejan lo suficiente y pasan su vida dormidas hasta que… ¿dónde irán? El dos despiertan nerviosas, como si un interruptor hubiese puesto en marcha algún mecanismo interno.

»Intentan escapar golpeando los barrotes y, si su captor no se apiada, ese mismo día mueren en jaulas de oro.

»Se han realizado diversas investigaciones, alguna seria, en las que se intenta seguir su vuelo final. Nunca somos lo suficientemente rápidos. Nos quedamos sin combustible o las perdemos de vista al girar detrás de una nube demasiado oscura y llena de tormentos.

»Son un misterio tal que, a veces, parecen no existir, como si solo formasen parte de otra realidad que no podemos llegar a comprender… »

No le dio tiempo a leerlo entero. Unos guardias la bajaron para volver a separarnos.

De habérselo permitido, el discurso hubiese sido inalterable al de otras ocasiones. Acababa gritando que todo aquello eran paparruchas, supersticiones para imbéciles.

No te dejes engañar, Brad, cariño.

En esta parte siempre rebajaba el tono, como si se acordarse de mí y quisiera ser una buena madre. Le duraba poco. De nuevo, se ponía a gritar que aquello era como cuando los alquimistas querían atrapar unicornios para hacer pociones de virilidad. Decía que teníamos que abrir los ojos y abrazar el método científico. Teníamos que pensar con lógica. Casi nunca llegábamos hasta ese punto: Por aquí yo ya solía estar en una casa de acogida, esperando a que un juez decidiese que la doctora Lem ya estaba lista para recuperar mi custodia.

Aquella vez, sin embargo, no fue así. Yo ya era mayor de edad y ya no había ningún hogar que quisiera salvarme la vida. El estado me informó que tenía que valerme por mí mismo y me alistó en las Brigadas Cazadoras.

¡Estamos a punto de hacer historia!

El padre de Isaac fue brigadista, también su madre y sus abuelos. Su estirpe se remontaba a siglos y siglos de optimismo respecto al secreto de las vacas.

¿Qué te hace pensar que triunfaremos allí donde tantos otros fracasaron? —pregunté sin mirarle.

Su fe le proporcionaba un calor inexistente en mi, yo necesitaba que el fuego prendiese lo antes posible. Intentaba avivarlo mientras cuestionaba su alegría como me había enseñado mi madre.

Vamos, camarada Brad, de momento nosotros estamos aquí, tocando el techo del mundo un día antes de que todas esas vacas nos sobrevuelen. Este es el punto más alejado en el que el año pasado se les perdió de vista y nuestras máquinas, impulsadas por la fe, son capaces de rastrear una pulga perdida en un desierto ¿Qué puede fallar?

Pues, por ejemplo, podría fallar que el campamento no estuviese levantado para cuando llegue esa tormenta de nieve que parece estar formándose en aquellas nubes.

Por suerte, el uno de enero a las doce del mediodía, entendió la indirecta y logramos establecer un perímetro seguro. Colocamos la última piedra protectora justo antes de que fuera se desatase el infierno blanco.

De nada nos servía escudriñar el cielo en busca de algún signo extraño. La nevada lo escondía todo y aún faltaba un día para el éxodo de los rumiantes. Cansados, decidimos dormir hasta el amanecer.

Amaneció demasiado limpio y tranquilo. El cielo solo era nada sobre nuestras cabezas. Si iban a llegar las vacas, no parecía que fuese a suceder en ese instante. Era como si las hubiésemos soñado, como si nos las hubiésemos inventado para poder seguir durmiendo.

De repente Isaac señaló el horizonte, únicamente un punto en el firmamento que fue creciendo hasta que el rebaño cubrió todo lo que alcanzaba la vista. El ruido de sus mugidos parecía formar también una muralla sólida.

¿Cómo llamaría a esto la científica de tu madre?

¿Mi madre? —Había tanto desprecio en su pregunta que por el tono ya sabía que no le gustaría la respuesta—. Mi madre abandonaría todas sus estúpidas creencias por está realidad.

¿Cómo podía decirle la verdad? Como podía decirle que gastábamos demasiado dinero en una quimera. Todo era excesivamente arbitrario en aquella investigación. Ella ya había diseñado un protocolo mucho más específico. Nada de campamentos cada quinientos metros, gestionados por Boy Scouts que dilapidaban la inversión antes de llegar a una conclusión original.

Estoy seguro de que ella abrazaría la causa sin dudarlo.

Pero ya no le importaban mis palabras.

¡Enciende el rastreador! —Él corría de un lado a otro, colocándose el arnés, procurando que cada máquina emitiese el sonidito adecuado—. Deséame suerte.

Acto seguido aseguró una cuerda a la argolla que sobresalía en el plexo de su pecho y con el otro extremo lazó a una de las reses.

Inmediatamente fijé su posición en la pantalla mientras el animal arrastraba su cuerpo por los aires. Podía imaginar la misma situación en el resto de campamentos, con todo el instrumental pitando mientras se alejaban los valientes voluntarios.

