Libertad de rexpresión

15 octubre 2010

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En otro mundo

4 junio 2010

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Un mundo nuevo

21 mayo 2010

Un mundo nuevo


Libertad expresada

1 febrero 2009

Libertad expresada


El formato desconocido

8 octubre 2008

La imagen es perfecta. Cada niño tiene los rasgos bien definidos, con sombras difusas sobre los pliegues de la ropa y un sudor frío que imita el nerviosismo de su mente en cada pregunta del maestro.- ¿Los tres formatos dominantes?- articula Juan- El jpg de las fotografías,- con cada palabra agacha más la cabeza- el bitmap y…- duda- Gif?- cuestionándose su propia afirmación.

-Muy bien, sientese.-se deja caer en la silla, aún transpirando, mientras otra niña comienza a exudar al escuchar su nombre en la voz metálica del adulto.

Un tenso silencio se difumina por el aula, intranquilizando el, ya de por si nervioso, intelecto de Juan. Sus pensamientos parecen caballos desbocados que, a punto de traicionarle con sus relinchos, le obligan a desconectarse presionando el botón del baño. Apaga su visor y desaparece la clase, esta en su cuarto.

Se relaja un poco, acaricia un disket de tres cuartos que descansaba en su regazo y suspira soñando con lo que contendra. Cuando regrese a la escuela se habra obligado a olvidarlo, para que la red no lo detecte en sus ondas, esa extensión desconocida que su ordenador no reconoce.

Al visitar a su abuelo, siempre recuerda lo que es el sol. El se lo explico una vez- es la bombilla que ilumina todas las habitaciones-le dijo- de cuando la ciudad estaba conectada por calles y la gente podía pasear fuera de la red- hoy ya nadie sale de casa. Su visor imagina una puerta en un pasillo, parcialmente pixelada por ser lugar de paso, tras la puerta se abre la estancia a la que quiere acceder y allí ve al anciano, junto el holograma de un fuego que no da calor.

-pasa hijo, pasa- la voz trémula vibra en el tweter interno. Le da dos besos en la mejilla, controlando el escalofrío que provoca el roce de una imagen real con otra generada.

Suele escuchar con atención las historias que le cuenta del pasado, deja que divague sobre cualquier insignificancia que el octogenario considere oportuna y, si no fuese por el enigma del formato volvería a dejarse llevar de la mágia de otros tiempos- ¿Qué extensión es la TGA, abuelo?

Sorprendido reconoce el término obsoleto- Eso es muy antiguo, apenas quedaban cuando yo era niño y desde luego me extreña que tu conozcas el termino.

.bueno, me han explicado algo en historia de la informática, pense que tu…

-Si, si claro que se algo- pierde su mirada en el techo, buscando el hilo de lo que contara a su nieto- Eran archivos de imagen, muy pesados, ocupaban tanta memoria que acabaron desechandolos por otros formatos más interesantes.

-¿ Y que tenían?

-Vete a saber, lo que hubiese querido guardar su dueño- decepcionado por estar igual que al principio comienza a marcharse cuando- eso si, corria un rumor.

-¿Si?- sus ojos parecen a punto de estallar de la emoción

-Si, dicen que antes de desaparecer algunos subversivos se encapricharon del formato. Aprovecharon que se comenzaba a aparcar y el echo de que cada vez fuera más difícil de abrir para guardar en este formato lo que llamaron el proyecto Pandora

-¿ Y que paso después, abuelo?

-Nada, se dejo de conocer la leyenda. Supongo que sería un bulo para que nadie intentase guardar algo en TGA, o quizas los detuvo al policía, no se hijo mio, no se.

Siempre que se desconecta ve la misma puerta que se cierra tras de si. Da lo mismo de donde venga, a donde vaya. Es madera imitación a wengue, de un marrón oscuro que no disimula los nudos de lo que se supone fue un árbol. Al fondo del pasillo que se abre frente a el la misma reproducción, en esta ocasión, tras ella, se materializara su cuarto mientras su mente asimila la reentrada.

No nota la reestructuración de su cuerpo, no puede dejar de pensar en lo que su abuelo le acaba de contar y, eso, le distrae. No siente a su ser formarse al girar el pomo y no reconoce la habitación cuando se dibuja ante el. Es más oscura, llena de papeles y un hombre iluminado por una vieja pantalla de ordenador.

-pasa- le invita sin apartar los ojos del monitor- espero que no te importe que haya entrado en tu sistema. Yo soy xibec- voltea todo su cuerpo, tendiéndole una mano amigable al desconcertado Juan Asustado tiene la tentación de correr, alejarse de aquel individuo que no debería estar allí. Sus piernas reciben la orden, dispara su masa por el pasillo, buscando el amparo de su abuelo. Al abrir de golpe la puerta de la que salio se vuelve a encontrar con el desconocido.

-es fantástico lo relativo del espacio en la red ¿no crees?-no espera respuesta-anda pasa, no sigas esparciendo tus pensamientos. Aquí dentro nos protegen firewalls, no entrara ni saldra nada que yo no quiera.

