El secreto del dragón

23 abril 2018

El secreto del dragón

Cada Sant Jordi me gusta celebrarlo con mis niños enseñandoles que la cultura se tiene que trabajar, no basta con comprar un libro y dejar que se llene de polvo.

Mi manera de hacerlo es que mi regalo sea algo personal, hecho especialmente para ellos, cosas para las que el dinero no sirve. Con esto he conseguido que me colmen de dibujos y figuritas que me derriten.

Este año, he tenido que trabajar contrareloj para llegar, ha salido este “El secreto del dragón”. Espero que lo disfrutes tu también y el año que viene, si no antes, te animes a sorprender a tus seres queridos regalando cultura.

LaRataGris

Por si te perdistes los números anteriores: 2016, 2017

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La vida de Gato Viejo

10 marzo 2014

Para Gato Viejo la vida empezaba a ser demasiado parecida a un trabajo. Siempre en los mismos excesos, cumpliendo con cada hora, el estricto horario de las aventuras. A las doce salvar el mundo, a las tres encontrar el arca perdida, media hora más tarde fingir ser un gato duro de pelar y expulsar a los malhechores que pretenden envenenar el embalse de Sau, luego no tener descanso. Gato Viejo ya estaba demasiado viejo para tanto trajín, no le apetecía ni ir a casa de Marcel a tomarse su tazón de leche.

El balcón estaba a un salto de donde se encontraba. Miró la puerta abierta sin fuerzas para lanzarse, prefería quedarse tumbado sobre el tejado, con la lluvia calando cada uno de sus huesos maltrechos. Era una madrugada de tener demasiado frío, rodó sobre si mismo hasta chocar con una parabólica y allí se enrosco. Al día siguiente no dejaba de estornudar y todo su esqueleto temblaba, castañeteaba bajo su pelo ralo mojado. No podía ni moverse y no lo hizo.

-¿ qué te ha pasado?- acarició su columna vertebral la muerte- así no puedo mirar para otro lado, tendré que llevarte conmigo.

Gato Viejo maulló algo que sólo ella pudo entender. Lo cogió entre sus descarnados brazos con el cariño de una madre y se lo llevo hacía una aventura que aún no había vivido.

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Gato Viejo: guia de lectura


La muerte de gato viejo

24 febrero 2014

A mediados de cada enero Gato Viejo llegaba con sus maullidos de vagamundo. Yo le servia un tazón de leche por cada una de sus historias, si es que no me quedaba maravillado, con los ojos clavados en sus infinitos, mientras el me arrullaba con su lengua áspera de aventuras.

Había regalado sus siete vidas a todo el que las necesito, por eso la muerte lo respetaba y perdonaba sus excesos. Ella fingía no ver las caídas desde el tejado y si alguien le insistía para que mirase siempre respondía lo mismo: ¿ para qué?, si Gato Viejo siempre cae de pie y corriendo hacía otro amanecer.

Aunque esta vez la leche se quedo fría en el balcón. Miraba las cornisas desnudas, sin verlo aparecer. Me quede sin sus cuentos viajeros, sin mi billete a otro mundo. Cuando acabo enero recogí todos los cojines que había dispuesto para que descansara y los guarde con la esperanza que el año pasase rápido.

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Gato Viejo: guia de lectura


Los osos polares toman café

7 mayo 2012

Los días en que hace mucho frío, tanto que a las focas le crecen piernas para que puedan correr y entrar en calor, los osos polares toman café; con dos azucarillos, agitado, no removido porque lo escucharon en una pésima película que marco a toda una generación de animales.

Sus zarpas torpes cogen las tacitas con una inimaginable delicadeza mientras cotillean alrededor de una fogata vestidos de boys scouts y las tormentas pasan de largo. Nadie quiere perderse la conversación ahogada en marea negra así que, cuando llega la noche, no se duerme, ni siestas previas ni largas hibernaciones, se mantienen ojipláticos con ooooos sorpresa y rigurosos turnos para que toda la comunidad de su opinión.

Tienen tanta prisa por vivir algo que preparan planes, mejoran teorías, reescriben una y mil veces las ideas para conseguir un estado zen adecuado… toman café, piensan, mueren y desaparecen con la bandera correcta entre sus manos, siendo utopías venidas a menos, soñadores que no descansan ni se mueven.

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