La ley del sol

21 agosto 2018

No amaras a nadie por encima mio

Cada día amanecía un Sol nuevo. Un Sol que no era peor o mejor estrella que la anterior.

Habíamos aprendido a ignorarlo, simplemente estaba ahí, la luz y el calor necesario para la vida y, la vida, era todo eso tan cotidiano.

Él se sabía indispensable hasta que llegaba la noche y el astro moría arropado en el manto de ella, languidecía hasta consumir su último rayo.

Enamorada de la luna, Rosalía, solo caminaba cuando el ya había desaparecido. Le declaraba su amor al firmamento juguetón, mientras lo esquivaba a él.

-¡Arrrgh!- Grito el hijo del millonésimo sol- Falta una de mis ovejas. La han de enterrar en mi presencia si es que ha muerto- Rugió como un salvaje hasta que el resto de puntitos le hizo caso.

ya no podían seguir ignorando su calor. Estaba enfadado y exigía un sacrificio.

Buscaron a la mujer escondida entre las sabanas blancas de pereza.

– ¡Bruja!- El juicio no era necesario, la arrastraron del pelo hasta la plaza pública, protegida unicamente por una piel suave y apetecible.

-La ley- Dijo el sol- es inmutable. Nazco y muero por vosotros, quien no entienda el amor que me ha de profesar se consumirá conmigo.

-Jamas podre amarte- Le desafió ardiendo como el nunca podría

-¿Te atreves a ni siquiera fingirlo?

-No seria justo- Así fue como escribió su propia condena mientras que el resto aseguraba que el sol, más bien fingían, que ese sol no les pedía sumisión.

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Su derrota su éxito

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Norteños del sur

14 mayo 2018

Habían perdido el norte. Su brújula siempre marcaba una línea recta, de poco importaban los obstáculos o que eso les hiciera girar siempre en círculos.

Mokombo golpeó el cristal con la esperanza de que la aguja se moviera, aunque solo fuese un poquito.

No hubo suerte, estaba justo donde le señalaba y no le parecía el lugar adecuado.

-¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí?- se lo preguntaba a el mismo pero, Lola, viendo la desolación en sus labios le respondió con un abrazo.

Vamos a sobrevivir- y, en aquel momento, algo peor que la muerte es el no estar vivo, solo sobrevivir .

Ninguno de los dos fue consciente de lo que realmente duraron los días venideros. Fueron espectros haciendo todo lo necesario para levantar el campamento, fingir una ocupación, conseguir sobras y ropa usada.

Mientras, el niño, se perdía por cada rincón del yermo. Resultaba sorprendente que pudiese encontrar, ni que fuera, una sombra para cobijarse. Él aun no había renunciado a la esperanza.

Pasaba largas horas mirando el sur por el que habían llegado, ese era su norte, no este asentamiento en el que tendría que crecer.

Mantendría esa mirada hasta poder crecer sobre aquella idea. Toda su lucha sería por regresar a su destino, a la misma decepción que habían encontrado sus padres.

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Vacíos capitales

28 mayo 2015

Vacíos capitales


En el crepitar de una llama

6 enero 2015

– Lo principal- se tranquiliza a si mismo- es no perder la calma.- La habitación en penumbras tras el nuevo apagón y, si es como siempre, serán mínimo tres días con sus tres noches. Ha empezado a ser tan habitual que la nevera guarda poco que se estropee y en la mesa, siempre, crepita una vela a punto de apagarse.

– ¿Estas…ahí?- Juno suele llegar arrullada por las sombras, demasiado tímida para cualquier lugar bien iluminado. Apoya la cabeza en la pared del rellano, la balancea dándose pequeños golpecitos contra ella. No son los golpes lo que atraen a Oliver, sabía que ella bajaría, siempre lo hace. Se acerca hasta la puerta y sin abrirla apoya la oreja para escuchar- No funciona la tele- nunca se da cuenta de lo que le rodea, la tele funciona o no funciona, el mundo no necesita nada más.

– Tranquila- intenta calmarla- tenemos que estar tranquilos.

Oliver jamas le abre la puerta, atraviesan la pared con palabras de consuelo, con los gestos invisibles. Tiene demasiado miedo a que ella entre y ella calla por que le asusta que el quiera invitarla a vivir.- Tengo una vela- le dice- quieres que te lea la guía de la tele mientras se apaga la llama, puedo intentar poner las voces.- y ella asiente por que sabe, que aunque no la vea, el se la acabara leyendo, convirtiendo el teatro del contacto en algo real.