Venciendo su reticencia se ve arrastrado al interior

-te estuve escaneando ¿sabes? La red no es un buen sitio para esconder secretos, pero que demonios, de otra forma yo no tendría trabajo ¿no? Anda dame el disket – retrocede un paso aun mas acongojado- no te preocupes joder, no te lo podría quitar. Tu eres un virtual y yo no pienso salir de aquí para que alguien me halla preparado una encerrona en tu cuarto, si ni siquiera viajo entre redes, lo hago todo desde aquí- señala el tft- con el observo y atraigo solo lo que me interesa. Sin necesidad de ese hiperrealismo por el que pagais tan alto precio. Venga que no tenemos todo el día, metelo e tu máquina y enviame su contenido, vamos a ver que guarda tan celosament ese niñito.- sin saber por que le hace caso- bueno una imagen, bien tardare un poco en encontrar su algoritmo asi que si quieres ponerte comodo estas en tu cuarto.

Sus dedos se mueven rápido por el teclado, apenas se adivina el movimiento debido a la velocidad que alcanza. Pasan las horas, una tras otra, incontables.

-bueno ya esta, acercate a verlo, no es tridimensional asi que no te lo puedo enchufar a un visor. ¿sabes? Hubiese estado bien tener otra imagen para comparar el codigo pero bueno, tampoco sabremos si hay algo mal.

Poco a poco se forma la imagen, de una forma lenta, difusa al principio para precisarse mas tarde.

En ella se ve una niña, un dibujo modernista con vuelos en la falda que se desdibuja sobre un fondo negro. Sostiene un cofre hermosamente cincelada en verde y dorado. El hacker la mira extasiado, rozando el plasma con los dedos, montando unas aguas sobre otras en la figura de la niña-ahhh!!! Pandora.

-¿Quién es?-pronuncia sus primera palabras en la habitación.

-no es un quien, es un que. Un símbolo de la libertad. Solo ella puede abrir la caja cuando quiera, no acepta las ordenes, el mayor mal de nuestro tiempo, el pensar por uno mismo. Ese es su secreto.

-¿Y que hago con el?- la respuesta llega sin una mirada de quien solo tiene ojos para su pantalla.

-olvidala, pierde el formato por que cuando salgas de aquí no tendras protección y tu mente sera un hervidero de lo que has visto. Te descubrira la red si no sabes ocultar tus pensamientos.

Más que nunca querria ver el sol, más que nunca querria que no fuese delito lo que esta pensando por que sabe que la guardia neuronal entrara en cualquier momento en su cuarto para quitarle el disket y quizas algo más.

LaRataGris.

 


Dulces sueños

26 septiembre 2008

Dulces sueños


La cultura del dinero

17 septiembre 2008

1.El precio de un CD.

Veinticinco de Noviembre:

Oscar siempre apuntaba el dí­a en que había tenido una idea que él creía excepcional. Lo hizo al escuchar hablar del canon que debía salvar la cultura y él consideró estúpido. -“ Te dicen que no puedes copiar un CD si no pagas a su autor“- escribía a finales de mes -“ y, por otro lado, te explican que los compactos serán más caros para sacar el dinero que no obtienen de la piratería. Así, si no copias algo prohibido te están timando, pagas más del uso que le darás. Te incitan a delinquir para no ser un primo“- concluyó tajantemente su aseveración, marcando el año en que había concluido el tema y rubricándolo con su firma. Igual que siempre terminaba sus ideas geniales.

2.La idea genial.

Oscar vivía en una tensión constante, a la espera de que los momentos de lucidez no le pasasen desapercibidos. Siempre llevaba consigo una pequeña libretita, en la que poder dejar cualquier pensamiento, y dos bolígrafos, por si alguno de ellos fallaba le quedase el otro.

No podía descansar ni en el placer de un sueño, por eso, pasada la medianoche se despertó oprimido por la ansiedad. Palpó a oscuras, buscando su libreta y, sin encender la luz, garabateó como pudo la fecha y una palabra para recordar al despertarse lo que había imaginado.

Sonó el despertador, como un acto reflejo se incorporó para leer lo que había escrito- Veinticinco de Noviembre. Cuento-, atravesando en diagonal la página. Con una letra que más parecía un jeroglífico-«Cuento“ – pensó antes de comenzar a desgranar lo que podía ser“- recuerdo un caballo blanco, una película tonta de la tele y justo antes de ser atrapado por Morfeo…-sin darse cuenta, dejó que sus maquinaciones arrastrasen a la mano, guiando la pluma por los vericuetos de una de las historias más hermosas que nadie halla podido inventar. Un año le llevó concluir las veintisiete páginas, con sus revisiones y retoques, hasta que finalmente se sintió satisfecho y la coronó con la firma y el año en que concluyó.

Dos mil cuatro.

3.A cien un pensamiento.

