El año que viene

28 junio 2022

Todo cambiara el año que viene, pensó Valentina, todo será mejor.

Por eso se calzó sus zapatos de viajera del tiempo, planchó con una pasada de la mano su arrugada camisa que continuo siendo un guiñapo lleno de lamparones y olor a humano sin paliativos.

-¡Buenos días!- le gritó al mundo, con una sonrisa tatuada en los labios. Ajenos, el resto de vagamundos, continuaba en el sueño plácido de la inercia.

Las calles, desiertas de primera hora de la mañana, se llenaban de los sonidos del silencio y la apatía.

-El año que viene – volvió a repetirse en voz alta, para olvidar que aquel uno de enero no había cambiado nada, para fingir que esta nueva tanda de trescientos sesenta y cinco días que se le venían encima no iban a destruirla un poquito más. Para nada importaba que, para el resto de mundo, el calendario dijese veintisiete de junio, en realidad las fechas eran lo de menos para seguir fingiendo que el año que viene todo sería mejor.

LaRataGris


Malas praxis

25 junio 2021

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Estabilidad de water

11 mayo 2017

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Portada Vota Charlie: Piezas

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Olor a paz

12 enero 2012

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Cátodos inodoros

5 noviembre 2008

Como un relámpago, siempre cae igual. Al menos, así ha sucedido esta vez, y no parece distinto a otras veces que lo vieron por televisión. Edificios caídos, gris por todas partes y olor a algo que nunca antes habían olido, por que los informativos nunca traían el olor.

Pocos que han sobrevivido, casi un milagro, o más bien no, deliberado, que nadie olvide lo que paso. Se necesita que alguien recuerde los vahos saliendo de la tierra, envolviéndolo todo, incluso a los fantasmas de carne quemada y ese olor nauseabundo, penetrante.

Nunca te puede pasar a tí, «Ayer pague el recibo de la luz, del agua, la comunidad, basura, circulación pero ese olor…»

De los vivos ya no todos andan, cojean o se arrastran: pero los que aún tienen movilidad saben donde ir, a cualquier sitio, lejos. Huir de allí encontrar algún lugar tranquilo donde olvidar. Pero alguien tiene que recordar.

Y entonces, si, hay un milagro, sobre la mesa de madera, una vieja marca que ya nunca funcionara, pero será suficiente, o tendrá que serlo. Si la encendieran en todos los canales verían imágenes del bombardeo: los vapores, hierro incrustado en cemento, cadáveres calcinados, mutilaciones, pero ya no estaría el olor de cuerpos putrefactos, sus cuerpos descompuestos que les insisten en que han sido ellos, que hoy el telediario explica su historia y que como todas las historias tiene un final. Y por un instante la ven encendida. Se imaginan terrores inimaginables y se marcha el olor, ese terrible olor, todo se olvida y nadie recuerda nada. Carta de ajuste.

LaRataGris.