Juno cierra los ojos y respira hondo- te quiero

– ¿Qué?- pero ella ya ha atrapado su osadía en jaulas de silencio. Al rato el hace por olvidar y comienza a leer.

– programa de las mañanas, líder de audiencia, seguro que hay mucha gente viéndolo con nosotros, creo que la presentadora ha metido la pata hasta el fondo…- y los dos ríen con alguna desproposito.

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La vida del tullido

31 marzo 2014

Cada mañana, Senda, se arrastra hasta la silla y sentada se tapa los muñones de las piernas. Siempre coloca un par de bambas para dar la sensación de que allí donde acaba la manta comienzan sus pies, como si no fuera un escondrijo de sus vacíos y empezase a tener frío incluso en el infierno.

Su vida, por elección, era rutinaria. Nada complicado, tampoco aburrido como un trabajo, se limitaba a aparentar perfecciones. Mejoraba la farsa para que nadie sintiese lástima. Se obligaba a creer lo que debía, decía lo que consideraba que reforzaba el teatrillo. Su entorno, incluso el que no soportaba la representación, sintió pena, penita, pena por la vida de aquel tullido que no se quería. Todos intuían la verdad de aquella burda mentira, aunque jamas le evidenciaron la poca sutileza de la falacia. Acariciaban su pelo condescendientemente, sonriendo demasiado para que, sin realmente proponerselo, quebrasen las alas que le habían arrancado.

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El hombre de dos corazones

18 enero 2013
ilustración de Maria Jose Daffunchio.

ilustración de Maria Jose Daffunchio

Hay una historia, tal vez dos, que hablan de ella. El resto, los enlaces con otros seres vivos, se han ido borrando en el mar de la poca importancia. En su vida se había cruzado con demasiadas personas irrelevantes, casi tan insignificantes como ella misma, y nadie había guardado algún recuerdo de sus encuentros. Así, si alguien se  interesaba, tenía que leer la historia en su viva voz, escuchar todos los laberintos recorridos hasta llegar al momento de su no muerte. Pero, ¿quién sabía de ella? ¿Quien le preguntaría por su no existencia?

Solo él. Tal vez recordase un algo, una anécdota, un beso furtivo que aun no ha malgastado, o caricias que no se confundan con otras caricias. Si es así no lo demuestra; baila sobre el mundo como si nunca hubiese coincidido con aquella sombra. Tiene dos corazones pero que importa quién se lo regalo o si aquellos besos son de otro, le alegra en los días grises y eso es suficiente. El nombre de la que fuera su dueña tanto da si ya no le pertenece, si puede venderlo por otro cualquiera más joven y fresco.

A veces, ella, fingía ser un alguien que no habitaba en su interior. Se daba importancia para que la mirasen y escribía capítulos que podían ser vagamente recordados. Pero no era su historia, era una obra de teatro en la que aparentaba conservar un corazón latiendo la misma pesadumbre, marcando los mismos silencios y amarguras. Esos días era poca la realidad que se le escapaba de entre los labios. Dibujaba un corazón sobre cartón grueso y lo pintaba de fuego antes de colgarlo bien visible en la solapa, que todos pudiesen respirar su personaje y lo quisieran aún sin conocerla. Cuando terminaba la pantomima quemaba su disfraz sobre el viento, para que una de las dos pudiese paladear la libertad, luego se condenaba a media vida de no coger las llamadas, enviar el spam a la papelera y a escribir una y mil veces ” Jamás volveré a salir de mi mundo”. Cuando vuelven a olvidarla construye otro pequeño poema sobre el cómo hacer llevadero lo insoportable. – Estas loca- por eso se fue. Se marchó llevándose hasta el hueco de su dolor. Llegó tan lejos que, a tanta distancia, solo podía odiarle- No me busques.

Las noches de luna llena el hombre lobo era amable- Ven- y ella rechazaba sus, para los tiempos que corren, buenas intenciones.  Solo quería comer un poco pero ella era demasiado complicada. Tenía que esperar la dulce muerte y no tenía tiempo de llorar otros huesos. Siempre que la segadora llamaba a su puerta era buscando a alguien con un corazón prendido a la solapa.- Los fantasmas- solía explicarle- no me pertenecéis.- De nada servía que insistiera en ser la misma chica, la muerte se iba sola, sin encontrar a la difunta adecuada.

