La resistencia

17 julio 2018

Un día Donovan nos dijo que eramos la resistencia. Nos había creado el propio enemigo pero teníamos la obligación de ser unos dignos oponentes.

Recuerdo como fui escogido, entre otros, por tener unas ideas contrarias al régimen. Sin fijarse en si eramos afines entre nosotros, crearon un ejercito al que enfrentarse. Fue sencillo; solo tuvieron que prohibirnos ser cualquier otra cosa: “O eres el enemigo o eres el enemigo”.

Nos vimos en la clandestinidad por expresar ideas.

-Somos resistencia- Nos íbamos reconociendo en pequeños detalles que el rival se molestaba en acentuar. Escribía nuestro contrario, en los periódicos, nuestras ideologías para que las leyéramos y las asimiláramos propias. Nos dejaba actuar, ya llegaría el momento de eliminarnos, cuando el creyese necesario y hubiese exprimido toda nuestra lucha, si no conseguíamos ser la verdadera resistencia primero, si solo eramos un espejo sobre el que reflejarse y justificarse.

LaRataGris

otra resistencia


su ciencia infusa

24 abril 2013

su ciencia infusa


Del pensar hermético

17 abril 2012

Tuvo que viajar por millones de planetas-palabra antes de darse cuenta que, en realidad, era habitante del recorrido. Vivía en la senda de algún lugar que no llega, entre pequeños descansos y el eterno no parar.

Hermanado con la fugacidad infinita y el volver olvidado, giraba en linea recta hacia la izquierda de la realidad, dónde todos bailaban revoluciones. Llegaba cargado con las rocas-ideas de cada tierra abandonada por su vagabundear, se mezclaban en su mochila-cabeza y conformaban un pensamiento algo hermético para los estáticos. Imposible de transmitir, contradictorio, triste y divertido por lo imposible y soñador.

La noche de los insomnes reducía bagaje, reordenaba y enganchaba con alfileres sobre corcho las especies seleccionadas, brindaba con vasos llenos de metáforas propias y ajenas, bebía de otras nuevas tierras en el horizonte. Parecía volverse más humano y sedentario. Más tarde se mareaba y volvía a volar para no perder la costumbre de construir carreteras y posadas.

LaRataGris


Ideas sin precio

27 enero 2012

Ideas sin precio


“Intergrados…”

12 noviembre 2011

Hasta ahora la ciudad triste nos apagaba en matices de negro y gris. Cada edificio era el tono de una misma escala cromática, homogeneizando un abrazo sombrío y desalentador. La roca y el cemento se habían convertido en prisiones para nuestros espíritus libres. Sólo eramos bichos muertos sobre el arcén. Nos movíamos pero eran estertores, reflejos de una vida consumida. Me asfixiaba aquel sobrevivir de la manada. – ¿Te gustaría salir corriendo?- y siempre era la misma pregunta a la que me aterraba contestar. Agachaba la cabeza y hacía como si no escuchase las voces en mi interior- ¿Te gustaría?.-

Todo aquello formaba parte de una fórmula que yo desconocía. Una ecuación que alguien había calculado para saber cuanto tenía que aplastarnos para que siguiésemos trabajando sin que el descontento nos levantase. No eramos felices pero tampoco sabíamos que hacer para cambiarlo, aquella era la única existencia que habíamos conocido. Pintábamos el interior de nuestras casas de colores pero la realidad que nos construían en el exterior seguía enquistándose sin remedio.

Un día cualquiera mi amigo un millón doscientos veintisiete mil cuarenta y tres se dibujó un corazón verde sobre la piel del pecho. Salió a la calle siendo el mismo número de siempre, con la plomiza camisa tapando la rebeldía, se le intuía distinto. Era una forma de caminar, una media sonrisa ocultando algo… parecía uno de esos niños a los que la escuela aún no ha podido enseñar a no divertirse. No podíamos dejar de mirarlo y no sabíamos por que. Antes de llevárselo preso me confeso su pecado y sentí miedo al saberlo, que no se me notase la rareza, que no empezase a comportarme como si no hubiese perdido la esperanza…

Borré mis huellas de todos los colores felices de casa. Pinté las habitaciones de tristeza, quemé mis ideas y empecé a pensar igual que me comportaba, todo fue inútil. Los perros siguieron su rastro hasta dar conmigo.- señor tres billones setecientos seis mil, se le acusa de intentar ser diferente.- y acabé atrapado en una prisión más pequeña. Yo no había hecho nada pero era tarde para defenderme.

