El año que viene

28 junio 2022

Todo cambiara el año que viene, pensó Valentina, todo será mejor.

Por eso se calzó sus zapatos de viajera del tiempo, planchó con una pasada de la mano su arrugada camisa que continuo siendo un guiñapo lleno de lamparones y olor a humano sin paliativos.

-¡Buenos días!- le gritó al mundo, con una sonrisa tatuada en los labios. Ajenos, el resto de vagamundos, continuaba en el sueño plácido de la inercia.

Las calles, desiertas de primera hora de la mañana, se llenaban de los sonidos del silencio y la apatía.

-El año que viene – volvió a repetirse en voz alta, para olvidar que aquel uno de enero no había cambiado nada, para fingir que esta nueva tanda de trescientos sesenta y cinco días que se le venían encima no iban a destruirla un poquito más. Para nada importaba que, para el resto de mundo, el calendario dijese veintisiete de junio, en realidad las fechas eran lo de menos para seguir fingiendo que el año que viene todo sería mejor.

LaRataGris


La muerte de gato viejo

24 febrero 2014

A mediados de cada enero Gato Viejo llegaba con sus maullidos de vagamundo. Yo le servia un tazón de leche por cada una de sus historias, si es que no me quedaba maravillado, con los ojos clavados en sus infinitos, mientras el me arrullaba con su lengua áspera de aventuras.

Había regalado sus siete vidas a todo el que las necesito, por eso la muerte lo respetaba y perdonaba sus excesos. Ella fingía no ver las caídas desde el tejado y si alguien le insistía para que mirase siempre respondía lo mismo: ¿ para qué?, si Gato Viejo siempre cae de pie y corriendo hacía otro amanecer.

Aunque esta vez la leche se quedo fría en el balcón. Miraba las cornisas desnudas, sin verlo aparecer. Me quede sin sus cuentos viajeros, sin mi billete a otro mundo. Cuando acabo enero recogí todos los cojines que había dispuesto para que descansara y los guarde con la esperanza que el año pasase rápido.

LaRataGris

Gato Viejo: guia de lectura