Alguna vez estuvo tentada de no borrar el disfraz, dejarse atrapar por el frío toque. Pero no soportaba la idea de que alguien reconociese el cadáver de quien no era o, más bien, que no supiese el hombre de dos corazones a quien pertenecía. Aun esperaba que entrasen sus dos latidos para poder fundirse, jamás regresaba. – Sabes- un día la muerte tuvo un ratito- Llevo siglos viniendo a por tus extraños compañeros de piso. Nacen y desaparecen por arte de magia. Nunca puedo matarlos y tu quieres que te coja a ti por ellos, eres muy rara. No creo que vuelva nunca más por aquí a perder el tiempo.- También se fue el hombre lobo enamorado de la libertad. No le Prohibió seguirle pero ella tenía la cabeza perdida y no se dio cuenta. Tampoco le prometió no regresar. Se llevo la mano al pecho agujereado y sintió el recuerdo de una palpitación que pugnaba por volver a llenarla. Cogió tijeras, cartón, pintura y un imperdible. Escondió su vacio tras la manualidad y miro a su alrededor, no había nadie. En la calle la gente parecía ignorarla- son ciegos- le dijo el viento.

– Entonces, tu- pero se marcho deprisa por que no quería cuentas con ella. Había visto demasiadas veces como se había dejado amar con un capricho y luego había desaparecido, todos los ciegos lo habían visto. Nadie se le acerco y aquella noche durmió sola. Lo intento un par de veces más antes de escribir su nombre con cuchillas por todo el cuerpo. Pero ella cumplió su palabra, no apareció.- Llamas a la muerte equivocada- le dijo la puerta cerrada- ella no vendrá. Ni ella ni al que deseas- luego perdió un poco más la cabeza y se sentó a no esperar nada.

Cuando volvió el hombre lobo solo fue una pequeña visita por los viejos tiempos.- sigh, niña mía, que hambre me vas a hacer pasar, que bonito corazón de papel se te pudre a los pies. ¿Me lo dejaras comer esta vez?- con una risita juguetona le dijo que no- Bueno,- se conformo el animal- tampoco sería suficiente para saciarme, es pequeño como el de verdad. Busque a tu amigo para ver si él me dejaba arrancárselo.- De repente ella comprendió el horror y escribió el pánico de lo que pensaba en su rostro- oh, no te preocupes. Fui a matarle pero ya estaba muerto cuando llegue, ha pasado demasiado tiempo para únicamente dos corazones. Yo quería liberarte de su carga pero tú ya eras libre, no te hacía falta.

De repente ella había contado todas sus arrugas, había sumado los años, la espera y, todo, pareció demasiado para este final.- ¿está muerto?- susurro. Pero eso ya no iba a cambiar nada.

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viviendo entre momentos

15 octubre 2012

Desayuno en el metro. Café para llevar y un cruasán de cuernos desaparecidos y masa precocida. Los viajeros habituales, la otra familia con las manías de siempre. Sin saludarnos pero sabiéndonos sentados, de pie, con un libro que no parece acabarse nunca, los escritores de realidad, pintores de bolígrafo mordido y soñadores que los han arrancado demasiado temprano del sueño para viajar adormecidos por la vida…. grupos de uno, desordenados que no saben que decirse.

Seis, cinco, siete… marco y salta : deje el mensaje después de oír la señal. – ya te has levantado? Todo bien? Te he dejado un beso sobre la mesita. Volveré esta noche cuando halla pasado media vida.- Y con la métrica calculada mi tren llega a su destino, sin que sea el mio pero me bajo por que lo contrario da mucho miedo.

-Buenos días- Saludo al portero, a la otra familia, la del trabajo. Los chicos de la oficina golpeando el teclado en notas demasiado largas, memorandos, historias, cuentos sin sentido que justifican sueldos desproporcionadamente bajos por morir un rato largo. De tanto en tanto un paseo al lavabo para sexo solitario, encuentros por pasillos, la hora del cigarro, de la conversación absurda y el bocata, la comida la cena en un reloj lento y doloroso. Fingimos amistad rellenando como se puede una vida que no tenemos, nada encaja a la perfección en los huecos pero vamos picoteando y al final el conjunto parece real, apetecible tal vez.- Sabes- me besa Ramon previo al suicidio- con suerte puedes imaginar que has tenido una existencia aceptable un minuto antes de morir.

La policía siempre hace demasiadas preguntas cuando llega tarde y, para cuando regreso con la verdadera familia, mi amor, mi amiga, mi luz se ha quedado dormida esperando en el sofá. Los niños en la cama de respiración profunda e infinita- Si me duermo- la nota de siempre- te sigo echando de menos.- Y yo a ti me susurro al oído como si me acariciaran sus labios antes de caer rendido. Hoy necesitaba respirarte.

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