Fue nada más acabar su historia cuando Oscar se vio impelido a escribir de nuevo. Sabía que aquellas líneas eran lo mejor que había escrito nunca, que cualquiera se sentiría orgulloso de hacerlas suyas y el, que quería compartirlas, quería evitar que cualquiera escribiese otro nombre al acabar aquel texto. Por eso apunto -“ Dos de Diciembre. La tierra para quien la trabaja pero, y los pensamientos, ¿a qué precio están actualmente?¿Defiende, realmente, la SGAE el derecho de todo autor?- dejó el texto inacabado, a la espera de informarse y luego confirmó sus sospechas, con las que terminó de escribir -“ No basta con las ideas. Para que el pensamiento te pertenezca primero tienes que pagarlo. Si no, aún con la autenticidad de la firma, es como un anónimo del que cualquiera puede apropiarse. Es curioso pagar por un placer que nace de uno mismo. Sobre todo si se tiene en cuenta que no se quiere sacar ningún beneficio de él“- miró sus bolsillos vacíos -“ Tendré que esperar a compartirlo hasta que solucione el problema del hurto intelectual.

4.Las multas del pensamiento.

Finalmente, Oscar, decidió arriesgarse. Un domingo de invierno salió a la calle con una silla y se puso en pie sobre ella. -“ Señoras, señores. Disculpen si les molesto en algo pero, aquel que no quiera escuchar es libre de marcharse sin haber recibido ofensa alguna a su intelecto“- Apenas cuatro se quedaron a escuchar el resto del discurso- «Soy escritor y mi dinero no es el suficiente para proteger mis textos de posibles ladrones. Por eso apelo a ustedes. Me gustaría compartir con ustedes un cuento que creo será de su agrado. Por favor, escúchenlo y, si en verdad lo consideran interesante, les agradecería unas monedas que me permitan atarlo a mi“ – Dicho esto sacó unos papeles y comenzó a leer para ver cómo, poco a poco, más gente se iba acercando a su círculo. Aquel día muchos llegaron tarde a sus citas y los móviles de sus oyentes se silenciaron para no interrumpir la hermosura de las palabras. Sin embargo, a pesar del placer, pocos dejaron constancia monetaria de la diversión que habían obtenido.

En cualquier caso, el experimento no había sido un fracaso y, pasada una semana, habiéndose corrido la voz, un público numeroso esperaba al nuevo juglar del reino. Y a la siguiente aún se apretaban más personas, cada siete días la aglomeración era mayor, hasta que, por fin, le dio a Oscar para pagarle a la SGAE.

-«Oscar Antonio Sánchez“- leyó el funcionario su carnet y el ordenador- «Celebramos que haya venido. Un segundo, por favor.»

Juzgó extraña la coletilla, era como si le estuviesen esperando sin él haber anunciado visita alguna. En apenas un minuto apareció tras la ventanilla otro funcionario, este con una carpeta de color negro en la que se leía su nombre sobre una pegatina.

-Señor Sánchez, pase por aquí, por favor – No parecía ser amigable a pesar de las buenas maneras- le informo que el señor Bayona, propietario legal del texto Historia de un cuento corto, le ha demandado por utilizarlo sin su permiso para obtener dinero. Aún no le habíamos enviado la carta pero su providencial visita nos ahorrará ese trámite. Si es tan amable de firmar sobre la línea de puntos y pagar su deuda desestimaremos emprender cualquier acción contra usted.

5.Sin dinero ni futuro.

Oscar no creía que la justicia fuese la mejor solución para alguien sin poder. Aún así, se embarcó en la defensa de lo que era suyo.

Reconoció al señor Bayona como uno de tantos. Lo recordaba por sus repetidas asistencias a su monólogo de los domingos. Nunca pagaba por lo que escuchaba y, sin aviso previo, dejó de aparecer por allí. Ahora volvía a verlo cada día, en todas las revistas donde le preguntaban cómo se le había ocurrido aquel bestseller que lo había hecho famoso. Había amasado tal fortuna que podía permitirse las minucias de un proceso largo. Oscar, en cambio, perdió su trabajo por las continuadas ausencias para asistir a las vistas y se había quedado sin nada por ganar lo que ya había perdido de antemano. Gastó su último euro en comprarse una libreta y desapareció de la vida pública. Sin dinero y, al precio que están las cosas, obviamente, sin futuro.

6.Escondido.

Veintinueve de Noviembre.

Prácticamente no apunto nada, lo guardo todo para mi, aunque ahora mismo eso no tiene importancia. Cuando estás en un sanatorio mental cualquier cosa que puedas pensar es considerada una locura tonta que no lleva a ningún sitio. De todas formas, prefiero no arriesgarme, sé que los celadores registran mis pertenencias y alguno podría tener la inteligencia suficiente como para saber qué está leyendo.

Los demás locos respetan mi intimidad, no hablo con casi nadie y lo único que sé del mundo exterior es que todo ha sido como una canción de verano. No ha publicado nada más interesante, pero con lo que ha obtenido ya puede vivir tranquilamente. Me consuela el saber que yo me llevó parte de su fortuna al obligarle a pagar las minutas de sus abogados.

El doctor dice que me estoy curando de mi manía persecutoria, yo sé que si me sacan mataré a ese cabrón. Creo que se lo diré para que alargue mi estancia aquí, me siento a gusto porque tengo mucho tiempo para pensar y ya he escrito en mi cabeza cuatro cuentos más, querría acabar un quinto antes de salir, espero que sea posible.

dos mil cuatro

LaRataGris.