Durante dos horas tracé el recorrido como me habían enseñado en el entrenamiento, mientras en el cielo no dejaban de aparecer más y más rumiantes que habían apagado la luz del sol. Cada vez, mi refugio me parecía más pequeño e inseguro. Hasta que, igual que empezó, mi pulga debió llegar al final de su desierto. Perdí su señal y el rebaño comenzó a menguar.

Como si borrasen sus huellas, la última vaca devolvió la tormenta del día anterior multiplicada por mil infiernos helados. De nada sirvieron nuestras defensas, que me dejaron desnudo en aquella soledad, destruyendo el trabajo que al año siguiente nos debería haber llevado más lejos.

Hasta donde alcanzan mis ojos se abre una profunda nada. El viento ha borrado las huellas de nuestros pasos, el pretendido mapa que habíamos dejado para que otros pudiesen seguir nuestro mismo camino. Llevo cinco días muerto, sin poder caminar y aún así, no se como, camino. El cielo se ha roto en una tempestad de nieve y frío que me hace imposible saber si subo o bajo. Mucho me temo que esta repentina tormenta ha sellado el cañón que fue nuestra puerta de acceso.

¿Dónde están las vacas?

¿Acaso importa?

Tropiezo, pero la nieve y la convicción de ya no existir, atenúan la caída.

Algo cálido y húmedo me devuelve a la vida. El día brilla como si estuviese dentro de un fuego fatuo.

Veo que descienden, como dioses a los que no les importa el devenir de los mortales. Docenas ya me rodean con sus patas hundidas en la nieve, placidas. Las que van llegando se posan suavemente, fundiendo el manto helado con sus ardientes pezuñas. Mi mundo se derrite haciendo que todo parezca una ensoñación tras el velo de vapor.

Mi madre también está allí, arrancándole las alas a las que ya han tocado el suelo.

¿Mamá?

Shhh… —Un dedo en sus labios me manda callar—. Coge fuerzas, mi niño, mientras la realidad persista no puedes dejarte llevar por los espejismos

Veintidós de febrero

LaRataGris

Esta locura ha sido el Reto número 11 de Insectos comunes: ¿Y si las vacas volaran?

En total han sido cinco relatos los que les puedes seguir la pista desde su página oficial (clica arriba).

Pero además, si quieres obtener la revista digital, que los une todos, la puedes encontrar en Payhip, no te la pierdas.

Los patos por Toni C.

El zumbido de las vacas voladoras Por Benajamín Recacha

Una declaración en Banculte por Manu LF

El vaquero Por Cerdo Venusiano


Mmm… cuerpo de cristo.

26 agosto 2011

El hombre masturbado, de miembro flácido y mirada triste, se siente culpable por el simiente desaprovechado.- Lo derramo en la tierra- reza su pena- que crezca. Haz de mi impureza virtud, señor- Pero nadie escucha sus plegarias. A pesar de regar cada día con esperma, mimar el suelo y soplarle bonitas canciones de cuna, por mucho que haga, la vida no germina.

Se va quedando vacío mientras empiezan a aparecerle los primeros estigmas en la mano, las primeras rozaduras en la piel. Le duele la fricción y escuece cada ir y venir del puño cerrado sobre el pene, pero no puede parar.

-Señor- Ora un poco más fuerte- No dejes que mi esfuerzo sea en balde-. Y dios baja del cielo. Empuja el cuerpo desnudo contra el piso frío y detiene cualquier movimiento del creyente con una mano sobre el pecho. Mientras tanto una felación mezcla leche, sangre y saliva en la boca del recién llegado. Cuando acaba se acerca al rostro exhausto del fiel y le escupe el revuelto entre los labios agrietados, susurrándole suavemente- Nuestro hijo vivirá dentro de ti- después no volvió a saber de el.

Cada noche sentía una pequeña erección cuando le pedía al crucifijo que cuidara a su bebe en el orfanato para jóvenes cristianos. Se tocaba un poco recordando como le acariciaba el torso desnudo y lloraba felicidad por que sus soldaditos no habían muerto en los pecados de darse placer. Seguía siendo un buen cristiano aunque se sintiera sucio.

LaRataGris


Laicos. La “Fe de ratas”

19 agosto 2011

Dios provee y donde no llega con la palabra alcanza con el sistema. El estado es laico y ya no se que quiere decir con eso. Tal vez sea una palabra ambigua que depende de su contexto para poder ser totalmente entendida. Busco en un diccionario por si estoy equivocado y me descubro poseedor de una verdad que el gobierno parece desconocer.

Aún así intento no desconfiar completamente de mis gobernantes. Contacto con filólogos y entendidos varios para poder confirmar mi hallazgo. De entrada todos parecen estar de acuerdo con mi apreciación- Un país aconfesional debería prescindir de la religión, no financiarla, ni hacerle guiños cómplices.- La lengua nos da los argumentos que la realidad nos niega.

Preocupado redacto una pequeña carta con la que reparar la incongruencia. Firmo y la hago firmar por todos los profesionales que apoyan la propuesta y la enviamos a las editoriales del país, que en sus próximos diccionarios incluyan una definición diferente para laicismo, más real y sincera.

LaRataGris