La muerte del arte. El chisme

17 junio 2025

– Con todos ustedes – Dijo el maestro de pista-, con todos, todas y todes: el increíble, el fabuloso, el magnífico hombre menguante.

Un fuerte aplauso llena la carpa cuando irrumpe en ella un hombre corpulento, de aproximadamente cuarenta y cinco años. El mastodonte; alto como de aquí al sol, ancho como la tierra, mantiene los ojos cerrados mientras inspira y expira rítmicamente. Entre los espectadores nadie rompe el silencio.

Flexiona las rodillas, se dobla sobre sí mismo, se queda en posición fetal, menguando triste y solitario en un rincón oscuro.

– ¡El impresionante hombre menguante! – vuelve a gritar el maestro de ceremonias.

La gente estalla en vítores de admiración mientras el artista no para de llorar en la penumbra.

LaRataGris


Es historia

26 septiembre 2023

Aunque su nombre estaba escrito con letras doradas sobre la historia, en realidad, no era nada oficial.

Él mismo, pequeño como era, había cogido el espray y se había inscrito en el rincón que consideró más adecuado.

La historia oficial: ofendida, ofuscada; sacó el trapo, agua, jabón y quiso borrar la huella. Sólo quedo un insignificante residuo que no se veía en la distancia.

Un resto que se podía investigar, seguir su hilo hasta una historia alternativa que nadie iba a buscar y, aún así, allí estaba.

LaRataGris


Lulú no conoce a nadie

18 julio 2023

En un rincón iluminado, del que salen risas y música, allí vive Lulú. Y todo el mundo la conoce aunque ella no conoce a nadie.

Los ve pasar señalando, la marcan: la loca, la rara, la extraña, la diferente, la que sirve de mofa para los normales.

Ellos, que no se distinguen entre si, que actúan de forma similar y sueñan con cosas grandes que nunca van a tener. Son tan iguales que ni Lulú, la loca, puede diferenciar entre sus burlas. No sabe quien es malo o quien peor. Para ella todos son lo mismo y, Lulú, no conoce a nadie.

LaRataGris.


Oasis

27 abril 2011

Pisando islas desiertas aprendí a convivir con mi soledad. A estar callado y a la vez escuchar el ruido de mi cabeza. Inventé mundos de mis estados, los poblé con euforias, alegrías, calmas y tristezas. Me entendí fuera de la vida, ajeno a la gente. Lo que pensaba sin tener que aplicarlo, en la excusa perfecta de un paraíso construido para mi, a mi imagen. Salía sólo para comer, para mal ganarme la vida y poder mantenerme al margen de todo.

Estar fuera era una pesadilla. Las palabras no tenían ningún valor. Necesitaba traicionarme para que nadie me delatara, para poder seguir volviendo a mi oasis.

De repente necesite ser yo mismo veinticuatro horas al día, dejar de fingir y saber que no me engañaban las sensaciones. Apague la luz de la mentira, cerré las puertas y me prometí que jamás volvería a encerrarme en una jaula de oro demasiado costosa y artificial. Cambiaría la realidad aunque fuese imposible.

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