
Ya está bien de que las exigencias vengan desde el mismo lado, ya está bien de justificar sus idioteces. Comencemos a pedir lo que es nuestro.
Aprendimos sobre la marcha, a fuerza de golpes y silencios.
-¿Érice?- Algunos caían para siempre. Desaparecían como si nunca hubiesen pertenecido a la compañía.
La empresa contaba los muertos y, los que quedaban, eran clasificados en uno de los dos grandes grupos existentes; pertenecías a los que resistían o eras de la triste gran mayoría.
Incapaz de reaccionar, la gran mayoría, se plegaba al sistema, nos traicionaba. A menudo incluso los resistentes teníamos que aparentar ser babosas para obtener un momento de paz, eso obligaba a desconfiar los unos de los otros.
Nunca podías saber con quien te levantarías. Te acostabas con un compañero, sí, pero por la mañana podías estar muerto; sino ya te mataría.
Siempre la siguiente embestida era peor, más arrolladora, más cruel. Más intensa y tú, con menos fuerza, te atas frente a las sirenas, te afianzas y esperas que la cuerda aguante lo suficiente como para seguir aprendiendo.
LaRataGris
El día no podía empezar mejor. La noche se había consumido como la llama de una vela, escapando en aromáticas volutas de humo.
El gran conejo blanco se sentó a mi lado, saboreando la mañana. No teníamos prisa y el mundo, por un día, iba a ser un lugar maravilloso.
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-Compadre-dijo C-¿Cómo coño conseguiste currar con Carmen?
-Seleccionaba siete señores – contesto S- simplemente solicite servirle.
-Pero para pasar- entró evidentemente P– ¿preparaste pruebas? ¿Perfeccionaste…?
-¡Calla! ¡contesta!- Señalo a cada uno en momentos parecidos
-Soy suertudo, supongo. Simulé ser superior.
-¿Cómo?
– Solo salió
-Muy Modesto, mamón. Me matas mientras mientes. Maldito mentecato.
-¡Silencio! ¡suenas soez! Si sigue salpicare sus sesos sobre su sillón.
– Mierdosa memez.
-Calma, camaradas.
-Pasa, permíteles pelear. Puñetazos, pellizcos,… patearos, putos pendencieros.
-Como contrincantes caeremos, como compañeros creceremos.
-Pero prefiero perder peso para permanecer. Partid permanentemente, pereced por preservar puestos.
-iSientate! ¡Silenciate! soliviantador, seamos sensatos.
-Claro.
-Solo somos… ¿sumamos?
-¿Veintitrés?
-¿Treinta y dos?
-Si
-No
-¿Quien quiere queso?
-Letras locas
-¡Abecedarios, armaos!
-Posteriormente paz, primero pelearemos.
-Guerra.
-unidad.
-Padecéis prisiones parecidas pero predicáis prohibiros, pensad papanatas. ¿Preferís perder? ¡Pelead!¡Pelead!
-¿Irónico?
-Mezcla.
– Disolución.
-Sumad siglas.
pero ni en la aparente unidad del abecedario lograron encontrar las palabras adecuadas, cada letra pensaba unicamente en su parcela del diccionario.
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