Vagos

6 octubre 2016

-Por fin- Oscar miró la calle, parecía más limpia y el sol brillaba solo para él, aunque eran las nueve de esas tarde noche en las que se le acelera la vida. Esta vez lloraba embargado por la felicidad. Se había jubilado y soltarse la cadena era tal liberación que no podía evitar sonreír entre lágrima y lagrima.

-Por fin-le dijo ella al verlo entrar pletórico por la puerta de casa-han sido años muy difíciles.

-Si hay algo de lo que me arrepiento en la vida es de trabajar. Fijate que no te digo trabajar tanto, cualquier trabajo que encontraba era denigrante. Necesitaba escapar.

-ya esta cariño- se abrazan cansados.- ya podemos ser los vagos que nos llamaron les esclavos agradecidos. Gente que no quiso crecer en lo personal y para los que jubilarse era morir ante un televisor.

La noche les es benévola sabedora de que los días por venir serán felices.

LaRataGris

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Inercia del cansancio

13 mayo 2013

Alberto empezaba a cansarse. Cada movimiento le costaba una vida y el aliento lo tenía contado para pasar el día sin sobresaltos: ir al trabajo, ganar algo en negro para las facturas y dormir, se acostaba siempre que podía. Cerraba los ojos e intentaba recuperarse un poquito. Por desgracia volvía a levantarse con menos fuerzas y menos ganas.

Siempre tenia que seguir arrastrando su cuerpo viejo y marchito. Empezaba a tener la edad adecuada para que le cedieran el asiento en el metro. Pero la vida llegaba con retraso y aún tendría que esperar para viajar por todo el país con un grupo de jubilados. El gobierno de turno había decidido que aún era un buen esclavo y el tenia que seguir preguntándose cuando podría caer muerto sobre el sofá, cuando habría pagado su condena por haberse atrevido a nacer en tiempos de crisis.

Cuando lo despidieron no hubo muchos aspavientos; era legal y fácil, cualquier niño lo haría por menos dinero y, ademas, todos los ministros premiaban las plantillas jóvenes y precarias… la lógica del dinero era aplastante ¿ por qué no hacerlo? – Si yo fuese empresario… – pero no lo era y nadie se ponía en su piel y huesos. A aquella edad ya no encontraría trabajo, su pensión se iría reduciendo por los años que le quedaban sin cotizar. Si llegaba a jubilarse, sólo con lo que ganaba de estraperlo, ya podía sentirse afortunado.

De tanto en tanto Isabel bajaba a quererle. Pasaban un buen rato besando las palabras, recordando minutos que eran tan viejos como ellos mismos y compartían puchero para que se alargaran las migajas. Cuando el se quedo sin trabajo ella dejo de irse, necesitaban acariciar sus penas a cada instante y le ayudó a redactar un curriculum de toda su vida laboral. Resulto una forma de pasar el tiempo como otra cualquiera, nunca sonaba el teléfono pero ellos eran felices inventando futuros en los que podrían comer un poquito más, no demasiado.

Al poco, unas monedas de menos al subir la luz, les complico el equilibrista presupuesto. Luego el agua, el alquiler, los gastos básicos les fueron acorralando hasta que ya no quisieron seguir intentándolo. Se apagaron sin más, apretaron el botón de desconexión en el horno de gas y el estado se ahorro dos jubilados.- Es evidente- clamó el ministro- que el país presenta claros signos de recuperación económica.

LaRataGris


La linea de la vida

3 abril 2013

la linea de la vida