Le pusieron precio a mi libertad; cada idea revolucionaria que entregase, cada cachito de inteligencia que les diera equivaldría a diez minutos menos de condena. Cumplí siete de los ocho años y pude salir a un mundo muy distinto al que abandoné. Nos habíamos sacrificado y la ciudad parecía haberse contagiado de nuestro esfuerzo. Todo se había llenado de color y ya no era la tumba que abandoné. Helicópteros de limpieza lanzaban cubas de pintura allí donde empezaba a deslucir. Ríos de colorante impregnaban cada calle, arrastrando a los transeúntes que también quedaban teñidos en la operación. Los responsables de la ciudad la habían pintado de optimismo y los perros velaban por que nadie manchase las paredes de verdad. Nuestro incidente les sirvió para darse cuenta de que la ilusión de libertad nos tendría mejor controlados que el desánimo, el sistema nos había integrado a su manera, habían transformado la ecuación para un mismo resultado.

LaRataGris


Caminar solos…

5 septiembre 2011

Hace tiempo que mis pies dejaron de pertenecerme. Me acompañan a regañadientes, haciendo ruido y molestando para ver si algún día dejo de atarlos y los abandono a la libertad. Pero los necesito para moverme entre vehículos, por la oficina, chutando balones y luciendo cocodrilos muertos en cenas de gala.

Les he pedido seriedad, que sean racionales que todo lo que hago es por prosperar, sobrevivir y tener dinero para calcetines de seda, sandalias de oro y baños de agua caliente con sal. Pero nada parece interesarles. No quieren recibir ordenes de mi mente, gritan porque escuche a mi corazón. Si giro a la derecha hacen fuerza hacía la izquierda, no sienten placer por ir sobre pasos marcados, prefieren hacer su propio camino y me han dicho que en dos días se irán si no cambio de actitud, rumbo y sin destino.

Al segundo día, tras el ultimátum, los zapatos me bailan tras los muñones, también hay un hueco en el pecho e incluso la razón parece haber desaparecido por que no me importa, me arrastro hasta el coche y enciendo la rutina para que no me descuenten días de vacaciones.

LaRataGris


Hueco

6 noviembre 2010

Hueco


Pensamientos compartidos

25 octubre 2008

Pensamientos compartidos


La cultura del dinero

17 septiembre 2008

1.El precio de un CD.

Veinticinco de Noviembre:

Oscar siempre apuntaba el dí­a en que había tenido una idea que él creía excepcional. Lo hizo al escuchar hablar del canon que debía salvar la cultura y él consideró estúpido. -“ Te dicen que no puedes copiar un CD si no pagas a su autor“- escribía a finales de mes -“ y, por otro lado, te explican que los compactos serán más caros para sacar el dinero que no obtienen de la piratería. Así, si no copias algo prohibido te están timando, pagas más del uso que le darás. Te incitan a delinquir para no ser un primo“- concluyó tajantemente su aseveración, marcando el año en que había concluido el tema y rubricándolo con su firma. Igual que siempre terminaba sus ideas geniales.

2.La idea genial.

Oscar vivía en una tensión constante, a la espera de que los momentos de lucidez no le pasasen desapercibidos. Siempre llevaba consigo una pequeña libretita, en la que poder dejar cualquier pensamiento, y dos bolígrafos, por si alguno de ellos fallaba le quedase el otro.

No podía descansar ni en el placer de un sueño, por eso, pasada la medianoche se despertó oprimido por la ansiedad. Palpó a oscuras, buscando su libreta y, sin encender la luz, garabateó como pudo la fecha y una palabra para recordar al despertarse lo que había imaginado.

Sonó el despertador, como un acto reflejo se incorporó para leer lo que había escrito- Veinticinco de Noviembre. Cuento-, atravesando en diagonal la página. Con una letra que más parecía un jeroglífico-“Cuento“ – pensó antes de comenzar a desgranar lo que podía ser“- recuerdo un caballo blanco, una película tonta de la tele y justo antes de ser atrapado por Morfeo…-sin darse cuenta, dejó que sus maquinaciones arrastrasen a la mano, guiando la pluma por los vericuetos de una de las historias más hermosas que nadie halla podido inventar. Un año le llevó concluir las veintisiete páginas, con sus revisiones y retoques, hasta que finalmente se sintió satisfecho y la coronó con la firma y el año en que concluyó.

Dos mil cuatro.

3.A cien un pensamiento.

Fue nada más acabar su historia cuando Oscar se vio impelido a escribir de nuevo. Sabía que aquellas líneas eran lo mejor que había escrito nunca, que cualquiera se sentiría orgulloso de hacerlas suyas y el, que quería compartirlas, quería evitar que cualquiera escribiese otro nombre al acabar aquel texto. Por eso apunto -“ Dos de Diciembre. La tierra para quien la trabaja pero, y los pensamientos, ¿a qué precio están actualmente?¿Defiende, realmente, la SGAE el derecho de todo autor?- dejó el texto inacabado, a la espera de informarse y luego confirmó sus sospechas, con las que terminó de escribir -“ No basta con las ideas. Para que el pensamiento te pertenezca primero tienes que pagarlo. Si no, aún con la autenticidad de la firma, es como un anónimo del que cualquiera puede apropiarse. Es curioso pagar por un placer que nace de uno mismo. Sobre todo si se tiene en cuenta que no se quiere sacar ningún beneficio de él“- miró sus bolsillos vacíos -“ Tendré que esperar a compartirlo hasta que solucione el problema del hurto intelectual.

