Matemáticas políticas

24 marzo 2018

Matemáticas políticas

Mis cucarachas

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Regicidio Vs magnicidio

22 marzo 2018

Regicidio Vs magnicidio

¿Cucarachas votando?


¿Puedo ofenderle?

21 marzo 2018

¿Le puedo ofender?

 ¿vacas volando?


Utopía

19 marzo 2018

Un día, a la patria, le salieron patas cortas, como las que tienen las mentiras y, con su diminuto cerebro, pensó que era libre de hacer lo que quisiera.

Eran tan horribles las cosas que se le ocurrieron que no quedó ni el más retrogrado que pudiese defenderla.

La gente descolgó las banderas de sus balcones y, sin importarles si era delito o no, intentaron quemarlas para que no sufriese el corazón.

Los enemigos, que pertenecían a otro país, decidieron hacer lo propio antes de que su tierra hiciera idénticas salvajadas.

Juntos razonaban y desmontaban las tonterías de los poderosos. El mundo se convirtió en un lugar maravilloso en el que eliminar gobiernos y manías, eran felices viviendo en esa utopía.

Hubo muchos que intentaron adueñarse de la nueva situación, no se daban cuenta que contra ellos también estaban prevenidos.

LaRataGris

¿Y si las vacas volaran?
  Vota Charlie
   ¿Eres más de vacas o de cucarachas?  Portada Vota Charlie: Piezas


¿Dónde van las vacas?

16 marzo 2018

Mamá se subió de un salto a la mesa del Rapid Pollo. En una mano llevaba el panfleto que le acababa de dar un brigadista y en sus ojos, la determinación de siempre. Ya no me sorprendía. El resto de personas, incluido el chico que repartía las octavillas, la miraban boquiabiertos mientras ella empezaba a leer:

«Si pudieran hablar las vacas, si pudiesen decirnos hacia dónde se marchan cada dos de enero para no volver…

»Amanecen por generación espontánea, con sus pequeñas alitas aún mojadas por el viaje cuántico, revoloteando con pocas horas de existencia. En un par de días viajan kilómetros, buscando verdes pastos, mientras mugen sin parar.

»Son de diversos colores y duermen sobre los tejados reforzados de las ciudades. Hay quien, enamorado, quiere atraparlas para siempre. Las guardan en cajas diminutas, en las que los animales no pueden aletear felices.

»No se quejan lo suficiente y pasan su vida dormidas hasta que… ¿dónde irán? El dos despiertan nerviosas, como si un interruptor hubiese puesto en marcha algún mecanismo interno.

»Intentan escapar golpeando los barrotes y, si su captor no se apiada, ese mismo día mueren en jaulas de oro.

»Se han realizado diversas investigaciones, alguna seria, en las que se intenta seguir su vuelo final. Nunca somos lo suficientemente rápidos. Nos quedamos sin combustible o las perdemos de vista al girar detrás de una nube demasiado oscura y llena de tormentos.

»Son un misterio tal que, a veces, parecen no existir, como si solo formasen parte de otra realidad que no podemos llegar a comprender… »

No le dio tiempo a leerlo entero. Unos guardias la bajaron para volver a separarnos.

De habérselo permitido, el discurso hubiese sido inalterable al de otras ocasiones. Acababa gritando que todo aquello eran paparruchas, supersticiones para imbéciles.

No te dejes engañar, Brad, cariño.

En esta parte siempre rebajaba el tono, como si se acordarse de mí y quisiera ser una buena madre. Le duraba poco. De nuevo, se ponía a gritar que aquello era como cuando los alquimistas querían atrapar unicornios para hacer pociones de virilidad. Decía que teníamos que abrir los ojos y abrazar el método científico. Teníamos que pensar con lógica. Casi nunca llegábamos hasta ese punto: Por aquí yo ya solía estar en una casa de acogida, esperando a que un juez decidiese que la doctora Lem ya estaba lista para recuperar mi custodia.

Aquella vez, sin embargo, no fue así. Yo ya era mayor de edad y ya no había ningún hogar que quisiera salvarme la vida. El estado me informó que tenía que valerme por mí mismo y me alistó en las Brigadas Cazadoras.

¡Estamos a punto de hacer historia!

El padre de Isaac fue brigadista, también su madre y sus abuelos. Su estirpe se remontaba a siglos y siglos de optimismo respecto al secreto de las vacas.

¿Qué te hace pensar que triunfaremos allí donde tantos otros fracasaron? —pregunté sin mirarle.

Su fe le proporcionaba un calor inexistente en mi, yo necesitaba que el fuego prendiese lo antes posible. Intentaba avivarlo mientras cuestionaba su alegría como me había enseñado mi madre.

Vamos, camarada Brad, de momento nosotros estamos aquí, tocando el techo del mundo un día antes de que todas esas vacas nos sobrevuelen. Este es el punto más alejado en el que el año pasado se les perdió de vista y nuestras máquinas, impulsadas por la fe, son capaces de rastrear una pulga perdida en un desierto ¿Qué puede fallar?

Pues, por ejemplo, podría fallar que el campamento no estuviese levantado para cuando llegue esa tormenta de nieve que parece estar formándose en aquellas nubes.

Por suerte, el uno de enero a las doce del mediodía, entendió la indirecta y logramos establecer un perímetro seguro. Colocamos la última piedra protectora justo antes de que fuera se desatase el infierno blanco.

De nada nos servía escudriñar el cielo en busca de algún signo extraño. La nevada lo escondía todo y aún faltaba un día para el éxodo de los rumiantes. Cansados, decidimos dormir hasta el amanecer.

