El primer poema

3 febrero 2020

Para el primer poema escrito no existían rimas ni musicalidad. Carecía de reglas que lo encorsetasen. Sentimiento y algo de sangre.

Los poetas, no tenían ese nombre, troceaban su ser. Ya llegarían los tiempos de vestirlo todo con razón. En aquel entonces solo era verdad; era volar sin alas, aterrizar sin freno.

Un te quiero susurrado, odiar de forma desmesurada, describir el viento, las estrellas… la letanía de la muerte, un cerezo,… Mamut, alud.

Sin reglas respiraban y exhalaban lo bello y lo terrible. Todo estaba permitido.

-Fijémonos en la estructura, contemos el número de silabas. Ojo con los signos, institucionalicemos la belleza.

Siempre existe quien, carente de alma, prefiere encerrar las ideas en cárceles de normas. Es su forma de destacar, señalando al que libre decide no cumplir las férreas directrices, al que es poeta pero se le ha olvidado sacarse el carnet de manipulador de rimas. Así escribieron un quinto poema y el décimo e infinitos muy correctos, muy de poetas profesionales.

LaRataGris

atentos a la última norma de la poesía nos perdimos en no mirar todo el camino


Mundo circular

3 enero 2012

– El mundo,- pensó Cloe- no es redondo.- Para ella la realidad se limitaba a todo lo que alcanzaba a ver con sus ojos. Si se movía aparecían edificios, parques, caras distintas necesitando un rincón más amplio que su país de sensaciones, no tanto como para imaginar un planeta mucho más grande.- El mundo,- seguía con su retahíla- es tremendamente pequeño.- Siempre hacía los mismos trayectos; invariablemente salía de casa y trazaba líneas rectas hasta el trabajo, el mercado o el bar de Juan. Por el camino más corto y directo.
Jamás se había preocupado por si el camarero tenía un nombre distinto al de Juan. Era lo que rezaba el letrero y así se tenía que llamar aunque fuese variando el dueño, las facciones y la cordialidad, en su caja hermética no había lugar para cambios. Cloe vivía en el primer mundo y así quería seguir. Sus problemas eran los de alguien con dinero. Necesitaba experimentar la última novedad, demostrarse superior y puede que ayudar, no demasiado, suficiente como para sentirse bien sin que esto le llevase a ser pobre. Ni se planteaba perdonar deudas a tierras desconocidas, poco más que fantasías. No quería implicarse con alguien que para ella era un extraterrestre viviendo a millones de años luz de la realidad. Una limosna simbólica era suficiente para poder continuar sin que se rompiese la burbuja.
No fue tan rápido como para suceder en un día pero si lo suficiente como para que no se diese cuenta de que todo estaba cambiando, aunque de haber sido más lento tampoco hubiese notado nada. No vio que cada vez había más mendigos, que Juan había cerrado el bar de toda la vida y que en el super no le fiaban desde que quebró su empresa. Su mundo se iba reduciendo, desapareciendo junto a los pingües ahorros de toda una vida. Ya no era una privilegiada y no lo sabía. Cloe vivía en el tercer mundo y sus problemas empezaban a ser preocupantes. Ya no tenía para comer y la última novedad debía ser algo de fruta, un bocadillo o las sobras de cualquier restaurante.
El rostro de la ciudad también se había transformado. Los desfavorecidos pululaban buscando la parte de comida que el primer mundo había preferido tirar. Ya no había riqueza con la que la gente como Cloe pudiese simular un lugar aparte, empezaban a mezclarse y eso costaba de digerir. El mundo empezaba a ser redondo, mucho más allá de nuestra mirada todos empezábamos a depender los unos de los otros.

LaRataGris