El último hombre sobre la tierra

5 diciembre 2017

Nada hacia pensar en Juan como alguien extraño. En términos generales era como cualquier otro hombre: un bípedo de orgulloso colgajo balanceándose ajeno a su voluntad. Era, en el sentido más clásico del término, un macho de homo sapiens, aunque quizá tu quieras catalogarlo como a un neanderthal. Puede que esa forma de comportarse tan simiesca fuera lo que más resaltaba en comparación a otros humanos, daba igual del genero que fuesen.

Evidentemente no pertenecía a este tiempo, aunque él se sentía pegado al lugar. Se creía el dueño de todo y todas. Sus padres lo habían educado como a un todopoderoso, un amo sin poder real, vestigio de otra realidad que, en realidad, quedaba lejos. La gente, algo más evolucionada, había empezado a mirarlo como a un bicho raro, sin cabida en el mundo. Y el mundo, que giraba incluso con él, hubiese sido un lugar más tranquilo sin sus tonterías. Por eso al morir, aunque desaparecía el último hombre sobre la tierra, se acababa una especie, nadie lo echo de menos, nadie intento salvarlo.

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Y de mono a cucaracha en: Payhip o Comic Square

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El sótano exquisito

15 mayo 2017

-Llegaré tarde- Juan abrió la puerta del sótano y bajó veintisiete escalones que giraban en el tramo final. Podía hacer ese recorrido en menos de cinco minutos, aunque había días en los que prefería sentarse a mitad del camino. Se quedaba pensativo, dejando que se escurrieran las horas hasta haber conseguido acumular una buena cantidad que luego dejaba ir por la ventana, para que los recogiese cualquiera necesitado de algo de tiempo.

Allí podía quedarse media hora o media vida hasta que, su madre, preocupada, lo llamaba desde el hueco de la puerta. Esos días sabía que si no hubiese escuchado su nombre hubiese podido gastar toda su existencia en la oscuridad más absoluta, despierto.

Había acondicionado el sótano para poder escribir un rato en soledad, era un lugar exquisito, incluso para no hacer nada.

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El villano crepuscular

17 abril 2017

-¿Quieres un te?- La respuesta se hace esperar, no llega, esta muerta. El villano se acerca hasta la única persona que ha querido en su vida. Camina de forma lenta, convirtiendo un segundo en varios minutos, hasta poder llegar a ella. Los años le han acostumbrado a que le tiemblen las manos y que los ojos se derramen por la sequedad, la tristeza es otra cosa que toma los mismos signos para dolerle un poquito más.

Cuando entra la policía le informan de que, con la carrera delictiva que tiene a sus espaldas, tendrán que hacerle la autopsia. Él se queja, sabe lo mucho que la quería, que a ella jamas le hubiese hecho daño, pero también sabe que supervillano una vez y lo eres para siempre , la opinión pública no cambia ni aunque seas viejo.

. . .

-Todo esta bien,- certifica el doctor- muerte natural.

La visten de compinche para recibir a la eternidad, él también se disfraza, metiendo barriga para caber en aquellas viejas mallas. Rechaza la silla de ruedas, camina apoyando un bastón con cabeza de cuervo en la empuñadura. Embutidos en sus trajes aparecen algunos de los héroes a los que se ha tenido que ir enfrentado a lo largo de su carrera delictiva, la vida no les ha tratado mejor, se intuye la edad tras la máscara. Le van dando el pésame, le consuelan cuando se rompe.

-Si hubiese ganado- les dice- Hoy no me considerarían el villano, si os hubiese vencido… Pero ella seguiría muerta. ¿De me ha servido todo el tiempo que he perdido intentando conquistar el mundo? ¿De qué sirve todo lo que hacéis vosotros en vuestras efímeras vidas?

los abrazos y las condolencias siguen intentando enmascarar el dolor.

Tras el funeral regresa a una casa triste y vacía, donde volverá a ofrecerle un te a la nada, como si la chica invisible continuase sentada en el sofá, acariciando al pequeño gato Misifu. Solo que no la vera, le estará gastando una broma, haciéndose realmente invisible cuando más la siente.

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Las siete diferencias

12 enero 2015

Una hoja en blanco junto a otra idéntica. Tan iguales, tan perfectas en su vacío: busca las siete diferencias, unicamente siete. El hombre inmejorable analiza cada pequeña imperfección, el gramaje, que si una se ha doblado más que la otra al sacarla del paquete, en cual se ha detenido una mota más de polvo, las impurezas, el…toquetea, resopla y vuelve a empezar. Lupa en mano, enciende una luz, se despeja y justo en su lecho de muerte ríe al descubrir las siete diferencias de golpe: no vivir, no sentir, no pensar, no comer, obsesionarse, perderse, no encontrarse e, incluso, morir antes de tiempo, la octava por la tardanza, como compensación.

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No te traiciones

18 septiembre 2014

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Olvido involuntario

5 junio 2013

Ahora que soy uno de los olvidados, de los viajeros de paso, del viento sin voz, … un murmullo. Dejo atrás los recuerdos y las formas fantasmales de los que, como yo, fueron efímeros en el tiempo, las heroínas, los monstruos de traje y corbata.

Ahora que me desdibujo y las risas perdidas se hacen solidas, mi mente grita entre cuatro paredes los mas de diez años envejecidos en un segundo, cuando pude imaginarme arropado y seguro, cuando volaba.

Ahora, con las alas arrancadas y los días recortados, me siento a verme triste. Cada arruga es la vida de alguien que pierdo, momentos arrebatados entre comprensiones, flexibilidades insuficientes y una luz tan intensa que quema. Que bonito todo cuando te animan, tanto que me pregunto ¿ nadie quiera billete de ida a ese infierno? Pero faltan voluntarios.

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Cuento susurrado

14 agosto 2012

Hay una historia que no esta escrita en ningún libro. Se cuenta de piedra a piedra, entre muros que separan a los presos de sus familias. Dentro pasas el rato explicando por que consumes tu vida enterrado, son susurros de viento para que no los escuchen los carceleros.

Tal vez mis nietos puedan leer las palabras que quedaran enganchadas en las fotografías mudas, en los silencios de la memoria desaparecida. Puede que pregunten por ese niño que de un salto paso a otro álbum de recuerdos volviéndose demasiado viejo para ser el mismo. Entre medio la guerra civil me arrancó para borrar mis huellas.

Tras los asesinatos de amigos y enemigos, una vez limpios los campos de cadáveres, los exílios de los supervivientes, las prisiones, las torturas, el hambre y el dolor de los que nos tocaba morir lentamente… tras las desgracias, más bien delante de ellas, pintaron una mentira de cielo azul y esperanza. Apagaron mi lucha y la de compañeros con los que soñé soles de noche y lunas libertarias.

Únicamente nos dejaron nuestros cuentos intentando unir el complicado rompecabezas de lo que tan hábilmente había dejado de existir para siempre. Hay una historia que aún esta por inventar. Es la que se forma entre los huecos de la memoria borrada, la que no olvida que matamos pero que también nos mataron, que en las luchas murieron los hermanos de ambos bandos y sólo hubo un vencedor que nos dolió a ganadores y vencidos. Fueron tiempos difíciles de los que llegara un día en el que no habrá demasiado miedo por preguntar.

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