Amaneció demasiado limpio y tranquilo. El cielo solo era nada sobre nuestras cabezas. Si iban a llegar las vacas, no parecía que fuese a suceder en ese instante. Era como si las hubiésemos soñado, como si nos las hubiésemos inventado para poder seguir durmiendo.

De repente Isaac señaló el horizonte, únicamente un punto en el firmamento que fue creciendo hasta que el rebaño cubrió todo lo que alcanzaba la vista. El ruido de sus mugidos parecía formar también una muralla sólida.

¿Cómo llamaría a esto la científica de tu madre?

¿Mi madre? —Había tanto desprecio en su pregunta que por el tono ya sabía que no le gustaría la respuesta—. Mi madre abandonaría todas sus estúpidas creencias por está realidad.

¿Cómo podía decirle la verdad? Como podía decirle que gastábamos demasiado dinero en una quimera. Todo era excesivamente arbitrario en aquella investigación. Ella ya había diseñado un protocolo mucho más específico. Nada de campamentos cada quinientos metros, gestionados por Boy Scouts que dilapidaban la inversión antes de llegar a una conclusión original.

Estoy seguro de que ella abrazaría la causa sin dudarlo.

Pero ya no le importaban mis palabras.

¡Enciende el rastreador! —Él corría de un lado a otro, colocándose el arnés, procurando que cada máquina emitiese el sonidito adecuado—. Deséame suerte.

Acto seguido aseguró una cuerda a la argolla que sobresalía en el plexo de su pecho y con el otro extremo lazó a una de las reses.

Inmediatamente fijé su posición en la pantalla mientras el animal arrastraba su cuerpo por los aires. Podía imaginar la misma situación en el resto de campamentos, con todo el instrumental pitando mientras se alejaban los valientes voluntarios.

Durante dos horas tracé el recorrido como me habían enseñado en el entrenamiento, mientras en el cielo no dejaban de aparecer más y más rumiantes que habían apagado la luz del sol. Cada vez, mi refugio me parecía más pequeño e inseguro. Hasta que, igual que empezó, mi pulga debió llegar al final de su desierto. Perdí su señal y el rebaño comenzó a menguar.

Como si borrasen sus huellas, la última vaca devolvió la tormenta del día anterior multiplicada por mil infiernos helados. De nada sirvieron nuestras defensas, que me dejaron desnudo en aquella soledad, destruyendo el trabajo que al año siguiente nos debería haber llevado más lejos.

Hasta donde alcanzan mis ojos se abre una profunda nada. El viento ha borrado las huellas de nuestros pasos, el pretendido mapa que habíamos dejado para que otros pudiesen seguir nuestro mismo camino. Llevo cinco días muerto, sin poder caminar y aún así, no se como, camino. El cielo se ha roto en una tempestad de nieve y frío que me hace imposible saber si subo o bajo. Mucho me temo que esta repentina tormenta ha sellado el cañón que fue nuestra puerta de acceso.

¿Dónde están las vacas?

¿Acaso importa?

Tropiezo, pero la nieve y la convicción de ya no existir, atenúan la caída.

Algo cálido y húmedo me devuelve a la vida. El día brilla como si estuviese dentro de un fuego fatuo.

Veo que descienden, como dioses a los que no les importa el devenir de los mortales. Docenas ya me rodean con sus patas hundidas en la nieve, placidas. Las que van llegando se posan suavemente, fundiendo el manto helado con sus ardientes pezuñas. Mi mundo se derrite haciendo que todo parezca una ensoñación tras el velo de vapor.

Mi madre también está allí, arrancándole las alas a las que ya han tocado el suelo.

¿Mamá?

Shhh… —Un dedo en sus labios me manda callar—. Coge fuerzas, mi niño, mientras la realidad persista no puedes dejarte llevar por los espejismos

Veintidós de febrero

LaRataGris

Esta locura ha sido el Reto número 11 de Insectos comunes: ¿Y si las vacas volaran?

En total han sido cinco relatos los que les puedes seguir la pista desde su página oficial (clica arriba).

Pero además, si quieres obtener la revista digital, que los une todos, la puedes encontrar en Payhip, no te la pierdas.

Los patos por Toni C.

El zumbido de las vacas voladoras Por Benajamín Recacha

Una declaración en Banculte por Manu LF

El vaquero Por Cerdo Venusiano


ACABemos con la ley mordaza

14 marzo 2018

ACABemos con la ley mordazaMis cosillas por aquí: Comic Square o en Payhip


Muertos normales

12 marzo 2018

Compartían una extraña rareza biológica. Técnicamente los dos habían muerto, cada uno a su manera. No les unía la enfermedad, la fecha de defunción o ubicación; pero eran los dos únicos casos en el mundo, certificados, de vida tras la muerte.

La ciencia tenia mucho interés en juntar a los difuntos, hacer que procrearan, estudiar cada uno de sus estertores antes de ir a dormir.

Un empresario había, incluso, registrado un eslogan para presentarlos en el mundo del espectáculo: La fabulosa incongruencia duplicada .

Cada cuñado con su teoría del ¿por qué?, el ¿cómo? o ¿cómo se la podían meter a ella, mientras reían de forma bravucona?. Hubiese sido tan sencillo mirar a los ojos de la verdad como doloroso: Habíamos muerto todos, solo que, Spencer y Maria eran los únicos conscientes de la anomalía, no escondían su pena y eso les hacia especiales, singulares.

LaRataGris

y cucarachas muertas en: Comic Square o en Payhip