4.Las multas del pensamiento.

Finalmente, Oscar, decidió arriesgarse. Un domingo de invierno salió a la calle con una silla y se puso en pie sobre ella. -“ Señoras, señores. Disculpen si les molesto en algo pero, aquel que no quiera escuchar es libre de marcharse sin haber recibido ofensa alguna a su intelecto“- Apenas cuatro se quedaron a escuchar el resto del discurso- “Soy escritor y mi dinero no es el suficiente para proteger mis textos de posibles ladrones. Por eso apelo a ustedes. Me gustaría compartir con ustedes un cuento que creo será de su agrado. Por favor, escúchenlo y, si en verdad lo consideran interesante, les agradecería unas monedas que me permitan atarlo a mi“ – Dicho esto sacó unos papeles y comenzó a leer para ver cómo, poco a poco, más gente se iba acercando a su círculo. Aquel día muchos llegaron tarde a sus citas y los móviles de sus oyentes se silenciaron para no interrumpir la hermosura de las palabras. Sin embargo, a pesar del placer, pocos dejaron constancia monetaria de la diversión que habían obtenido.

En cualquier caso, el experimento no había sido un fracaso y, pasada una semana, habiéndose corrido la voz, un público numeroso esperaba al nuevo juglar del reino. Y a la siguiente aún se apretaban más personas, cada siete días la aglomeración era mayor, hasta que, por fin, le dio a Oscar para pagarle a la SGAE.

-“Oscar Antonio Sánchez“- leyó el funcionario su carnet y el ordenador- “Celebramos que haya venido. Un segundo, por favor.”

Juzgó extraña la coletilla, era como si le estuviesen esperando sin él haber anunciado visita alguna. En apenas un minuto apareció tras la ventanilla otro funcionario, este con una carpeta de color negro en la que se leía su nombre sobre una pegatina.

-Señor Sánchez, pase por aquí, por favor – No parecía ser amigable a pesar de las buenas maneras- le informo que el señor Bayona, propietario legal del texto Historia de un cuento corto, le ha demandado por utilizarlo sin su permiso para obtener dinero. Aún no le habíamos enviado la carta pero su providencial visita nos ahorrará ese trámite. Si es tan amable de firmar sobre la línea de puntos y pagar su deuda desestimaremos emprender cualquier acción contra usted.

5.Sin dinero ni futuro.

Oscar no creía que la justicia fuese la mejor solución para alguien sin poder. Aún así, se embarcó en la defensa de lo que era suyo.

Reconoció al señor Bayona como uno de tantos. Lo recordaba por sus repetidas asistencias a su monólogo de los domingos. Nunca pagaba por lo que escuchaba y, sin aviso previo, dejó de aparecer por allí. Ahora volvía a verlo cada día, en todas las revistas donde le preguntaban cómo se le había ocurrido aquel bestseller que lo había hecho famoso. Había amasado tal fortuna que podía permitirse las minucias de un proceso largo. Oscar, en cambio, perdió su trabajo por las continuadas ausencias para asistir a las vistas y se había quedado sin nada por ganar lo que ya había perdido de antemano. Gastó su último euro en comprarse una libreta y desapareció de la vida pública. Sin dinero y, al precio que están las cosas, obviamente, sin futuro.

6.Escondido.

Veintinueve de Noviembre.

Prácticamente no apunto nada, lo guardo todo para mi, aunque ahora mismo eso no tiene importancia. Cuando estás en un sanatorio mental cualquier cosa que puedas pensar es considerada una locura tonta que no lleva a ningún sitio. De todas formas, prefiero no arriesgarme, sé que los celadores registran mis pertenencias y alguno podría tener la inteligencia suficiente como para saber qué está leyendo.

Los demás locos respetan mi intimidad, no hablo con casi nadie y lo único que sé del mundo exterior es que todo ha sido como una canción de verano. No ha publicado nada más interesante, pero con lo que ha obtenido ya puede vivir tranquilamente. Me consuela el saber que yo me llevó parte de su fortuna al obligarle a pagar las minutas de sus abogados.

El doctor dice que me estoy curando de mi manía persecutoria, yo sé que si me sacan mataré a ese cabrón. Creo que se lo diré para que alargue mi estancia aquí, me siento a gusto porque tengo mucho tiempo para pensar y ya he escrito en mi cabeza cuatro cuentos más, querría acabar un quinto antes de salir, espero que sea posible.

dos mil cuatro

LaRataGris.